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Mostrando entradas con la etiqueta Derechos de autor. Mostrar todas las entradas
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jueves, 12 de febrero de 2009

¿Un “robot” no puede leer en voz alta?

My point of view: When you buy a book, you're also buying the right to read it aloud, have it read to you by anyone, read it to your children on long car trips, record yourself reading it and send that to your girlfriend etc. This is the same kind of thing, only without the ability to do the voices properly, and no-one's going to confuse it with an audiobook. And that any authors' societies or publishers who are thinking of spending money on fighting a fundamentally pointless legal case would be much better off taking that money and advertising and promoting what audio books are and what's good about them with it.

Neil Gaiman, acerca del asunto ese sobre la legalidad de la conversión texto-audio que incorpora el Kindle 2. Al respecto de este “problema” (para algunos), lo único que pienso es que algunos o son cada vez más avariciosos, o son directamente imbéciles.

Si éste es, como dicen algunos, el año del libro electrónico (que yo no lo veo tan claro), preparaos a oír una alta cantidad de brutalidades por parte del sector editorial.

La que nos espera, madre mía…

martes, 20 de enero de 2009

El porcentaje y los comunistas

Aquí, quienes han estado ganando más dinero son los Carrefour, El Corte Inglés, la Fnac, porque sólo ponían el espacio. Se desarrolla el ataque virulento contra el precio de las cosas, y todo el mundo ataca a las compañías, y nadie cuestiona el 40 por ciento de margen de venta de El Corte Inglés, por poner un ejemplo. Pero afortunadamente ya no hace falta El Corte Inglés. La red llega incluso a donde no llega El Corte Inglés, que como todo el mundo sabe es omnipresente, omnipotente y el negocio perfecto. Pues la red es mejor todavía que El Corte Inglés.

 

Teddy Bautista, vía Mangas Verdes. Tiene razón. Pero Erizo ha puesto su disco a €20, un pelín caro (aunque le honra lo de descargar el disco gratis, donando el SMS a… ¿Al Gore? ¿A qué? Pero parece honrado). ¿Ese precio también lo van a poner las discográficas? Entonces, con razón estarían contentas con la ausencia del 40% de El Corte Inglés (por cierto, cuando vivía en Madrid, ahí era el último lugar donde compraba discos: muy caros).

 

Pero lo mejor es lo de los comunistas.

 

Todo este discurso de la cultura libre, si es tan progresista como parece, la izquierda tendría que reivindicar la vivienda libre, la comida gratuita, la educación, la asistencia sanitaria, la ropa... cuando todo eso sea gratis, a lo mejor los artistas tampoco quieren cobrar por su trabajo, pero eso se llama co-mu-nis-mo. Mientras la leyes fundamentales no cambien, eso seguirá así.

 

¿Todo gratis=comunismo? Bueno, creo que es normal, pensando que de quien viene piensa que disco descargado=disco no vendido…

 

Y por cierto, no se le ocurre otra manera de atacar a la cultura libre que poniéndola de comunista… O sea, que Obama es comunista (los contenidos de la web de la Casa Blanca están bajo CC). Quiero ver como el sr. Bautista le dice eso a Obama en la cara, con lo que les gusta a los yanquis que les llamen comunista.

 

Por cierto, que por este señor, no se regala nada ni como estrategia de mercado, ¿no? Pues le va a ir bien…

domingo, 18 de enero de 2009

No se cansan…

… de ponerse en evidencia. En lo de David Bravo, sobre el concurso de comentarios de “Si eres legal, eres legal”:

 

Es decir, al cuerpo de personas que dicen haber asumido la labor de educación pública sobre nuevas tecnologías y propiedad intelectual les resultó creíble -e incluso digno de premio- un testimonio sobre un virus en un procesador que te roba tus fotos. Han premiado (supongo que ahora por poco tiempo) a un tipo que sólo quería evidenciar cuánta tontería e ignorancia se esconde detrás de estas campañas... Y que lo ha conseguido.

 

Las negritas son mías. Si esta noticia no aparece en los medios convencionales de prensa(por lo menos), los periodistas tendrán la respuesta a porque están sufriendo esa crisis de credibilidad que acompaña a la económica (si es que no la produce o se suma a ella).

 

Como diría Nelson: “Ha-haaa”.

En todas partes…

… cuecen habas. Y sin duda, han de ser todas del mismo huerto, oye.

Modelo de negocio obsoleto

Por medio del cabreo de Rafa Osuna, llego a unas <ironic>divertidas</ironic> declaraciones de Teddy Bautista. Mandan narices:

 

"Yo creo que es muy difícil que aumente más -señala el músico-, porque son como 500 millones de canciones en España; esto no va a crecer más, son 50 millones de discos menos"

 

Continúa la falacia: disco descargado=disco no vendido. Y eso a pesar de el hecho de que aumenten las ventas por Internet en USA de canciones sueltas en lugar de discos completos es un indicio que nos puede llevar a pensar (aunque el dato sea de allende los mares, en algunas cosas los internautas coincidimos) que nadie se descarga ya un disco completo del artista que tanto gastan en promocionar, sino precisamente la canción que han repetido por la radio hasta lograr que te guste (o que te apetezca oírla de vez en cuando). Ah, ¿que el truco está en hacer dos o tres ingles y llenar el resto con basura? Ah, ¿y que eso ya no funciona? ¿Por qué será?

 

A mí, el dato que me gustaría saber es el de cuantos de esos discos descargados han terminado siendo borrados de los discos duros porque simplemente no valían la pena más allá de una canción. ¿Eso equivaldría a una devolución donde lo compraste?

 

Pero la diversión continúa…

 

Pero, en aquel momento [año 2000] "el único que estaba con dos discos por habitante y año era España", y fue "cuando empezó a consolidarse (el mercado musical) cuando apareció la piratería física", afirma.

 

¿Que entonces apareció la piratería física? ¿Y los que vendían cintas de cassette en el metro cuando yo vivía en Madrid (hasta el 96)? ¿Esos que eran, distribuidores minoristas?

 

"En el terreno audiovisual -según el músico- no es tan grave, pero va camino de serlo, porque cada vez la banda (de Internet) es más ancha y es más fácil bajarse películas".

 

Lo que viene a decir: “Tíos, no me dejéis sólo con la cantinela de que los clientes son unos ladrones, que ya mismo os quedáis vosotros sin la casa en la playa”.

 

Hoy en día, la cuestión es "bajarse por bajarse", según Bautista, y entonces "hemos perdido enteros en la calidad del producto" y además "el oído -añade- se va atrofiando y se pierde sensibilidad porque se va acostumbrando a unos ficheros de audio muy comprimidos".

 

Esto es una demostración de coherencia… y de algo más que no sé definir. Si la cosa es “bajarse por bajarse”, no creo entonces que se pueda afirmar con tanta ligereza lo de que disco descargado=disco no vendido. ¿O acaso el señor Bautista dice que la gente antes iba y se compraba un disco simplemente por comprárselo?  Ah, ahí está la demostración. No se trata de hacer música de calidad, sino de convencer a la gente de que compre por comprar. Consumismo puro y duro, esa es la fórmula musical.

 

Lo de que el oído se va atrofiando y se pierde sensibilidad es para dar de comer aparte. Como diría er Maki: po’ fale, po’ bueno, po’ ma’ legro. Es increíble: descargar música daña el oído y el criterio para distinguir la calidad de sonido. En cuanto a la compresión… ¿Como se descarga este señor las canciones? ¿En formato dial-up special?

 

"Tal vez -apunta-, la industria musical no ha librado la batalla de la calidad, ahora están intentando librarla" y habría que hacer una campaña "incitando o estimulando a la gente a que distinga la calidad del producto".

"En concreto de la música de las películas no hay claramente un concepto de calidad instalado en el ideario colectivo", debido a que el "ser humano va adaptándose: cuando la calidad de ese producto baja, él la toma como estándar y termina por no tener criterio de exigencia, de excelencia", explica.

 

En lo de la música de las películas me he perdido, de verdad. ¿Qué pinta eso? ¿Es una errata? ¿No hay un concepto de calidad en cuanto a si una BSO o score es buena o mala? Pues a mí me gustan mucho (y me consta que a otros también) y creo que la gente sí sabe si son buenas o malas.

 

En cuanto a lo de la batalla de la calidad que la industria musical no ha librado… Mira, es lo único en lo que le doy la razón, el único punto positivo que se puede rescatar de la entrevista. ¿Que se debería hacer una campaña? No creo: la gente termina sabiendo muy bien distinguir la bazofia de la excelencia. Pero eso cuando se lo permiten.

 

Claro, que a lo mejor lo que quiere es que se haga una campaña para sentar la referencia de calidad… de acuerdo a sus intereses.

 

Y para terminar…

 

Y también "un modelo de respeto a la cultura, que no se confunda el acceso a la cultura con la cultura gratis", debido a que "no vivimos en un mundo de cosas gratis y todo absolutamente todo cuesta", afirma.

 

Me carga cuando les da por apropiarse del término cultura. Y sobre todo cuando arremeten contra la cultura gratis. Cultura es también que no tengas que pagar la entrada a una exposición o a una conferencia. Una cosa será cultura (y mira que eso es difícil de definir), con precio o sin él. No trate de convencer que valor es igual a precio, no sea necio (Machado, te adoro).

 

Yo no sé por qué este hombre se empeña en identificarse con la industria y defenderla, en lugar de defender verdaderamente a los artistas. Los artistas no son las discográficas, pero hay que ver el empeño que pone en tratar de convencer de que es así.

 

Bueno, eso de no saber por qué es sólo una manera de hablar, si me entendéis…

viernes, 19 de diciembre de 2008

Tortugas y liebres

Para mejorar sus productos son tortugas; para fingirse víctimas, corren al Juzgado como liebres.

 

Hernán Casciari, acerca de las cadenas españolas de televisión.

 

¿De cuántos más sabes a los que se les podría aplicar esa frase?

lunes, 8 de diciembre de 2008

Todo está relacionado

Muy interesante lo que se plantea en este artículo de Público y al que llego por medio de Cosas Sencillas. Básicamente, de lo que habla es de la perdurabilidad de la información que ahora mismo hay disponible (propia o ajena) debido a los formatos. Dicho fácil y rápido: ¿se puede asegurar que en el futuro se podrá acceder a los datos contenidos en un soporte dependiendo de su formato? ¿Que pasa si, por decir algo, va Microsoft y cierra? ¿Y todos los DOC? ¿Qué pasa con ellos?

 

Aunque me parece que la afirmación que se hace en el artículo es un poco tremendista (dudo mucho de que dentro de un siglo no se pueda abrir un JPG, que no es lo mismo que no se usa habitualmente, que eso me lo creo más), mirándolo de otra manera no deja de tener su razón. Por ese afán compulsivo de guardar información, conservo unos cuantos archivos en formato WPS, de la época en que usaba MS Works. A pesar de que estoy seguro de que si me pusiera a ello, encontraría algún programa o servicio que me lo convirtiese, programas modernos y muy usados no consiguen abrirlo (¿puede hacerlo el MS Word? Yo es que uso el OOo Writer). Y estoy seguro de que más de uno puede decir lo mismo respecto a otros formatos y otros programas.

 

No hay que irse muy lejos. Basta con que uses un programa minoritario pero extremadamente útil para ti y que ese programa deje de desarrollarse. ¿Qué pasa con tus datos? ¿Que ocurrirá con, por ejemplo, los archivos de una Palm dentro de, digamos, una década? ¿De verdad habrá algún programa que los abra?

 

Fíjate, eso de la compatibilidad hacia atrás resulta que es una cosa que se debería tomar más en cuenta de lo que piensan algunos de los muchos inmediatistas que pululan por la red. Si bien, como digo, el artículo tiene un mucho de sensacionalista (a lo geek), me ha gustado lo que dice el profesor citado en el texto:

 

Por eso, este profesor apuesta por el software libre y los formatos abiertos como medio de asegurarse la recuperación de la información en el futuro. "Nuestra capacidad para interpretar la información digital se agranda si contamos con las documentación técnica y las especificaciones de cómo fueron escritos originalmente los datos", explica McDonough.

 

Me recuerda a ese disco de oro con información que lanzaron al espacio y que en sus cubiertas explicaban en gráficos como construir un aparato que pudiera acceder a la información (bueno, no es exactamente así, pero nos entendemos). Lo mismo ocurre con la información técnica importante para la humanidad: patentes  y derechos de autor ayudan a concentrar en pocas manos un conocimiento que, de pronto, puede resultar de vital importancia para un grupo humano considerablemente grande. Las mismas justificaciones que se utilizan para no divulgar el proceso de creación del formato que te permite guardar tus documentos, se usan para impedir que mucha gente en muchos sitios pueda acceder a medicinas que podrían salvar su vida o, al menos, mejorar la calidad de lo que les queda. El software libre y los formatos abiertos deberían ser un modelo a seguir en esta época. En cuanto a la manera de rentabilizar dicho modelo, pues habría que pensar como hacerlo ¿no? Total, si el modelo económico actual fue creado por humanos, los mismos humanos podrían buscar otro mecanismo en el que todos ganásemos, no en el que muchos perdieran para que unos pocos ganasen.

 

De la cultura a la salud. Todo está relacionado.

martes, 2 de diciembre de 2008

A ver si nos aclaramos…

Anda, que entre el Ministerio de Cultura español y el periódico El País buena la están liando. Las cosas no son tan sencillas como para reducirlas a un enfrentamiento reducido al “y tú más”. No es sorprendente que en la campaña “Si eres legal, eres legal” recurran a argumentos tan simplistas acerca de la situación de la cultura poniéndolos bajo el epígrafe categórico de “las 10 mentiras más difundidas sobre propiedad intelectual”: al fin y al cabo, desde los altos estamentos nunca se han preocupado mucho en profundizar en el debate, llegando a ignorarlo por completo con la esperanza de que se deje de lado por arte de birlibirloque. Al fin y al cabo, quieren convencer de que no hay cabida a ningún debate posible visibilizando sólo una posición: la suya.

Hasta ahí, ninguna sorpresa. Pero sí es sorprendente que El País les plante cara con la misma simpleza y confundiendo aún más el asunto para el usuario medio. Yo, que no soy ningún experto (pero que sí he escuchado mucho a Andy, que sí lo es), me doy cuenta de los errores cometidos en la redacción de un artículo que no precisa más que de unas cuantas búsquedas adecuadas en Google y, a ser posible, una entrevista con algún abogado medianamente imparcial.

Pero como una de las ventajas de la web es poder recurrir a diferentes fuentes para contrastar las informaciones, no hay que dejar de leer la entrada aparecida en Del derecho y las normas para poder ver de primera mano los errores que cometen ambos textos al reducir de la manera en que lo hacen algo que es muy complejo no sólo a nivel moral sino, sobre todo, a nivel legal.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Sobre quién mata a la cultura

Ésa es la segunda cuestión fundamental: el debate sobre la “piratería” no es una reflexión sobre la conveniencia social de autorizar un cierto uso de una tecnología. Es una supuesta lucha entre el Bien y el Mal. Una apelación al más turbio sentido de culpa. Una oscura amenaza de futuro: “viviréis en un mundo sin cultura, mataréis de hambre a los pobres autores”. Curiosa amenaza, especialmente viniendo de las grandes empresas de comunicación, cuyo funcionamiento descansa sobre contratos leoninos de exclusividad, saturación del mercado con productos pseudoculturales cada vez más efímeros, y secuestro de obras que podrían hacer sombra a los títulos seleccionados para ser éxitos. Técnicas que, naturalmente, aniquilan la cultura y matan de hambre a la mayoría de los autores, (aunque convierta en élite a unos pocos).

 

El pianista en un burdel, soltando verdades como puños. Hay más de donde saqué esta, no sé que hacéis aquí…

miércoles, 20 de agosto de 2008

La situación actual no se puede prorrogar más.

¿La SGAE y los ISP españoles en conversaciones para aplicar al P2P el modelo Sarkozy? ¿A cambio de qué? ¿Qué caramelos les están ofreciendo para que “se muestren interesados”? ¿Se fían tantos unos de otros que están dispuestos a arriesgarse a una PUA: Perdida de Usuarios Asegurada?

 

Me parece un tanto ingenuo pensar que los ISP perderán usuarios porque estos se enfurruñen y digan “Pues, hala, ahora me doy de baja porque no me dejan usar el eMule y no tengo Intennet”. Internet no es el P2P, y los sitios de descarga directa (Rapidshare, Megaupload, Media Fire…) seguirán existiendo. Pero una PUA no trata sobre usuarios con cabreos infantiles, inflando los mofletes y diciendo “Pos ahora no respiro y me muero”. No, trata de lógicas y traiciones.

 

No sé cuantos ISP hay en España, pero supongamos que se ponen “todos” de acuerdo con la SGAE para llevar a cabo los tres avisos. Entonces, como decía Shrek, “Burro, dos cositas:”

  • ¿Cuánto tardará uno de los integrantes del pacto en desligarse de él para ofrecer una conexión sin los tres avisos y llevarse a todos los descontentos?
  • ¿Cuánto tardará en salir una nueva compañía que, viendo que los tres avisos son tan sólo un acuerdo privado, ofrezca conexión sin ellos?

Dudo mucho de que los ISP, siendo como son, no estén contemplando estas dos posibilidades. Seguro que hay muchos detalles que se me escapan (¿De cuánto son las “multas” por rescindir el contrato antes de tiempo? ¿Cuántos ISP hay? ¿Cómo son las relaciones entre ellos?), pero no creo que el tema sea tan sencillo como lo cuenta la SGAE.

 

En algo tiene razón Pedro Farré: “algo hay que hacer porque la situación actual no se puede prorrogar mucho más”. Para empezar: estarse calladito y dejar el FUD, por favor. A ver si así los ánimos se calmen un poco y podemos dialogar. Después, que sí, que vayan a por las descargas ilegales, sean cuales sean  éstas. Usar el P2P no es ilegal, caramba, sobre todo porque se puede usar para muchas otras cosas que para esas “descargas ilegales” de las que hablan (que todavía no sé cuales son, oye). Vamos, que si la dichosa coalición fuera un partido político, propondrían la prohibición de los culos porque pueden ser usados para transportar droga.

 

Sin embargo, lo más preocupante no es eso. Lo más preocupante es la influencia y el poder que ha adquirido una sociedad privada de gestión, con una capacidad negociativa tan enorme como para proponer y “conversar” la censura de una tecnología. Y por otra parte, vuelvo a decir: ¿qué les están ofreciendo a los ISP para que hagan voluntariamente lo que tendrían que hacer por ley de aprobarse una similar? ¿O a la SGAE, en el fondo, no le interesa que esto se haga ley porque entonces se vería obligada a olvidarse de la remuneración por copia privada? ¿Qué les van a dar que, seguramente, también perjudicará a todos de una manera u otra?

 

Como siempre, más preguntas que respuestas, algo que no me inquietaría si no fuese porque las respuestas urgen. No, si me lo están poniendo bonito para regresar a España…

sábado, 19 de julio de 2008

Tarde y mal

small_readers

Decía en otra entrada que la industria editorial (de libros, se entiende) ha llegado tarde y mal al mundo de Internet.

Tarde:

  • Hay más libros de los que creen en línea.
  • Han permitido que los nuevos modelos de negocio editorial les lleven una larga ventaja (Lulu y, más reciente, Bubok).
  • Cada vez más gente deja de leer sólo porque los contenidos ahora están en la red.
  • Cada vez más gente piensa en escribir para publicarlo en Internet, no en enviar una pila de folios repleta de esperanzas cuyo destino es ignoto.

Mal:

  • Conservadores y prohibicionistas en exceso. La manera de afrontar los cambios que han sobrevenido con Internet no pasa por esas actitudes. La red no es una estantería más donde colocar sus lanzamientos y vender objetos físicos. La red es la gran biblioteca.
  • Exentos de imaginación y creatividad para aprovechar los nuevos modelos, para encontrar nuevos escritores, para combinar lo viejo con lo nuevo.
  • Temerosos de proponer nuevas estrategias y arriesgar los medios económicos de que disponen en aventuras que, planteadas de la manera adecuada, no les va a costar gran cosa.

Las sociedades de gestión de derechos referidos a libros, publicaciones, etc. se han quedado calladitos mientras la tormenta caía sobre la SGAE. Mediáticamente, apenas han sobresalido. Pero con la popularización en estos últimos meses de lectores como el Kindle de Amazon o el Iliad le han visto los cuernos al toro. Aquellos que leíamos desde hace tiempo en una Palm (u otros dispositivos) no eramos suficientes como para asustarlos. Pero ahora que los precios aún altos de esos lectores electrónicos se ven que van a ir bajando, comienzan a temer por su negocio. Su negocio no tiene nada que temer, lo que si debe echarse a temblar es su status quo. Las cosas no seguirán como hasta el momento estaban planteadas.

 

Sin embargo, en el cambio de modelo puede ser que salgamos perdiendo los de siempre: los lectores. Ya sabéis, esa manía de socializar las pérdidas y los perjuicios, sobre todo estos últimos. Si soy yo el que lo está pasando mal, deben pensar, el lector no puede tener tampoco beneficios. Si sufro, que sufra él también.

 

Quieren lanzar medidas prohibitivas desde todos los lados para proteger los derechos de autor. En lo que se refiere a los libros, ¿saben algo, señores de las editoriales? Si se dedican a prohibir y prohibir, manteniendo sus desmesurados precios y sus ofertas constantes que colapsan las estanterías de las bibliotecas, haciendo que el lector no consiga encontrar algo digno de leerse y tratando de obligarle mediante campañas de publicidad (supuestamente financiadas por esos altos precios) a que consuma, no que compre, lea y disfrute… Si continúan haciendo eso, yo, un don nadie, usaré el lector electrónico únicamente para los feeds de mis blogs preferidos, y no creo que me duela mucho dejar de leer sus novelas porque, al fin y al cabo, es lo que hago ahora. Lo mejor de todo es que no creo que sea yo el único que lo haga.

martes, 15 de julio de 2008

No es que no, es que no tanto

Ya lo dije en la entrada anterior: nos están FUDeando a gusto. Porque no hay control mejor que el autoejercido por el controlado bajo la presión del miedo al castigo.

 

Para poder llevar a cabo todas las medidas que las sociedades de gestión y las editoriales de todo tipo sueñan, los gobiernos deberían llevarse por delante una serie de derechos fundamentales. Pero eso no es tan fácil. Se pueden hacer cosas como el incremento de la remuneración por copia privada, sí, sobre todo cuando termina siendo enmascarado al gran público tras una crisis que eleva todos los precios. No me gusta ser conspiranoico (palabra contra la que además ya he arremetido alguna vez) pero, dado que la crisis se veía venir, el momento de poner en marcha el incremento del “canon” ha sido como un tanto oportuno, ¿no? Al final, debieron pensar, se va a quedar entre los cuatro monos de Internet a los que les interesan esas cosas. Y la tecnología es lo que tiene: que es cara. Y así se queda, disfrazado ante casi todo el mundo.

 

Como digo, no es tan fácil arremeter contra esos derechos fundamentales. Se pueden ir minando poco a poco, pero eso lleva tiempo y esfuerzo (y mucha, pero que mucha mano izquierda para lidiar con la impopularidad in crescendo). Es más fácil ir FUDeando para minimizar las pérdidas mientras unos cuantos van tanteando el terreno y llevándose los palos hasta encontrar el modelo de negocio adecuado y que funcione. Entonces, se subieran todos al carro y serán adalides de los nuevos modelos de distribución.

 

En este tránsito de modelo hay que tener cuidado. Estoy de acuerdo con Antonio Ortiz en que los ISP traicionarán a los internautas. Como él dice:

 

los proveedores de internet estarán encantados de censurar la red, de controlar lo que se pueda comunicar en ella y de matar la neutralidad de la red en el mismo momento en que se lleven parte del negocio de los contenidos, algo que viene siendo su sueño desde hace años

 

Como dije en una entrada anterior, sociedades de gestión y editoriales se frotan las manos pensando: “Vais a pagar, tarde o temprano. Y como sea”.

 

Sin embargo, yo estoy de acuerdo en eso. No tengo ningún problema en pagar, siempre y cuando sea un precio razonable (y no me vengan con que es razonable lo de $1 por canción, que estamos en las mismas). Aquí, en Ecuador, hubo una iniciativa interesante. Los CDs musicales tenían dos versiones: una al precio normal (entre $10 y $15, a veces más), con estuche normal, cuadernillo y demás zarandajas que se les ocurriese; y otra con un estuche de cartón, sin cuadernillo, sólo con el CD, a $3. Me pareció una idea más que razonable, pero no sé que pasó con ella. En mis escuetos y ocasionales recorridos por alguna tienda de discos, no volví a saber nada de ella. En un foro que se realizo el año pasado, le pregunté directamente por esa iniciativa al por entonces director (o lo que sea, el cargo más elevado) de SAYCE (la SGAE ecuatoriana) y directamente no me contestó, aunque sí lo hizo al resto de cuestiones que le planteé. No se si fue un simple descuido o algo más.

 

$3 por CD. Eso es razonable. En euros, por eso de que los gastos han de ser más elevados en Europa, dejémoslo en €5. Por Internet, para canción dejémoslo en 25 céntimos para redondear (el soporte corre por cuenta del receptor). Y faciliten el pago. Por ejemplo, haciéndolo por medio de SMS (como hacen algunos sitios de descargas de software). ¿Las películas? Igual. ¿Las series? Lo mismo. Y en lugar de enfrentarse contra sitios de subtítulos, darles un pedazo del pastel. Ahora, hay los medios para hacerlo de mil maneras.

 

¿Que la gente lo quiere todo gratuito? Toma ya, y quien no. ¿Que no está dispuesta a pagar por cosas que deben ser pagadas (aunque esto requeriría de matices)? Mentira. No es así. La gente está dispuesta a pagar siempre y cuando sea a un precio razonable (para ella) y no entrañe dificultad alguna. Y además, que no limite los comportamientos que tenía anteriormente. Si pago por una canción y la paso a mi reproductor, ¿por qué no va a poder escucharla mi esposa en el suyo sin pagar antes? Vamos, que nada de DRMs. Si consiguen que sea más fácil descargarse una canción pagando que tener que recurrir al P2P o a una web con mecanismos de búsqueda poco efectivos, la incidencia de esas descargas será anecdótica y hasta redundará a su favor (publicidad).

 

Y sigue habiendo más modelos, incluso basados en lo gratuito (publicidad, ingresos por conciertos, etc). Mecanismos, los hay. Pero mientras quieran seguir manteniendo los ingresos pre-hitech (por llamarlo de alguna forma), lo llevan claro.

 

A todo esto, ¿cómo ha reaccionado la industria editorial (de libros)? Tarde y mal. Pero eso será para una próxima entrada.

lunes, 14 de julio de 2008

Nos están FUDeando

Nos quieren echar… No, nos están echando el aliento encima porque eso es todo lo que nos pueden echar. No soy un ingenuo y no creo que las leyes no puedan torcerse para dificultar la vida del ciudadano a beneficio de unos pocos. Seguramente, así suceda ya (ver la compensación por copia privada en España). Pero también creo que los comportamientos de la sociedad en su conjunto tienden a autoregularse, buscando un equilibrio que, a pesar de que no se alcance de manera definitiva, sí hay una tendencia constante hacia él. Cualquier burbuja tiende a estallar, cualquier exageración tiende a disminuir. Pero, mientras tanto, los perjuicios temporales pueden ser considerables. Y tocan los cojones cosa mala.

 

Digamos entonces que llevasen a cabo lo de los aeropuertos. ¿Cómo lo van a llevar a la práctica? ¿Van a examinar uno por uno todos los aparatos electrónicos capaces de llevar archivos con derechos de autor? ¿Vas a tener que pedir hora para dejar tu máquina-usb-reproductor-loquesea y luego recogerla antes de embarcar? ¿Cómo van a diferenciar entre un documento en PDF con licencia CC y un documento con copyright que escaneé del original que yo compré para mi uso personal? ¿Qué harán las aerolíneas cuando noten una disminución en sus ingresos por lo incómodo que se haga volar? Y eso, sólo son algunas preguntas que surgen a vuela pluma.

 

Lo dicho: nos están echando el aliento en el cogote lanzando al aire medidas inaplicables técnicamente y sin vulnerar derechos fundamentales. Ya que por el momento no se pueden aplicar sistemas efectivos de control, se está tratando de crear una atmósfera de miedo a escala mundial, una ilusión de control que se pueda constatar mediante la elección aleatoria de un par de cabezas de turco que generen leyendas urbanas que asusten a la población. Vamos, un FUD en toda regla (siglas en inglés de “miedo, incertidumbre y duda”). A eso se le llama ingeniería social, mucho más efectiva que cualquier ingeniería informática.

 

Como he dicho, cualquier comportamiento social tiende al equilibrio. La aparición de sistemas para intercambiar fácilmente información (con o sin derechos de autor) fue una reacción natural a la burbuja que creo la industria de contenidos. Ahora, ésta trata de oponerse a una regulación que les hará perder los beneficios obtenidos por medio de una alteración artificial y desmesurada de su propio mercado. Por ahora, los mecanismos que tienen a mano son todo tipo de FUDs que les vengan a la cabeza. Vendrán más, tenedlo por seguro.

Estos tiempos que vivimos…

Menuda llevamos con la Unión Europea. Si es que se cubren de gloria, ya lo dije antes.

 

Pero independientemente de lo alarmista o alarmante que sean esas enmiendas que se votarán en septiembre, creo que los pasos que se están dando, principalmente de cara al público, vienen a querer decir una cosa: “No importa. Pagaréis por nuestros contenidos en un momento u otro. Al tiempo”.

 

El sector de los libros ha empezado a reaccionar ya, bastante tarde en relación a sus primos de la música. Pero en relación a su propia realidad, es cierto que han despertado un poco más rápido, pero sólo un poco. Ya sabéis lo que dice el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”. Quizás se han dado cuenta de que su burbuja puede estar a punto de estallar. Sí, burbuja, que no sólo la hay inmobiliaria. Una burbuja de precios inflados y obras mediocres e hinchadas pululando a diestro y siniestro. ¡Ay va! Pero si es la misma burbuja de la música, repleta de radioformulas, canciones vacías y mediocres cuya única forma de supervivencia es reproducirse como una infección a base de repetirse y repetirse y repetirse en el hilo músical conformado por las emisoras de radio. Eso sí, siempre con los mismos precios altos, sin importar las justificaciones que se tengan que sacar para mantenerlos.

 

Ni todos los escritores son pedantes y mediocres, ni todos los músicos son parásitos y mediocres. Y me refiero a los afiliados a sociedades de derechos de autor, que suelen ser a quienes se les imputan esos calificativos con mayor ligereza (por obvias razones). Pero lo que pasa es que la gente, todos estamos cabreados. Y mucho. Porque, vamos a ver, ¿cómo es posible que bajen los precios de todos los elementos técnicos implicados en la producción y fabricación de un “objeto cultural” y el objeto en sí no lo haga? ¿Cómo es posible – en el caso de la música y el cine – que nos vengan vendiendo una y otra vez lo mismo con la excusa del cambio de formato?

 

Ante una situación así (y sí, ya se que hay matices y casos), es normal que la gente se cabree. No es para menos. Entonces, ¿qué es lo que ocurrió cuando estábamos ante una aceptación del orden de las cosas porque no había más narices? El advenimiento de la popularización de la tecnología. ¡Catapum! De pronto la gente (o sea, nosotros) teníamos (y tenemos) la sartén por el mango. Nada de tener que comprarme la misma música y las mismas películas una y otra vez con la excusa del cambio de formato (¿cuánto habrán ganado los artistas con cada cambio? ¿Y las sociedades de gestión?). Ahora, mientras haya computadoras (y creo que esto va para laaargo), con que tenga la canción en un formato decente y unos cuantos respaldos, se acabo lo que se daba. Mientras tenga un AVI o un FLV y discos duros, ahí me las den todas. Vaya, los que siempre las recibíamos todas en el mismo carrillo, ahora resulta que no teníamos porque recibir más. La burbuja estalló.

 

Y estalló la guerra.

 

La palabra “ladrones” empezó a circular cuales balas entre un bando y otro: los productores, los intermediarios y los receptores. Vaya, pero si son tres. Aquí, en verdad, sobra alguien.

 

¿En verdad?

 

¿Sobran los intermediarios? Porque vamos, según lo veo yo, quien importa más son los productores y los receptores, a partes iguales (porque se es uno u otro según el momento, el lugar y la temperatura ambiente). Pero, ¿sobran de verdad? ¿Cuál es la página más visitada del mundo? Sí, Google (vale, con matices y según donde). ¿Y qué es Google? Ah, bueno.

 

Los intermediarios no sobran. Lo que sobran son sus maneras de proceder, de actuar. Los intermediarios, en un mundo tan abundante de información y cultura, son necesarios. Los que sobran son los abusos y la prepotencia. Sobran aquellos que quieren seguir inflando e inflando la teta cuando la leche que alberga ya se ha acabado. Sobra el modelo de negocio basado en la extracción sistemática e inmisericorde del bolsillo del receptor una vez que se lo tiene atrapado por sus gustos: ¿te gusta esta película? Compra la cinta en Beta. No, vuélvela a comprarla en VHS, que ahora sólo hay películas en ese formato y no vas a tener dos trastos en el comedor, con lo que abulta el Beta ese… No, cómprala en DVD, que viene con unos extras y te ocupa menos espacio. No, compralá en Blu-ray, que nos hemos gastado un pastón en… ¡Doh! ¿Por qué me da a mí que el Blu-ray de las pelotas va a ser un fracaso mayor que el de la armada invencible? Sólo el mismo hecho de su desarrollo es una muestra palpable de la avaricia que les mueve a algunitos por ahí.

 

Una vez, bueno. Dos, mmm… vale. Pero tres o más, ya huele a chamusquina. Y entonces, todos nos cabreamos porque nos sentimos explotados. Resulta que ese tipejo tan majo, del cual nos comprabamos todos los discos, y del cual estabamos dispuestos a volvernos a comprar otra vez toda la discografía o toda la filmografía pues ahora quiere que volvamos a pagar por lo que ya pagamos en su día. Y como sus canciones forman parte de nuestra vida, acompañan y despiertan nuestros recuerdos (alegres, tristes, triunfales…), que alguien por quien se siente tanto aprecio se muestre tan descaradamente interesado (porque siempre lo ha sido, pero al menos se tomaba la molestia de disimular) pues hace que… eso, nos cabreemos. Por mucho que digamos, las formas nos importan bastante.

 

Y así estamos: cabreados. Pero no me gusta cabrearme porque sí, y me gusta tratar de buscar soluciones. No soy partidario del enfrentamiento, sino de la negociación y de la búsqueda de alternativas. Sin embargo, ese tipo de cosas y este debate lo dejaré para otras entradas, que en esta ya se me ha ido la mano (de verdad que quería hablar sólo de libros, pero es lo que pasa cuando te callas: que terminas reventando). Sólo quería dejar sentado como veo yo las cosas, cual es el origen de este conflicto, que es lo que me molesta como receptor (no me satisfacen ni usuario, ni mucho menos consumidor). En próximas entradas, más al respecto.

 

Pero para cerrar, quiero añadir un párrafo que me ha llamado la atención. Llegué a él por medio del blog de David Bravo. Es de Javier de la Cueva, y aunque el tema en que se centra es la tecnología… Bueno, ahora todo tiene que ver con la tecnología. No importa. El párrafo que me llamó la atención es el siguiente, porque resume muy bien unas cuantas inquietudes que yo me cargo hace tiempo:

 

Para empezar, creo que el tema de la propiedad intelectual ya no es relevante, si bien seguimos discutiendo sobre propiedad intelectual, y quiero matizar esta afirmación: la propiedad intelectual no es relevante desde el momento en que tenemos un medio, que es el de Internet, donde es absolutamente imposible dotar de eficacia al Derecho de propiedad intelectual. Sabemos que el Derecho se manifiesta en tres planos: el primero de ellos es la Justicia, objeto de la Filosofía del Derecho, el segundo es la validez de la norma, objeto de la Ciencia del Derecho, y el tercero es el plano de la eficacia, objeto de la Sociología del Derecho. Desde el momento en el cual la propiedad intelectual de un objeto material ha sido transformada en la propiedad de una lista de unos y ceros, la única manera de poder hacer eficaz la propiedad intelectual de los objetos que se distribuyen en las redes es estableciendo un sistema de controles de las mismas que atentaría contra unos derechos de superior jerarquía, cuales son los derechos fundamentales; esto es: interviniendo las comunicaciones entre los ciudadanos.

 

Acerca de esto y mucho más, en próximas entradas.

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