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lunes, 24 de agosto de 2009

Caer a todos bien

El politicorrectismo nos atonta. Se contagia cual enfermedad y, a la que nos damos cuenta, nos descubrimos perdiendo el hilo de lo que decimos al tratar de coordinar los géneros de sujetos, verbos y predicados múltiples. O frenando en seco nuestros labios ante una palabra presuntamente ofensiva a punto de escapar.

Lo han logrado. Medios y políticos, en su afán de caer siempre sobre las cuatro patas, nos han traspasado a la ciudadanía corriente y  moliente el buenrrollismo de caer siempre bien a todo el mundo, o al menos de intentarlo. O, como mínimo, de no ofender a nadie. Y eso, es imposible.

Intentar lo imposible está dotado de un aura de romanticismo. Es muy noble cuando se aplica a tareas como conseguir la paz mundial o acabar con el hambre (también mundial). Pero en cosas tan pedestres como la cordialidad omnipresente hay un tufillo a genuino interés teñido de egoísmo que tira de espaldas.

¿Qué ocurre con los que intentan caer bien a todo el mundo? Pues que consiguen lo contrario: caer mal de manera generalizada. Una cosa es la diplomacia y el tacto, y otra bien distinta la hipocresía que presentimos tras ellos cuando se exageran. Y más cuando se exageran mal. Ejemplo clásico: ahora ya no se puede decir “Todos debemos ser cuidadosos”, sino “todos y todas debemos ser cuidadosos y cuidadosas”. Entonces, ¿por qué en la mayoría de las ocasiones lo que se escucha es “Todos y todas debemos ser cuidadosos”? Al carajo la concordancia. Total, ya hicimos la inclusión y la visibilización en el sujeto, que va primero y es lo que importa. Se cumplió con lo que mandan los cánones modernos. Cuando soplen los vientos en otra dirección, cambiamos de sitio la vela aunque arrollemos con la proa las normas del lenguaje, pues al fin y al cabo, si el lenguaje lo hacemos todos, cualquiera puede deshacerlo.

El lenguaje es la bandera del politicorrectismo, pero sus tentáculos van más allá. ¿Cuántas tiras podemos encontrar en Internet con temas que jamás veremos en los quioscos? ¿Cuántos vídeos y noticias e historias y fotografías que nunca saldrán por la televisión? El agrado omnipresente acaba con la creatividad.

Si bien hay tópicos que deben ser exterminados, sin duda tarde o temprano serán reemplazados por otros que tomaran su lugar actualizando los anteriores. Si hay expresiones que son machistas pero la sociedad sigue siéndolo, al acabar con las que lo parecen pero no son (atacando al género en lugar de al sexo) surgirán otras que las reemplazarán. Pero para cuando eso ocurra, se habrán cosechado los beneficios de “no caer mal a nadie”. Los daños, para el que venga detrás.

El politicorrectismo trata de cumplir las expectativas de todos y todas aunque sea a medias. De hecho, lo importante no es cumplirlas, sino parecer que se han cumplido. Con esto de caernos bien los unos y las unas a los otros y las otras, lo único que conseguiremos será caernos todos y todas más que mal.

miércoles, 11 de junio de 2008

Miembros, miembras, personas… ¿personos?

Pero bueno, en serio, ¿hay alguna mujer que se sienta ofendida cuando se emplea el masculino para referirse a un grupo en el que hay tanto mujeres como hombres? Cuando yo he dicho aquí “lectores” para referirme a “lectoros y lectoras”, ¿alguna lectora se ha sentido ofendida? Sí, todo esto viene a cuento de lo de “miembros y miembras”. Y es que ya estoy hasta las narices de tanto politicorrectismo (toma palabro).

¿El idioma es machista porque emplea más el género masculino que el femenino? En su evolución, no consiguió encontrar un término neutro para designar a grupos formados tanto por hombres como mujeres quizá porque, a lo largo de su historia, esos grupos mixtos apenas existían. Ahora que sí existen, ¿debemos forzar el lenguaje para reflejar un cambio que, en comparación con lo que llevamos de historia, es sumamente breve?

El español tiende a la brevedad. Cuanto más larga una frase, menos entendible es. Y el politicorrectismo lingüistico se encarga de alargar las oraciones de una manera que se hace casi interminable. Y, repito: ¿cuántas mujeres se sienten en verdad discriminadas por este uso del lenguaje?

Curiosamente, en el hablar del día a día, no he notado yo estas cosas. La gente de a pie, que es quien termina dándole forma al lenguaje, no utiliza esas construcciones. Solamente lo he escuchado en alocuciones públicas y en la prensa (televisión, radio, periódicos… ). Y siempre me he quedado con la sensación de que, además de lo forzado que suena, parece tener una carga de hipocresía tremenda. Como si se quisiera aparentar algo que no se es.

Dado que las personas (¿cuándo el género es femenino no se produce discriminación? ¡Ah! Que es discriminación positiva) corrientes y molientes no suelen construir así las frases, da la impresión de que los media se encontrasen a merced de colectivos y organizaciones politicorrectistas que han decidido darse por ofendidas a nombre de las mujeres, de todas las mujeres. Por favor, si hay algún estudio que refleje que es cierto que la mayoría de las mujeres se molestan por no usar el masculino y el femenino al dirigirse o hablar de un grupo, que lo deje en los comentarios. Gustosamente, me comeré mis palabras. Eso sí, con un poquito de sal para darles sabor.

El lenguaje sirve para comunicar. Si la introducción de nuevos términos, construcciones y palabros varios sirven para mejorar la comunicación, se terminarán aceptando con el tiempo. Pero si lo que hacen es entorpecer, al final serán deshechados. No importa quien trate de imponerlos.

Para terminar, una pequeña anécdota: tenía yo un curso en el que eran más niñas que niños (6 y 2). No podía evitarlo: al decirles algo en grupo, empleaba el femenino. Me salía así, solito, sin pensar. E incluso me chocaba (la costumbre), no lo niego, pero continué empleándolo. Ninguno de los dos niños se me quejó nunca, ni creo que se sintiesen discriminados.

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