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miércoles, 21 de mayo de 2008

Mejor ODT que DOC

Me entero por medio de Genbeta de que el Office 2007 SP añade soporte del formato ODF, y que este estará integrado por defecto en la proxima edición de la suite ofimática. Pues mira, una alegría que nos da Microsoft. Sí, porque esto significa que, poco a poco, podré hacer llegar cuando sea necesario un documento en ODT (formato de texto de estándar ODF) a cualquier persona, sin preocuparme de tener que convertirlo a DOC (DOCX, ni tocarlo) porque seguramente usará la suite de Microsoft. Como he dicho, será poco a poco, porque nadie migrará de golpe a la nueva versión de Office (excepto los que usen la pirata). Eso es una buena noticia. Desde ahí, creo que va a ser cuestión de difundir los beneficios del ODT para que la gente se vaya olvidado del DOC. Ballmer y los suyos nunca van a poner el ODT como formato por defecto para el Office, no después de todo lo que han invertido en el DOCX (en su estandarización, que seguro que supera al gasto en desarrollo). Yo, hace años que me pasé a OpenOffice.org, aunque reconozco que hace menos que uso el formato ODT (lo reconozco, me daba miedo). Sin embargo, ahora sólo escribo en ese formato. ¿Para que el DOC si el ODT hace lo mismo y encima te genera documentos más pequeños (y que puedes abrir en cualquier sitio con un truquito muy sencillo)? No me puedo meter en aspectos muy técnicos, porque la verdad es que lo desconozco, pero el ODT permite hacer lo mismo que el DOC: imágenes, tablas, los formatos básicos y todas las mismas cosas que la mayoría de la gente hace a diario con el Word. Pero te genera un archivo mucho más pequeño y, además, el Writer no necesita de ningún programa externo para exportar a PDF (una de sus maravillas, implantadas desde hace años). Volviendo al principio: que es una alegría que nos da Microsoft a los usuarios de OpenOffice.org. Parece que poco a poco van despertando.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Richard Stallman en Quito, Universidad Central

La conferencia de Richard Stallman fue... larga y jugosa. Sin embargo, me quedé con la sensación que muchos de los asistentes nóveles se perdieron un poco. Esto, quiero recalcar que es sólo una sensación, una vaga impresión. Creo que la mayoría de los asistentes ya conocían el tema con una cierta profundidad, de manera que, en parte, la conferencia fue una prédica a conversos. Pero que no vino nada mal para reforzar argumentos y para considerar algunas cosas, especialmente aquellos que aún manejamos débilmente sistemas libres.

Lo que más me ha impresionado de Stallman es lo mismo que me impresionó cuando vi por primera vez una entrevista suya: su dominio del español. El acento no hay quien se lo quite, pero tiene un vocabulario muy amplio, especialmente dentro de su especialidad. Es de apreciar el hecho de que no intercalase en casi ningún momento palabras en inglés, cosa habitual en los angloparlantes cuando no hayan con facilidad una palabra concreta. Claro que incluyó alguna que otra, pero fueron excepciones. A la hora de dar la conferencia, no necesitaba de la ayuda de ningún traductor, aunque en algún momento se atascó y pidió un poco de ayuda. Sin embargo, su dominio de la sintaxis es notable, cosa que incluso alguno de mis alumnos me comentó. Todo esto es de agradecer.

Y es que, como se podrá observar en la grabación que subiré próximamente, Richard Stallman es muy consciente del poder de las palabras. Las elige cuidadosamente, y en algunos momentos parece que se sintiera frustrado por no dominar con suficiente fluidez el idioma. Esa preocupación no es vano, porque su exposición es más, mucho más, filosófica que técnica. Los tecnicismos aparecen cuando es estrictamente necesario, y lo hacen de manera que no produzcan confusión en aquellos que no son programadores o que no tienen una fuerte vinculación con la informática.

Su posición política es fráncamente anti-Bush y anti-imperialista. No en vano defiende la libertad. Aunque su tono al hablar no de esa impresión, pues más bien tiende a parecer calmado, sus posiciones son bastante radicales. Sin embargo, sustenta todas sus opiniones con argumentos, lo que le aleja de aparecer como un “fundamentalista”, al estilo de los de las religiones.

No faltaron los momentos de humor en la conferencia, especialmente en la parte final: Richard se pone una “aureola” y una túnica y se presenta como un santo: San Emacs, creí entenderle (confirmaré esto más adelante, otro día). “Yo bendigo tu computadora”, empezó a decir, y calificó de pecadores a los que usan software privativo. Tal y como yo lo entendí, aquella parodia era acerca de la “divinización” que algunas comunidades llegan a adjudicar a ciertos iconos de los diferentes movimientos de software, Stallman incluido. Y con ello, su mensaje era claro: no hay que “divinizar” a nadie, ni aceptar sin cuestionamiento cualquiera de sus declaraciones ni opiniones. El software libre no trata sobre software: trata sobre libertad. En cuanto empiezas a seguir ciegamente a gurús y caudillos, tu libertad queda automáticamente mermada.

Sin exagerar, creo que si no hubiese existido el software libre, Microsoft dominaría el mundo (aún más de lo que ya lo domina: pero ahora al menos tiene oposición). Y que no me digan sobre Apple, que es más de lo mismo (de su pequeña parcela, nadie se escapa).

En fin, que la impresión que me queda de Richard Stallman es la de una persona muy crítica, tanto consigo mismo como con su entorno y el mundo que le rodea, y muy coherente con su discurso. No comparto muchas de sus posiciones radicales, pero sobre todo las comprendo y no se le puede negar la razón en ellas. Podréis juzgar por vosotros mismos cuando suba la grabación de la pequeña rueda de prensa, en la que se explayó sobre muchos temas.

Stallman, con sus radicalismos, me parece una figura necesaria en el mundo del software. Su sano radicalismo argumentado, frente a las posiciones de sus antagonistas, genera la tensión necesaria para que surja un debate fructífero en el que terminamos ganando todos.

Para terminar, algo que podréis escuchar pero no puedo dejar de repetir: no somos consumidores, somos ciudadanos. Me encantó.

sábado, 17 de noviembre de 2007

¿Qué le quieres preguntar a Richard Stallman?

A partir de la próxima semana, el “padre” del software libre andará por estas tierras por obra de ASLE (Asociación de Software libre de Ecuador). Voy a intentar entrevistarlo para mi podcast, ya estoy en ello. Ojalá pueda conseguirlo. Por ahora, lo seguro es que voy con mis alumnos a la conferencia que dará el día 23 en la Universidad Central, aquí en Quito.

Con el objetivo de esta deseada entrevista (y anticipándome un poco al resultado de las gestiones que estoy haciendo), quisiera pediros vuestra ayuda: dejad en los comentarios preguntas que os gustaría hacerle a Richard Stallman y yo se las haré en vuestro nombre en el caso de que se concrete esa posibilidad.

Animaos y proponed cuestiones que os gustaría plantearle a personaje tan importante como polémico en el mundo del software libre.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Usando Ubuntu


Instalé en mi portátil Ubuntu 7.10 y estoy más contento que un recién divorciado saliendo de copas. Claro, tiene sus peros, no lo voy a negar, pero va como la seda. Mi Windows anda de un tiempo a esta parte tocando las narices, aunque yo le he predispuesto para ello debido a tanto programa que le he instalado. Sí, ya sé, debería de desinstalarle unas cuantas cosas, pero me da una pereza tremenda, sobre todo a sabiendas de que, en algún momento, necesitaré de esos programas para alguna cosa.

El hecho es que Ubuntu va mucho más rápido. Se demora un poco más en abrirse, pero se cierra con más rapidez. Los programas se abren también más rápido, o por lo menos así lo hace el OpenOffice, alfa y omega de todas mis actividades en la computadora. Además, Ubuntu me está inspirando a dirigirme hacia un minimalismo informático que terminará seguramente con tanta tontería que tengo instalada en Windows.

El problema con Ubuntu son los programas. Que no tengo, vamos. Y sin una conexión a Internet, no puedo recurrir a esa maravilla del apt-get: un instalador de programas a distancia. Por el momento, he conseguido bajarme el Inkscape, y apenas termine con esta entrada, voy a comenzar a probarlo a profundidad. Y la conexión a Internet también me priva de los codecs para oír y escuchar audio y vídeo, que lo tengo todo en MP3 y otros formatos similares. Por el momento, al respecto lo que he hecho ha sido convertir algo de música a OGG, para "esos momentos".

Por ahora, ando a caballo entre Windows y Ubuntu, usando este último para escribir. Me gusta su interfaz, me siento muy cómodo en ella (aunque no sé hasta que punto es tan sólo por la novedad).

Para aquellos que tengáis el gusanillo de probar Linux y no os atreváis por miedo a perder información, a no poder acceder a ella o simplemente por desconocimiento, deciros que vale la pena probarlo. No se pierde nada, y lo digo textualmente. El proceso de instalación es prácticamente automático: todo se reparticiona solito y luego puedes acceder a tus discos con información de Windows sin ningún problema (cosa que no puede hacerse al revés). Este último Ubuntu incorpora la posibilidad de leer y escribir particiones NTFS, por lo que puedes utilizar tu información en los dos sistemas. Pero si decides probarlo, comprueba antes de descargártelo los requisitos de memoria, procesador, tarjeta de vídeo y otros detalles, no sea que luego vengas por aquí insultándome por mis afirmaciones. La portátil en la que lo he puesto tiene un procesador AMD de 1.6 GHZ con 512 KB de caché, memoria RAM de 512 MB y tarjeta de vídeo de 128 MB. Lo digo por si sirve de algo.

jueves, 4 de octubre de 2007

Writer's tools, un pequeño fallo en español

Writer's tools es una pequeña herramienta para OpenOffice.org que he visto reseñada en Genbeta. No quiero repetir aquí el post original, así que leelo en el mismo sitio. Es muy recomendable. Una vez lo leas y, si te interesa instalarlo, vuelve aquí porque voy a comentar un pequeño fallo (que ya comenté también en Genbeta).

Si intentas utilizar algunas de las herramientas incluidas como Lookup, Google translate o Show on the map y tienes un Windows en español, lo que tienes que hacer es sustituir la línea de código de la macro que indica donde está el navegador. Ya se avisa con anterioridad que el navegador por defecto es Firefox, pero es que, aunque le tengas instalado, tampoco vas a poder usar esas herramientas. La razón es que esa línea de código en concreto busca el navegador en la carpeta "Program files". Pero si tenemos Windows en español, debería buscarla en "Archivos de programa".

Lo que hay que hacer es lo siguiente:

- Vete a aquí y sigue las instrucciones de como cambiar el navegador por defecto (cuento con que tienes Firefox)

- Cuando hayas localizado la línea de código que dice:

Global Const DefaultWindowsBrowser="C:\Program Files\Mozilla Firefox\firefox.exe"

Cambia tan solo el "Program files" por "Archivos de programa" y problema resuelto.

Technorati : , , ,

jueves, 18 de enero de 2007

Software libre: valor y precio

Antes del post anterior, había escrito otro acerca de mi taller de periodismo, de la nueva experiencia en la que nos hemos embarcado. Lo había hecho a raíz de la lectura de este artículo.

Pues bien, ya estaba notando rara a la computadora mientras lo escribía, y finalmente opté por reiniciarla. Cuando voy a abrir de nuevo ese post... Sí, resulta que no se había guardado nada.

Yo escribo siempre el día anterior al que publico los post. No tengo Internet en mi casa. Siempre escribo en OpenOffice.org Writer y hoy me ha fallado. Pero lo que me llama la atención de todo esto no es el fallo en sí, sino mi reacción ante él: ninguna. Borrar el archivo dañado (de poco más de 1 KB) y a escribir otra cosa, pues me ha quedado el gusanillo de tener escritos dos artículos y no solamente uno.

Es la primera vez que me pasa esto con el Writer, después de usarlo con normalidad durante nueve meses. Desconozco cual fue la razón, pero tampoco es que me importe mucho (a menos que empiece a repetirse). Ahora, ¿hubiese pasado con Word? En su tiempo, ya me pasó. El Word de ahora no es del 97, pero estoy seguro de que podría repetirse, como podría también suceder en cualquier procesador de textos.

La razón por la que uso Writer (extrañando mucho no tener un diccionario de sinónimos en español) es porque creo en el software libre. Sin embargo, no todo es libre en mi computadora. Una ligera desconfianza y un profundo desconocimiento técnico me lleva a no atreverme a pasar a Linux, a pesar de lo bien que me cae Tux. He instalado y desinstalado Linux en mi máquina varias veces (casi todas ellas con Fedora), y siempre había algo de mi interés que no podía hacer, lo que me terminaba desanimando. No digo que Linux no pueda hacer hoy en día todo lo que se puede hacer con Windows, pero resulta más complicado y tiene una curva de aprendizaje un pelín cuesta arriba para el momento actual en que vivo. Pero hago lo que puedo. Tengo una simpática distribución en cd-live que ejecuto de vez en cuando y que voy a utilizar para dar clases a mis alumnos. Aún así, trato de usar siempre que es posible software libre, aunque sea bajo Windows. Se podría decir que soy creyente no practicante.

Pero volviendo a lo del error, creo que mucha gente juzga a priori el software libre. Sencillamente, no encaja en su manera de ver las cosas, en como se han acostumbrado a que funcionen. Por ello, asumen que si algo es gratuito (o mejor dicho, se puede conseguir de forma gratuita, aunque esa no sea la única manera) ya de por sí ha de tener algún defecto. Estoy seguro de que si esto hubiese ocurrido en mis clases, automáticamente mis alumnos lo hubiesen achacado a la cualidad de software libre del programa. Y no por maldad, sino por desconocimiento. Ni siquiera se hubiesen planteado que se tratase de un fallo ocasional que puede ocurrir en cualquier software privativo. Y ellos, mis alumnos, son reflejo de sus padres y de su entorno.

Nunca antes habían estado más confundidos los términos “valor” y “precio”. Tanto que ni ellos mismos se entienden. El DRAE, prontuario que se supone recoge los acuerdos a los que hemos llegado como comunidad hablante del mismo idioma acerca del significado de las palabras, dice en la primera acepción de valor: “Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”. En cuanto a precio dice : “Valor pecuniario en que se estima una cosa”. La diferencia, como se ve, es sutil, pero existe. Seguro que en nuestras casas tenemos muchos objetos que poseen un gran valor para nosotros, pero que objetivamente no le podemos adjudicar un precio mayor que aquel que poseía en un principio.

El problema viene cuando “precio” no sólo se convierte en sinónimo de “valor”, sino también de “calidad”. Algo es intrínsicamente bueno solamente porque su precio es alto. En muchas ocasiones esto se cumple, pero en otras es cuando nos dan gato por liebre. Es entonces cuando se asume que el software libre, como no tiene el precio de la liebre a pesar de ser una, es gato.

Me encanta ver las caras de mis alumnos cuando, ante un error del OpenOffice.org, se encuentran por primera vez con un sistema de recuperación de documentos muy parecido al del Word. Es como si no se lo creyeran. Y quiero pensar de que, en esos momentos, después de todo el rollo que he soltado en las clases acerca del software libre, de su importancia desde un punto de vista moral, de su calidad como producto, de su interesante sistema de cooperación, ellos empiezan a diferenciar un poco entre “valor” y “precio”.

Creo que un día dejaré de ser solamente creyente y también seré practicante en toda su plenitud en lo referente al software libre. De momento, procuro utilizarlo siempre que puedo bajo Windows e intento que siempre sea libre el sistema operativo que corre en mi cabeza.

Writer: a pesar de la zancadilla, sigo confiando en ti.

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