lunes 26 de abril de 2010

¿De qué va esto?

Hoy, Antonio Cambronero pone una cita en su blog extraída de El País:

Un libro no es sólo el fruto del trabajo de su autor. Más allá del texto, trabajan un editor, un diseñador, un corrector de pruebas, un impresor, un distribuidor, un agente, un equipo de promoción, otro de marketing, las secciones de Libros de los medios de comunicación, y al final, un librero. Si desaparecen los libros, y permanecen sólo los archivos de texto que los originan, desaparecerán todos estos sectores.

Bueno, sí, claro. Ya estamos con los tremendismos. El coco de la tecnología.

En su refutación, Antonio dice:

El asunto es que, con la tecnología, se desmonta una industria artificial e innecesaria.

Y el caso es que no estoy del todo de acuerdo. Y me explico con algo que ya he dicho por aquí, pero ahora un poco más detalladamente.

Desglosemos lo dicho en la primera cita. En el proceso que lleva un libro hasta las manos del lector, dejando a un lado al escritor, intervienen:

  • Un editor: el filtro que selecciona el texto en el que se van a invertir los recursos de la editorial; es decir, el resto de eslabones que vienen a continuación en la cadena. También incluyen sugerencias de modificaciones a la obra, ayuda en la elección del título, etc. Vamos, aquellos cambios que pueden hacer mejorar la obra o hacerla más “vendible” (supongo que depende del editor).
  • Un diseñador: elabora la portada y el interior del libro. Elige fotos, tipografía, tamaño de letra y cosas así de acuerdo al formato para que el libro se vea más atractivo.
  • Un corrector de pruebas: corrige los deslices ortográficos e, imagino, que alguno que otro sintáctico que sea muy garrafal y vaya más allá del estilo del autor. Dadas algunas obras, parecerían que son seres míticos, pero quiero creer que existen.
  • Un impresor: convierte un montón de hojas (ahora digitales) en el libro propiamente dicho, replicando ejemplares de acuerdo a las expectativas / necesidades de la editorial.
  • Un agente: supongo que hubiera debido ir más arriba en la lista, pero, si no me equivoco, es el que se encarga de contactar y negociar con el editor a nombre de su representado. Imagino que se ha de encargar también de buscarle otras vías alternativas de ganar dinerito (con lo que también gana él).
  • Un equipo de promoción / marketing: en uso atrevido de mi ignorancia, los arrejunto que me parece que se sienten muy solitos por separado. Su objetivo es, al fin y al cabo, el mismo: desarrollar estrategias de una manera u otra para convencer al lector de que debe leer ese libro. Bueno, por lo menos comprarlo.
  • Un equipo de distribución: este no está incluido en la cita, pero lo incluyo porque muchas veces aparece en listados similares. Son los encargados de llevar los libros de las imprentas a las librerías.
  • Las secciones de libros de los medios de comunicación: sus funciones básicamente son notificar las novedades, reseñarlas y hacer críticas de las obras, junto con otras cosas como entrevistas a los autores, reportajes, etc.
  • El librero: el señor que está detrás del mostrador. Se asume que se ha leído todos los libros que le rodean y que nos podrá recomendar una lectura de acuerdo a nuestras necesidades.

Según la autora de la cita anterior, todo eso se desvanecerá por culpa de la tecnología. No, de toda la tecnología no. Por culpa del coco: Internet.

Y antes de que gritemos a coro: “Ah, se siente”, prefiero decir: “Pues va a ser que no”. Oh, claro que no van a perdurar todos, pero las editoriales, el eslabón principal y que aglutina a otros eslabones, sí lo va a hacer. Es que no veo la razón por la que no vaya a perdurar.

La diferencia principal entre el entorno analógico y el digital, por decirlo de alguna forma, es que antes yo, como autor, para hacer todo lo que se hacía con esos eslabones, necesitaba de una gran cantidad de dinero. Ahora, supuestamente ya no es necesario, pues gran parte de los eslabones los puedo suplir yo.

  • Hago de editor: selecciono cual de mis obras doy a conocer al público. Que me importa si es o no comercial: es mi obra.
  • Hago de diseñador: busco una foto CC que permita su uso comercial y me hago una portadita con el GIMP y el Inkscape que queda medio decente (de acuerdo a mi gusto). En cuanto al interior, pues nada, una Times New Roman 12 (ah, no, Arial, que se va a leer en pantalla) y… vale, interlineado doble.
  • Hago de corrector de pruebas: me releo el libro, fijándome en los subrayados en rojo para corregirlos.
  • Me busco una distribuidora: como Bubok. O me armo mi web en un sitio gratuito que me de espacio para colocar mi libro.
  • Hago marketing: tiro de Facebook y Twitter, comento en blogs y hago algún que otro podcast sobre mi libro.

Fabuloso, ¿no?

Bueno, sí, en parte. Al fin y al cabo, es lo que hago yo con mis comics y con mi librito y es lo que haré con algunos más.

¿El producto final es decente? Puede ser. En realidad, todo depende del empeño que ponga el autor en cada uno de los pasos.

Pero…

  1. NUNCA (perdón por el grito) antes de Internet pude hacer algo así, alcanzando a público de ambos lados del Atlántico y por algunos países más desperdigados según me dice Analytics, el amigo de los blogueros. Ni podría haberlo hecho con la misma inversión que lo hice:
  2. Tiempo. Salvo la conexión a Internet, que es en lo único en que he puesto dinero, el resto de mi inversión ha sido de tiempo, el activo con el que más cuento.

Hasta aquí, imagino que todos de acuerdo. Internet y el avance tecnológico le está dando a muchas personas la oportunidad de hacer llegar su obra de una manera que antes era completamente imposible y que quedaba muy lejos.

¿Y eso va a hacer que se desvanezcan las editoriales? De eso nada, monada. Lo que pasa es que ahora hay más actores en la obra y el escenario parece que no ha aumentado, pero es sólo porque los focos apuntan sólo al centro del escenario. Como se vaya para los lados…

Me estoy extendiendo demasiado y yo soy de los que, por otros lares, predico que los posts deben ser cortos y al grano. Pero en este blog hago lo que me da la gana, así que, si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Ya queda poco.

¿He obtenido beneficios económicos por mis obras? Sí. ¿Directos? No (con una pequeña excepción periódica de la cual tengo que agradecer al Sr. Fabián Auz). Pero aún así, son beneficios que, seguro, no hubiese podido obtener antes. Porque antes, mi obra no hubiera visto la luz muy posiblemente (en este caso, me refiero a los comics).

Ahora, si cualquier autor puede hacer lo mismo que yo (y conste que no soy el único que lo hace), ¿eso significa que las editoriales dejarán de ser necesarias cuando el libro electrónico sea ubicuo? Para nada, monada. Los que dejarán de ser necesarios son algunos eslabones de las cadenas.

Y es que es simple: la inversión que yo hago en tiempo es una inversión que no se puede recuperar. Cada minuto que pierdo en promocionar mi obra por las redes sociales (algo que debe hacerse con tacti y táctica, cuya elaboración demanda más tiempo aún), es un minuto en el que no he estado creando (sea lo que sea que cree).

¿Un autor que aspira a vivir de sus obras no estaría dispuesto a dejar que una editorial se ocupara de manejar todos esos asuntos que impiden que esté creando? Yo creo que sí. Tras la poda efectuada por la tecnología, veamos cual podría ser el panorama qué nos quedaría:

  • Un editor: a continuar con su papel de filtro y asesoramiento creativo para asegurarse de que los recursos de la editorial son bien empleados (o empleados con beneficios, claro).
  • Un diseñador: a seguir haciendo lo mismo, pero ahora pensando en el formato digital. También tendría más trabajo con los sitios de difusión.
  • Un corrector de pruebas: los correctores no son prescindibles. Así están muchos media que han creído que lo son.
  • Un agente: si hay editores, alguien ha de contactar y negociar con ellos.
  • Un equipo de promoción / marketing: con tantos actores en el escenario, alguien se ha de ocupar de que el vestuario resalte a nuestro actor.
  • Las secciones de libros de los medios de comunicación: libros no les faltará que reseñar, desde luego.

De 9 elementos, nos hemos quedado en 6. Pero la industria editorial no se ha desvanecido en la nada.

Ah, pero es que si los libros son gratis, no se podrá “escribir con tranquilidad”, porque los autores no tendrán asegurado el sustento.

Los autores no podrán “comer” de sus libros.

Ah, claro. Que todo esto va de la “piratería”.

Todo esto no va de la realidad, va de los miedos de la industria y de su inmovilismo. Ah, vale. Perdón. Me he equivocado.

Pero después de tanto escribir, no se me va a quedar todo en el disco duro…

jueves 22 de abril de 2010

Nueva fachada y un estreno

Pues nada, que aprovechando la nueva característica de personalización de plantilla, pues me he animado a pintar la fachada y añadir por ahí un par de cosas nuevas. La verdad es que le he cogido el gusto a esto de la personalización. Sigo recomendando BTemplates como el mejor sitio para encontrar plantillas, pero como soy muy de “Yo me lo guiso, yo me lo como”, pues me arremangué los dedos y me puse manos a la obra. Nota: mi afición al minimalismo proviene de mi incapacidad para el diseño. Curiosamente, me considero una persona muy visual (de esas que utilizan mucho palabras relacionadas con la vista: nos vemos, no lo veo, etc.), pero creo que sólo me funciona con el cómic, y a veces ni eso.

Y aprovecho también este cambio para dar a conocer que me he animado y he abierto un blog propio para las tiras de “Todos menos tú”. Por ahora, sólo he colgado todo el material que tenía hasta el momento (así, a lo bruto, una tira tras otra), pero tengo una buena cantidad de guiones acumulados a los que quiero dar salida, así que espera novedades si te animas a pasar por allá de vez en cuando o, mejor, a suscribirte. Todavía no prometo periodicidad, pero veamos que se puede hacer.

lunes 19 de abril de 2010

Entrevista sobre Proyecto Autodidacta

Fernando Astudillo tuvo a bien hacerme una pequeña entrevista para su blog, Periodismo en metamorfosis, acerca de Proyecto Autodidacta. En ella, cuento un poco acerca de los orígenes del proyecto y alguna cosa más. Así que, si te interesa, date una vuelta por allá:

La tecnología también se puede enseñar con comics

lunes 5 de abril de 2010

YOU are the game changer

No lo tenía pensado, pero mira, yo también voy a hablar sobre el iPad. Y todo por una brillante entrada en Player Vs. Player (PVP) que voy a citar convenientemente, porque tiene bastante miga.

Antes de nada, mi opinión acerca del aparato de marras: no me muero por tener uno. Me muero por tener un dispositivo portátil que me permita leer libros de manera decente (y para mí decente era leer en una Palm, ojo), que sea económico, pequeño y que no me haga sentir que lo tengo hipotecado por hacerme pasar por caja cada dos por tres. Que pueda leer comics con él sería un añadido de agradecer, pero tampoco indispensable. En resumen: me encuentro más cerca del iPod Touch (con reservas) o de un lector electrónico cualquiera (Papyre parece simpático, Kindle no) que del iPad. Eso sí, no le haría ascos a una HP Slate.

Pero mis gustos y necesidades son tan sólo una anécdota. Aquí lo que cuenta es la revolución que se está produciendo desde que se popularizó Internet y aparecieron todo tipo de cacharritos dispuestos a aprovechar la conexión.

Y en relación con eso, a raíz del lanzamiento del iPad, Scott Kurtz dice lo siguiente (las negritas son mías):

And that’s why it’ll be so dissapointing when the comic book industry does absolutely NOTHING revolutionary with this device. God damn it. I don’t know why I’m so cynical about this, but everything I read from my industry about devices like the iPad make me want to start punching people in the crotch. Everything I read online points to an entire industry either adamatly denying that the iPad will change things for comics or actively praying it doesn’t. Then there’s the truly astounding group of idiots just sitting there waiting to see if it does anything.

Retailers want it to fail because they want to keep selling physical floppy comics. Diamond wants it to fail because they want to keep being a monopoly for physical floppy comics. Fans want it to fail because for them, comics is about collecting, bagging and boarding, not reading. Creators want it to fail because they’re artists, and they don’t understand new business models or how to make money, nor do they want to worry about it.

What about the big four publishers? I don’t know. I suspect they fear selling digital copies of comics will cut into their existing business. That’s why the Marvel app is pushing Avengers comics from 1998 on me. Guess what I don’t give a shit about? The Avengers from 1998. What’s happening to the Avengers now? And how would it be bad for business to offer me those comics for $1.99 a piece?

That Marvel app should allow me to subscribe to my favorite CURRENT title and deliver it to me the day it hits shelves. How about charging me a premium to get it before it hits physical shelves? How about TRYING ANYTHING you luddite assholes! Hey guess what comic book industry? The iPad is not going to be a game changer. No technology is. YOU are the game changer. You have to DO something with the techology that is presented to you. Think. Be innovative. Try something bold. Don’t give me Captain Amaerica from 2004. Even a noble failure would be better than playing it safe at this point. Don’t you think?

Plas, plas, plas. Ovación de pie.

Así es como estamos. Lo peor es que no es sólo en el campo del cómic, sino en todo eso que engloba lo que llaman “Industria cultural”. Por suerte, tengo la percepción de que la actitud de muchos creadores está cambiando.

Claro, lo peor de todo es que él habla acerca de la situación en Estados Unidos. En el resto del mundo, en particular el hispano hablante, estamos peor. Porque si allí están así, por acá la “industria” simplemente se les está quedando mirando a ver que hacen, para hacer ellos lo mismo después.

Pero… ¿en verdad estamos peor? No, la “industria” es la que está peor. Y está peor todo creador que esté poniendo sus esperanzas en ella, que esté pendiente de sus movimientos para hacer los suyos.

El resto… Tenemos una increíble oportunidad jamás vista que está pasando frente a nuestras narices (bueno, yo sólo soy un juntaletras con aspiraciones, cuando suba de nivel, lo comunicaré, pero por lo pronto me meto en el bando de los creadores). Una oportunidad que tenemos que aprovechar.

Los creadores son parte fundamental del juego. Por una vez, pueden dar un paso adelante y dictar sus propias reglas. Claro, es un paso muy atrevido y peligroso, pero antes sólo lo podían dar los más osados: ahora lo podemos dar, en mayor o menor medida, todos.

Como dice Scott Kurtz, tú eres el que tiene que hacer algo con la tecnología que se te presenta.

You are the game changer.

Algunos Game changers:

Y sé que me dejo muchos más. Si conoces algún game changer que quieras sugerir, déjalo en los comentarios.