Se están cubriendo de gloria. Sí, sí, la UE. Entre las 65 horas y el “exceso de información” y nuestra “posición de contaminar” están perdiendo popularidad a pasos agigantados, o al menos eso es lo que yo percibo por la blogosfera. Debe ser la contaminación reinante, que tonto que soy.
Yo me enteré de las 65 horas por medio de Menéame. Y poco antes de que saliese aprobada la propuesta. Como decía alguien por allí: ¿y los medios de comunicación? ¿Por qué no se han hecho eco de que se iba a aprobar eso? ¿Por qué estaban tan calladitos? ¿Por qué salió la noticia de manera tan cercana a su aprobación? ¿Es a este tipo de contaminación (la gente hablando del tema) a la que se refiere la eurodiputada Mikko? Seguramente. Si no, no habría razón para ponerse a pensar en una regulación que, por cierto, sería voluntaria.
Me da la impresión de que las dos cosas son ganas de alborotar el gallinero. Muy estúpida han de creer a la gente para pensar que algo así se va a implantar a nivel europeo sin protestas. Para las 65 horas, todavía falta que cada país lo implante. Dudo mucho de que en España vaya a suceder. Pero me parece un grave ejercicio de prepotencia y ninguneo el mero hecho de que haberlo considerado. Qué decir de haberlo aprobado. No nos podemos callar ni estarnos quietos. En la distancia, poco puedo contribuir más allá de mis palabras. Pero, hala, aquí estamos, aportando a la contaminación.
En cuanto a la regulación de los blogs, veo dos aspectos en este debate. Positivo: que sigan haciendo bombo de los blogs. Ya tienen de parte a la gente con lo de las 65 horas, por lo que muchos a lo mejor se interesan en saber a qué narices viene preocuparse de eso de los blogs. Y a lo mejor se pasan por aquí y por allá los que no usan más que el messenger para matar el tiempo o el gugli para buscar porno.
La parte negativa es que si la “regulación voluntaria” sale adelante, van a conseguir dividir la blogosfera (unida en su caos y desunión). Los que participen en la regulación serán los buenos. El resto, los malos, por medio de ese mecanismo mental que es la “presunción de culpabilidad”: si no te regulas es porque tienes algo que esconder.
Muchos, yo entre ellos, estamos en la web a cara descubierta. Nuestras razones tenemos, tan perfectamente válidas como quien se oculta tras un seudónimo. Quien no da su nombre no lo hace para “conspirar” o “contaminar”. Puede tener miles de razones para ello. El hecho de usar tu nombre conlleva algunas cargas y te limita en ciertos aspectos, y hay gente que no quiere usarlo simplemente para romper esos límites (hablar de lo que sucede en su trabajo sin temor a represalias, desahogarse, etc.). Pero es que no es sólo el nombre lo que da credibilidad a una fuente informativa o divulgativa en la web, sino la comparación de datos provenientes de otras fuentes. Cuando algo nos suena demasiado raro, buscamos más información, vamos a ver que se dice por otros sitios, hacemos clic, y otro clic, y otro más… Lo contrastamos con nuestras experiencias previas y con los conocimientos acumulados. Y aún así, nos la siguen metiendo dobladas, pero cada vez menos.
Valga Mauro para ilustrar este punto:
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