miércoles 21 de julio de 2010

El placer de bloguear

Twitter no es competencia para Facebook (por mucho que se obsesione el niño Mark), pero Facebook es competencia para Twitter. Si eres usuario habitual, el servicio se cae o está inestable, y necesitas (por necesidad o apentencia) comunicarte con tu red (por así decirlo), ¿qué haces? Te vas a Facebook. La mayor parte de ellos también estará ahí. Es cuestión de tiempo que de tantas caídas y trastabilladas, te acostumbres más a Facebook que a Twitter, y que a éste entres de vez en cuando, para ver si ha habido algún reply de los tuits automáticos generados por tus publicaciones en otra parte.

Ésta no es una descripción de mi caso, sino una suposición de lo que pueden hacer muchos usuarios ante la barca con agujeros y llenos de gente achicando que pareciera ser Twitter. Oh, sí, tarde o temprano se taparán los agujeros, pero a lo mejor para entonces la barca ya se ha llenado de agua.

Y aclaro que no es mi caso porque a lo mejor, de los que me siguen por ahí alguien piensa que esa es la razón por la que no se me ve por allá. No, tampoco actualizo Facebook. De hecho, creo que tengo Facebook solamente por el pequeño alpiste para el ego que representa ver que mi página de Proyecto Autodidacta va subiendo solita su número de seguidores (y porque creo que hay un potencial ahí que todavía no consigo ver: vamos, un acto de fe). Ah, y claro, para comunicarme de vez en cuando con gente con las que no tengo otro medio (aparte del mail, pero es que un correo intimida y avergüenza para mensajes cortos e intrascendentes).

Si no aparezco mucho por Twitter es tan sólo en un 20% por el desgano que me produce su inestabilidad: me da pereza volver a intentar acceder después de 5 minutos, o que algunos de los RT que me hacen (o replies que me mandan) no aparezcan hasta días después, o que de los directos me entere por medio del correo... si tengo suerte. En un 80% es otro tipo de desgana indefinible, una especie de aburrimiento temporal del servicio. Sé que es temporal y que habrá temporadas (últimamente reducidas a días) en las que volveré a tuitear a mi ritmo normal. Pero ahora... No sé, aburrimiento que puede durar horas.

Lo gracioso de todo esto es que estoy dando explicaciones cuando ni siento que deba darlas, ni nadie me las ha pedido. Todo ha empezado por la reflexión que encabeza estas líneas y, al final, me he dejado llevar. De ahí todo este rollo.

Quizás es que esté redescubriendo el placer de bloguear, mira tú.

La imagen, CC de creativecarrot

La sociedad de la prohibición

Leo en Poder comer un bollicao en el recreo no puede ser tan grave | Versvs:

Prohibir no es casi nunca la mejor salida y, desde luego, no en esta ocasión. Al prohibir quitamos al niño la capacidad de afirmar su conducta y escoger el alimento sano. O, quizá, estamos impidiendo que el padre aprenda a ser padre, convirtiéndolo en una mera correa de transmisión de las prohibiciones públicas. En el proceso de infligirnos a todos un final feliz, la prohibición de todas las pequeñas cosas nos impide aprender a tomar decisiones: decidir si fumar o no en el restaurante, decidir si hacer un bocadillo o comprar un bollo industrial para el niño.

Y al impedir el desarrollo de toda capacidad crítica el Estado nos infantiliza como sociedad. El mensajes es que no somos un montón de adultos con criterio suficiente para decidir, sino que necesitamos que la señorita Rottenmeyer nos haga el trabajo sucio de decirnos qué no podemos hacer. En este caso, qué no podemos comer. Previously on Sociedad Infantilizada: dónde no se pueden hacer fotografías, dónde no se puede fumar; lo que se dice un no parar de prohibir cosas.

Versvs (las negritas y enlaces son suyos) hace referencia a esta noticia. Pero podría ser cualquier otra prohibición, que me da lo mismo. La noticia es el mismo perro con diferente collar que luego volveremos a ver al doblar la esquina. Tener la mano larga en prohibiciones no es prudente, sobre todo alegando que es por nuestro bien. Y no se trata de poder hacer lo que nos de la gana, sino poder elegir no hacerlo por propia voluntad. A menos que lo queramos sea una sociedad amedrentada, que sólo sepa regularse por el castigo, no por la conveniencia de una adecuada convivencia.

jueves 15 de julio de 2010

¿Quién pagaría por los periódicos ahora?

La gente me dice “Nadie nunca pagará por los periódicos, cuando puede conseguirlos gratis”. Pero es que nadie pagaría por la mierda de ahora. ¿Qué habría pasado si en lugar de que los periódicos hubieran sido vendidos y recortados, se hubieran hecho más esenciales, más viables, más sutiles? 
Lo dice David Simon, que fue periodista antes que creador, guionista de The Wire (que hasta el momento no he visto: por favor, sin insultos) en una excelente entrevista. Algunos puntos son duros, pero tiene razón en la mayoría.  En otros, la discusión podría ser muy interesante y productiva (acerca de Internet). Pero su visión acerca de la crisis de la prensa creo que es acertada y concuerdo con ella. En todo el mundo.

Quizá cuando los periódicos mejoren sus contenidos, pensaremos en pagar por ellos ( a través de la red). Por ahora, nada de nada.

martes 13 de julio de 2010

La letra pequeña

La “letra pequeña” es ese viejo truco marrullero al que nos tienen acostumbrados empresas de todo tipo. Clausulas completamente ilegibles tanto en redacción como en formato, equivalen a decir algo en voz baja y entre dientes. Es decir: que quieren que sepas que has dicho algo pero no lo que has dicho.

“Una empresa está para ganar dinero” nos repiten constantemente, dejando unos puntos suspensivos en el aire que son el equivalente de las nubecillas del cómic que expresan un frenazo brusco del personaje; en este caso, un frenazo brusco antes despeñarse por el barranco del “sin importar como”. La letra pequeña son las nubecillas más chiquítas, quizá las líneas cinéticas que las acompañan.

Digo esto a raíz de las posturas de Toshiba y TomTom en cuanto a sus promociones del mundial. No me importa si tienen o no razón: con posturas como esas nos han acostumbrado a adoptar una posición a la defensiva frente a cualquier empresa, algo que no es ni razonable ni sano. Al final, nos acostumbramos a que no establecemos relaciones con una empresa, sino que entablamos combates.

Lo dicho: que sí, que será legal, pero tan legal como decir algo en voz baja y entre dientes y no querer repetirlo en voz alta y vocalizando. Tal vez muchas empresas deberían plantearse si vale la pena ganar a toda costa, porque tienen el poder y la fuerza suficiente como para vencer, o también sería bueno tratar de convencer, no sólo seducir.

Y sí, la referencia (un tanto torcida) de la última frase es también una indirecta.

viernes 9 de julio de 2010

Interfaces futuras

No hace mucho que vi la famosa “Minority Report” (sí, en algunas películas voy especialmente atrasado) y, aunque como película me pareció floja y que se podría haber aprovechado más (especialmente sin contar con Tom Cruise), creo que como a la mayoría de la gente, lo que más me impresiono fue la tecnología, en especial la interfaz que utiliza la agencia del protagonista.

Recuerdo que cuando vi “Iron Man”, me encantó la interfaz que usaba Tony Stark para crear su armadura. Sin embargo, la de “Minority Report” me gustó más porque había algo creíble en ella, algo que te decía: “así va a ser”. Toma, y claro que te lo decía: ya estaban en ello.

Dejo aquí este espectacular vídeo del TED (como casi todos los que hacen) al que he llegado vía Denken Über. Por cierto, tiene subtítulos en español.


Impresionante, ¿verdad? Hace que sientas el ratón obsoleto y que quieras levantar las manos frente a la pantalla y que los programas respondan ante ellas.

Pero esto también me lleva a la importancia de estar al tanto de los últimos avances tecnológicos si quieres crear (escribir/dibujar/rodar) algo mínimamente futurista. Desde hace algún tiempo me viene rondando algo en la cabeza y esto me ha venido de perlas.

Bueno, quizá no sea tan importante, porque al fin y al cabo el futuro toma siempre un rumbo diferente del que nosotros tratamos de imaginar.