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"No plan, no backup, no weapons worth a damn. Oh, and something else: I don’t have anything to lose".- The doctor

Con la tecnología de Blogger.

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sábado, 26 de julio de 2008

Todo se andará: de Windows a Ubuntu

Pues nada, que llevo desde el fin de semana peleándome con Ubuntu y por fin he conseguido algo medio decente. Sin embargo, sigo con algunos problemillas de “atascos” injustificados que yo achaco al Firefox (más que nada porque siempre que ocurrieron, estaba abierto). Intuyo que hay algún problema de configuración, pero creo que todo se andará y poco a poco, irreversiblemente, terminaré pasándome a GNU/Linux, sea ésta u otra distribución. Cabezota que es uno, mira, que lleva ya por lo menos unos cuatro años intentándolo de una u otra forma pero siempre sin conseguir algo completamente satisfactorio.

 

Mis problemas son todos relacionados con los blogs. Las opciones tanto de escritura como de lectura son mucho más limitadas que en Windows (cosas del software libre). No he conseguido encontrar un editor de blogs (con lo que me gusta escribir offline) que me ofrezca las mismas funciones que el Windows Live Writer o el Post2Blog. Y rabia que me da, caramba. Porque mira que me ha quedado bonito el Ubuntu, todo personalizado y actualizado.

 

Y para la lectura de feeds, tres cuartos de lo mismo. Se ponga como se ponga quien se ponga, sigo prefiriendo los lectores que no necesitan estar conectados todo el rato para poder leer, cosa que el FeedDemon hace de maravillas (junto con otras cosas). Por no decir que no lo he intentado, he vuelto a probar Google Reader y Bloglines (retomando viejas cuentas) pero nada de nada, que no les cojo el gustillo. Y mira que me da rabia, porque una vez que te acostumbras al Synaptic y otros gestores de actualización, como lo echas de menos para instalar cualquier cosa.

 

Cada vez me falta menos para pasarme definitivamente a Ubuntu. Por alguna razón, esta versión no me funciona tan bien como lo hacía la anterior, pero confío en que en la próxima se mejoren bastantes cosas. Por ahora, pero por una diferencia cada vez más pequeña, en Windows encuentro más cosas apropiadas a mi modus operandi (¿u operanti?) frente a la computadora que en Ubuntu. Pero todo se andará, sí señor.

domingo, 20 de julio de 2008

Reflexiones al vuelo

Ya van no se cuantas veces que comienzo esta entrada y siempre termino derivándome hacia un tipo de discurso lleno de formas ampulosas pero vacío de contenido. Estoy tratando de decir algo, pero no consigo encontrar la manera adecuada de hacerlo. Voy a probar de otra manera:

  • Estoy harto de la crispación con la que se realizan ciertos debates en torno al asunto de los derechos de autor. Sobre todo por parte de las entidades gestoras y de los intermediarios, que sueltan falsedades constantemente para tratar de mantener su status quo. El problema de estas afirmaciones falsas es que están disparándose en el pie, pues llegará un día en el que tendrán que decir Diego donde dijeron digo, lanzándose una piedra más sobre su ya maltrecha credibilidad. Ya basta con lo de que “una copia descargada es una copia no vendida”.
  • ¿Tiene derecho el autor a cobrar por su trabajo? Para mí, no hay duda. Pero hay muchas maneras de hacerlo, sobre todo maneras más equilibradas que aquellas que defienden los taliban del copyright. Hay que encontrar una solución que beneficie a todos, un equilibrio entre la generación de cultura y entretenimiento y el acceso a ellos (no disfracemos de arte lo que, posiblemente, no lo sea ni necesite serlo para validarse).
  • Los intermediarios son necesarios, pero no como lo han sido hasta la popularización de Internet. Para empezar, hoy en día todos somos intermediarios, y todos tenemos la posibilidad (relativa) de serlo en mayor magnitud. El intermediario de hoy en día tiene el papel de dar a conocer la obra y de valorarla, no de permitir o negar su difusión. Antes, en el sector del libro, las editoriales tenían el poder de dar vía libre a una obra o de impedir que viese la luz. Hoy, ese poder ha disminuido, y deberían adaptarse a los tiempos.
  • Si nos quieren obligar a pasar por caja, la única solución es, simplemente, que no pasemos. Pero haciéndolo según sus reglas, de manera que demostremos la inviabilidad de su modelo. De nada sirve cifrar la transmisión de información cuando la encriptación puede ser ilegalizada. De nada sirve únicamente declararse al margen de la ley, ya que de esta forma la ley nunca será cambiada. Sólo se consigue que los castigos sean más severos y que las restricciones se incrementen. Por otro lado, eso sería en los casos en los que no haya compensación por copia privada. Porque si la hay, todo lo que bajemos de Internet, con copyright o sin él, es legal.
  • Está bien bajarse una canción de vez en cuando, ver una de sus películas bajándola de la red, pero no hay que hacer de ello algo indispensable. Para nuestra “alimentación intelectual y emocional” podemos recurrir perfectamente a trabajos con licencias permisivas que permitan su libre distribución siempre que sea sin ánimo de lucro, a obras en dominio público, etc. Hay mucho donde poder elegir en la red. Mientras las industrias culturales y del entretenimiento no expíen sus pecados (sobreprecio, tácticas desmesuradas de promoción, repetición de fórmulas hasta el hartazgo, etc.), no podremos volver a confiar en ellas. De hecho, no sé si lo volveremos a hacer.

sábado, 19 de julio de 2008

Tarde y mal

small_readers

Decía en otra entrada que la industria editorial (de libros, se entiende) ha llegado tarde y mal al mundo de Internet.

Tarde:

  • Hay más libros de los que creen en línea.
  • Han permitido que los nuevos modelos de negocio editorial les lleven una larga ventaja (Lulu y, más reciente, Bubok).
  • Cada vez más gente deja de leer sólo porque los contenidos ahora están en la red.
  • Cada vez más gente piensa en escribir para publicarlo en Internet, no en enviar una pila de folios repleta de esperanzas cuyo destino es ignoto.

Mal:

  • Conservadores y prohibicionistas en exceso. La manera de afrontar los cambios que han sobrevenido con Internet no pasa por esas actitudes. La red no es una estantería más donde colocar sus lanzamientos y vender objetos físicos. La red es la gran biblioteca.
  • Exentos de imaginación y creatividad para aprovechar los nuevos modelos, para encontrar nuevos escritores, para combinar lo viejo con lo nuevo.
  • Temerosos de proponer nuevas estrategias y arriesgar los medios económicos de que disponen en aventuras que, planteadas de la manera adecuada, no les va a costar gran cosa.

Las sociedades de gestión de derechos referidos a libros, publicaciones, etc. se han quedado calladitos mientras la tormenta caía sobre la SGAE. Mediáticamente, apenas han sobresalido. Pero con la popularización en estos últimos meses de lectores como el Kindle de Amazon o el Iliad le han visto los cuernos al toro. Aquellos que leíamos desde hace tiempo en una Palm (u otros dispositivos) no eramos suficientes como para asustarlos. Pero ahora que los precios aún altos de esos lectores electrónicos se ven que van a ir bajando, comienzan a temer por su negocio. Su negocio no tiene nada que temer, lo que si debe echarse a temblar es su status quo. Las cosas no seguirán como hasta el momento estaban planteadas.

 

Sin embargo, en el cambio de modelo puede ser que salgamos perdiendo los de siempre: los lectores. Ya sabéis, esa manía de socializar las pérdidas y los perjuicios, sobre todo estos últimos. Si soy yo el que lo está pasando mal, deben pensar, el lector no puede tener tampoco beneficios. Si sufro, que sufra él también.

 

Quieren lanzar medidas prohibitivas desde todos los lados para proteger los derechos de autor. En lo que se refiere a los libros, ¿saben algo, señores de las editoriales? Si se dedican a prohibir y prohibir, manteniendo sus desmesurados precios y sus ofertas constantes que colapsan las estanterías de las bibliotecas, haciendo que el lector no consiga encontrar algo digno de leerse y tratando de obligarle mediante campañas de publicidad (supuestamente financiadas por esos altos precios) a que consuma, no que compre, lea y disfrute… Si continúan haciendo eso, yo, un don nadie, usaré el lector electrónico únicamente para los feeds de mis blogs preferidos, y no creo que me duela mucho dejar de leer sus novelas porque, al fin y al cabo, es lo que hago ahora. Lo mejor de todo es que no creo que sea yo el único que lo haga.

viernes, 18 de julio de 2008

Lidiando con los días improductivos

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En Web Worker Daily, han publicado un artículo titulado “5 maneras de rescatar un día improductivo”. Se trata de una pequeña lista de consejos para lidiar con esos días en el que las horas galopan pero el nivel de producción va al paso. De las 5, sólo me ha convencido un par de ellas, y las voy a incluir en mis modestos trucos para lidiar con esos días en los que son las once o las doce de la noche y sientes que no has avanzado en nada de lo que te propones. Por cierto, hay que tener en cuenta que me refiero a tareas frente a la computadora.

 

  • Pequeños éxitos: esta es la que me gustó de Web Worker Daily. Se trata de mirar de la lista de cosas pendientes y elegir una que tan sólo nos tome 15 ó 30 minutos realizarla. Suelo usarla.
  • Hacer una tarea mecánico-creativa: con esto me refiero a realizar algo pendiente cuya parte creativa ya está realizada o que en ese aspecto la exigencia es mucho menor. Esto yo lo aplico con las páginas que están apareciendo ahora en Proyecto Autodidacta, Ya que estoy redibujando/corrigiendo/enriqueciendo, la tarea es menos exigente que si tengo que partir de cero. De esta manera, cuando termino la página siento que he hecho algo, aunque tenga muchas páginas ya hechas y hasta publicadas por adelantado.
  • Hacer una tarea mecánica: hacer algo que no requiera casi nada de creatividad. Algunas sugerencias:
    • Mantenimiento del blog: una de las tareas más tediosas pero necesarias, especialmente cuando tienes hosting propio. Debes estar al tanto de las actualizaciones de plugins, de hacer copias de seguridad (que nunca se sabe que te hará la próxima actualización de Wordpress), etc. Aunque no tengas hosting propio (usas Blogger, Wordpress.com, etc.), éste puede ser el momento de quitar ese banner, buscar otra plantilla, quitar ese plugin que no te sirve de nada y muchas cosas más.
    • Mantenimiento de tu equipo: ¿cuándo fue la última vez que ordenaste todas esas descargas? ¿O que te dedicaste a dejar limpio el escritorio de tanto icono? ¿Has clasificado ya todos esos documentos o sigues teniendo que abrir uno a uno para encontrar el que necesitas? Por cuestión de tiempo, el orden en la computadora es una tarea que vamos dejando siempre para después. Tratar de reestablecerlo es algo que, además de resultar satisfactorio, nos dará buenos resultados a posteriori. Incluye también aquí cosas más técnicas, como hacer una defragmentación, desinstalar programas, borrar el caché, revisar el registro, etc.
  • Déjalo: también incluida en WWD. Sí, déjalo por hoy. Llevas horas frente a la compu y quieres escribir algo, pero no haces más que perder el tiempo. Entonces, mejor resignate y ve a hacer alguna tarea lejos de la computadora pero que igualmente sea creativa: ver esa película a la que le tenías ganas, leer un buen libro, etc.

martes, 15 de julio de 2008

No es que no, es que no tanto

Ya lo dije en la entrada anterior: nos están FUDeando a gusto. Porque no hay control mejor que el autoejercido por el controlado bajo la presión del miedo al castigo.

 

Para poder llevar a cabo todas las medidas que las sociedades de gestión y las editoriales de todo tipo sueñan, los gobiernos deberían llevarse por delante una serie de derechos fundamentales. Pero eso no es tan fácil. Se pueden hacer cosas como el incremento de la remuneración por copia privada, sí, sobre todo cuando termina siendo enmascarado al gran público tras una crisis que eleva todos los precios. No me gusta ser conspiranoico (palabra contra la que además ya he arremetido alguna vez) pero, dado que la crisis se veía venir, el momento de poner en marcha el incremento del “canon” ha sido como un tanto oportuno, ¿no? Al final, debieron pensar, se va a quedar entre los cuatro monos de Internet a los que les interesan esas cosas. Y la tecnología es lo que tiene: que es cara. Y así se queda, disfrazado ante casi todo el mundo.

 

Como digo, no es tan fácil arremeter contra esos derechos fundamentales. Se pueden ir minando poco a poco, pero eso lleva tiempo y esfuerzo (y mucha, pero que mucha mano izquierda para lidiar con la impopularidad in crescendo). Es más fácil ir FUDeando para minimizar las pérdidas mientras unos cuantos van tanteando el terreno y llevándose los palos hasta encontrar el modelo de negocio adecuado y que funcione. Entonces, se subieran todos al carro y serán adalides de los nuevos modelos de distribución.

 

En este tránsito de modelo hay que tener cuidado. Estoy de acuerdo con Antonio Ortiz en que los ISP traicionarán a los internautas. Como él dice:

 

los proveedores de internet estarán encantados de censurar la red, de controlar lo que se pueda comunicar en ella y de matar la neutralidad de la red en el mismo momento en que se lleven parte del negocio de los contenidos, algo que viene siendo su sueño desde hace años

 

Como dije en una entrada anterior, sociedades de gestión y editoriales se frotan las manos pensando: “Vais a pagar, tarde o temprano. Y como sea”.

 

Sin embargo, yo estoy de acuerdo en eso. No tengo ningún problema en pagar, siempre y cuando sea un precio razonable (y no me vengan con que es razonable lo de $1 por canción, que estamos en las mismas). Aquí, en Ecuador, hubo una iniciativa interesante. Los CDs musicales tenían dos versiones: una al precio normal (entre $10 y $15, a veces más), con estuche normal, cuadernillo y demás zarandajas que se les ocurriese; y otra con un estuche de cartón, sin cuadernillo, sólo con el CD, a $3. Me pareció una idea más que razonable, pero no sé que pasó con ella. En mis escuetos y ocasionales recorridos por alguna tienda de discos, no volví a saber nada de ella. En un foro que se realizo el año pasado, le pregunté directamente por esa iniciativa al por entonces director (o lo que sea, el cargo más elevado) de SAYCE (la SGAE ecuatoriana) y directamente no me contestó, aunque sí lo hizo al resto de cuestiones que le planteé. No se si fue un simple descuido o algo más.

 

$3 por CD. Eso es razonable. En euros, por eso de que los gastos han de ser más elevados en Europa, dejémoslo en €5. Por Internet, para canción dejémoslo en 25 céntimos para redondear (el soporte corre por cuenta del receptor). Y faciliten el pago. Por ejemplo, haciéndolo por medio de SMS (como hacen algunos sitios de descargas de software). ¿Las películas? Igual. ¿Las series? Lo mismo. Y en lugar de enfrentarse contra sitios de subtítulos, darles un pedazo del pastel. Ahora, hay los medios para hacerlo de mil maneras.

 

¿Que la gente lo quiere todo gratuito? Toma ya, y quien no. ¿Que no está dispuesta a pagar por cosas que deben ser pagadas (aunque esto requeriría de matices)? Mentira. No es así. La gente está dispuesta a pagar siempre y cuando sea a un precio razonable (para ella) y no entrañe dificultad alguna. Y además, que no limite los comportamientos que tenía anteriormente. Si pago por una canción y la paso a mi reproductor, ¿por qué no va a poder escucharla mi esposa en el suyo sin pagar antes? Vamos, que nada de DRMs. Si consiguen que sea más fácil descargarse una canción pagando que tener que recurrir al P2P o a una web con mecanismos de búsqueda poco efectivos, la incidencia de esas descargas será anecdótica y hasta redundará a su favor (publicidad).

 

Y sigue habiendo más modelos, incluso basados en lo gratuito (publicidad, ingresos por conciertos, etc). Mecanismos, los hay. Pero mientras quieran seguir manteniendo los ingresos pre-hitech (por llamarlo de alguna forma), lo llevan claro.

 

A todo esto, ¿cómo ha reaccionado la industria editorial (de libros)? Tarde y mal. Pero eso será para una próxima entrada.

lunes, 14 de julio de 2008

Nos están FUDeando

Nos quieren echar… No, nos están echando el aliento encima porque eso es todo lo que nos pueden echar. No soy un ingenuo y no creo que las leyes no puedan torcerse para dificultar la vida del ciudadano a beneficio de unos pocos. Seguramente, así suceda ya (ver la compensación por copia privada en España). Pero también creo que los comportamientos de la sociedad en su conjunto tienden a autoregularse, buscando un equilibrio que, a pesar de que no se alcance de manera definitiva, sí hay una tendencia constante hacia él. Cualquier burbuja tiende a estallar, cualquier exageración tiende a disminuir. Pero, mientras tanto, los perjuicios temporales pueden ser considerables. Y tocan los cojones cosa mala.

 

Digamos entonces que llevasen a cabo lo de los aeropuertos. ¿Cómo lo van a llevar a la práctica? ¿Van a examinar uno por uno todos los aparatos electrónicos capaces de llevar archivos con derechos de autor? ¿Vas a tener que pedir hora para dejar tu máquina-usb-reproductor-loquesea y luego recogerla antes de embarcar? ¿Cómo van a diferenciar entre un documento en PDF con licencia CC y un documento con copyright que escaneé del original que yo compré para mi uso personal? ¿Qué harán las aerolíneas cuando noten una disminución en sus ingresos por lo incómodo que se haga volar? Y eso, sólo son algunas preguntas que surgen a vuela pluma.

 

Lo dicho: nos están echando el aliento en el cogote lanzando al aire medidas inaplicables técnicamente y sin vulnerar derechos fundamentales. Ya que por el momento no se pueden aplicar sistemas efectivos de control, se está tratando de crear una atmósfera de miedo a escala mundial, una ilusión de control que se pueda constatar mediante la elección aleatoria de un par de cabezas de turco que generen leyendas urbanas que asusten a la población. Vamos, un FUD en toda regla (siglas en inglés de “miedo, incertidumbre y duda”). A eso se le llama ingeniería social, mucho más efectiva que cualquier ingeniería informática.

 

Como he dicho, cualquier comportamiento social tiende al equilibrio. La aparición de sistemas para intercambiar fácilmente información (con o sin derechos de autor) fue una reacción natural a la burbuja que creo la industria de contenidos. Ahora, ésta trata de oponerse a una regulación que les hará perder los beneficios obtenidos por medio de una alteración artificial y desmesurada de su propio mercado. Por ahora, los mecanismos que tienen a mano son todo tipo de FUDs que les vengan a la cabeza. Vendrán más, tenedlo por seguro.

Estos tiempos que vivimos…

Menuda llevamos con la Unión Europea. Si es que se cubren de gloria, ya lo dije antes.

 

Pero independientemente de lo alarmista o alarmante que sean esas enmiendas que se votarán en septiembre, creo que los pasos que se están dando, principalmente de cara al público, vienen a querer decir una cosa: “No importa. Pagaréis por nuestros contenidos en un momento u otro. Al tiempo”.

 

El sector de los libros ha empezado a reaccionar ya, bastante tarde en relación a sus primos de la música. Pero en relación a su propia realidad, es cierto que han despertado un poco más rápido, pero sólo un poco. Ya sabéis lo que dice el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”. Quizás se han dado cuenta de que su burbuja puede estar a punto de estallar. Sí, burbuja, que no sólo la hay inmobiliaria. Una burbuja de precios inflados y obras mediocres e hinchadas pululando a diestro y siniestro. ¡Ay va! Pero si es la misma burbuja de la música, repleta de radioformulas, canciones vacías y mediocres cuya única forma de supervivencia es reproducirse como una infección a base de repetirse y repetirse y repetirse en el hilo músical conformado por las emisoras de radio. Eso sí, siempre con los mismos precios altos, sin importar las justificaciones que se tengan que sacar para mantenerlos.

 

Ni todos los escritores son pedantes y mediocres, ni todos los músicos son parásitos y mediocres. Y me refiero a los afiliados a sociedades de derechos de autor, que suelen ser a quienes se les imputan esos calificativos con mayor ligereza (por obvias razones). Pero lo que pasa es que la gente, todos estamos cabreados. Y mucho. Porque, vamos a ver, ¿cómo es posible que bajen los precios de todos los elementos técnicos implicados en la producción y fabricación de un “objeto cultural” y el objeto en sí no lo haga? ¿Cómo es posible – en el caso de la música y el cine – que nos vengan vendiendo una y otra vez lo mismo con la excusa del cambio de formato?

 

Ante una situación así (y sí, ya se que hay matices y casos), es normal que la gente se cabree. No es para menos. Entonces, ¿qué es lo que ocurrió cuando estábamos ante una aceptación del orden de las cosas porque no había más narices? El advenimiento de la popularización de la tecnología. ¡Catapum! De pronto la gente (o sea, nosotros) teníamos (y tenemos) la sartén por el mango. Nada de tener que comprarme la misma música y las mismas películas una y otra vez con la excusa del cambio de formato (¿cuánto habrán ganado los artistas con cada cambio? ¿Y las sociedades de gestión?). Ahora, mientras haya computadoras (y creo que esto va para laaargo), con que tenga la canción en un formato decente y unos cuantos respaldos, se acabo lo que se daba. Mientras tenga un AVI o un FLV y discos duros, ahí me las den todas. Vaya, los que siempre las recibíamos todas en el mismo carrillo, ahora resulta que no teníamos porque recibir más. La burbuja estalló.

 

Y estalló la guerra.

 

La palabra “ladrones” empezó a circular cuales balas entre un bando y otro: los productores, los intermediarios y los receptores. Vaya, pero si son tres. Aquí, en verdad, sobra alguien.

 

¿En verdad?

 

¿Sobran los intermediarios? Porque vamos, según lo veo yo, quien importa más son los productores y los receptores, a partes iguales (porque se es uno u otro según el momento, el lugar y la temperatura ambiente). Pero, ¿sobran de verdad? ¿Cuál es la página más visitada del mundo? Sí, Google (vale, con matices y según donde). ¿Y qué es Google? Ah, bueno.

 

Los intermediarios no sobran. Lo que sobran son sus maneras de proceder, de actuar. Los intermediarios, en un mundo tan abundante de información y cultura, son necesarios. Los que sobran son los abusos y la prepotencia. Sobran aquellos que quieren seguir inflando e inflando la teta cuando la leche que alberga ya se ha acabado. Sobra el modelo de negocio basado en la extracción sistemática e inmisericorde del bolsillo del receptor una vez que se lo tiene atrapado por sus gustos: ¿te gusta esta película? Compra la cinta en Beta. No, vuélvela a comprarla en VHS, que ahora sólo hay películas en ese formato y no vas a tener dos trastos en el comedor, con lo que abulta el Beta ese… No, cómprala en DVD, que viene con unos extras y te ocupa menos espacio. No, compralá en Blu-ray, que nos hemos gastado un pastón en… ¡Doh! ¿Por qué me da a mí que el Blu-ray de las pelotas va a ser un fracaso mayor que el de la armada invencible? Sólo el mismo hecho de su desarrollo es una muestra palpable de la avaricia que les mueve a algunitos por ahí.

 

Una vez, bueno. Dos, mmm… vale. Pero tres o más, ya huele a chamusquina. Y entonces, todos nos cabreamos porque nos sentimos explotados. Resulta que ese tipejo tan majo, del cual nos comprabamos todos los discos, y del cual estabamos dispuestos a volvernos a comprar otra vez toda la discografía o toda la filmografía pues ahora quiere que volvamos a pagar por lo que ya pagamos en su día. Y como sus canciones forman parte de nuestra vida, acompañan y despiertan nuestros recuerdos (alegres, tristes, triunfales…), que alguien por quien se siente tanto aprecio se muestre tan descaradamente interesado (porque siempre lo ha sido, pero al menos se tomaba la molestia de disimular) pues hace que… eso, nos cabreemos. Por mucho que digamos, las formas nos importan bastante.

 

Y así estamos: cabreados. Pero no me gusta cabrearme porque sí, y me gusta tratar de buscar soluciones. No soy partidario del enfrentamiento, sino de la negociación y de la búsqueda de alternativas. Sin embargo, ese tipo de cosas y este debate lo dejaré para otras entradas, que en esta ya se me ha ido la mano (de verdad que quería hablar sólo de libros, pero es lo que pasa cuando te callas: que terminas reventando). Sólo quería dejar sentado como veo yo las cosas, cual es el origen de este conflicto, que es lo que me molesta como receptor (no me satisfacen ni usuario, ni mucho menos consumidor). En próximas entradas, más al respecto.

 

Pero para cerrar, quiero añadir un párrafo que me ha llamado la atención. Llegué a él por medio del blog de David Bravo. Es de Javier de la Cueva, y aunque el tema en que se centra es la tecnología… Bueno, ahora todo tiene que ver con la tecnología. No importa. El párrafo que me llamó la atención es el siguiente, porque resume muy bien unas cuantas inquietudes que yo me cargo hace tiempo:

 

Para empezar, creo que el tema de la propiedad intelectual ya no es relevante, si bien seguimos discutiendo sobre propiedad intelectual, y quiero matizar esta afirmación: la propiedad intelectual no es relevante desde el momento en que tenemos un medio, que es el de Internet, donde es absolutamente imposible dotar de eficacia al Derecho de propiedad intelectual. Sabemos que el Derecho se manifiesta en tres planos: el primero de ellos es la Justicia, objeto de la Filosofía del Derecho, el segundo es la validez de la norma, objeto de la Ciencia del Derecho, y el tercero es el plano de la eficacia, objeto de la Sociología del Derecho. Desde el momento en el cual la propiedad intelectual de un objeto material ha sido transformada en la propiedad de una lista de unos y ceros, la única manera de poder hacer eficaz la propiedad intelectual de los objetos que se distribuyen en las redes es estableciendo un sistema de controles de las mismas que atentaría contra unos derechos de superior jerarquía, cuales son los derechos fundamentales; esto es: interviniendo las comunicaciones entre los ciudadanos.

 

Acerca de esto y mucho más, en próximas entradas.

jueves, 10 de julio de 2008

Incapacidad de valorar

ipod-touch Entre el torpedo que está intentando meternos la UE por salva sea la parte e iniciativas como “Educar para crear” y el supuesto deseo de las distintas industrias de contenidos para actualizarse, ando algo enervado. Varias veces he intentado el día de hoy redactar una entrada con la que dejar salir a la sangre hirviente que corre por las venas pero ha sido una jornada un tanto peculiar y el cuerpo no me da para enfurecerme y decir algo racional al mismo tiempo.

 

Sin embargo, siguiendo cadenas de enlaces, llego a un artículo de ReadWriteWeb titulado “Los peligros de lo gratuito”. El nombrecito es atrayente y lo leo. En su mayoría, la verdad es que no estoy de acuerdo (¿en verdad es una maniobra sucia que Google ofrezca su servicio Docs gratuito para vencer a Microsoft?), pero la parte cercana al final me dejó pensando: hablan de la Generation Free.

 

Según dice en el texto, “los adolescentes están creciendo no solo con un sentido de expectación por lo gratuito, sino con un sentido del derecho a lo gratuito. (…) El teléfono no es gratuito, ni la televisión, ni la ropa, ni la comida, ni la casa. ¿No es una paradoja?” (mil perdones por mi inglés mal traducido). Y añade “Hace tan sólo unos pocos años, la gente tenía bajas expectativas y trabajaban duro para vivir. No conocían lo gratuito y no lo esperaban. Ahora, se da la tendencia opuesta (…). ¿Podrá la nueva generación, que espera algo a cambio de nada, trabajar duro para mantener los altos estándares de vida que hemos creado?”. Por supuesto, como bien dice después, nada es gratuito. “Recibimos servicios a cambio de nuestro tiempo y nuestra atención, a cambio de la oportunidad de mostrarnos anuncios”.

 

Obviamente, este es un razonamiento un tanto simplista, y como también dice en el artículo, el asunto es mucho más complejo de lo que parece a primera vista. La pregunta dentro del contexto de la web cobra una forma definida e invita a un debate en el que, por un lado o por otro, prácticamente lo tenemos todos los días. Sin embargo, olvidémonos de ese contexto por un momento (aunque ya volveré en otro post sobre él), y hagamos la pregunta al aire: ¿Podrá la nueva generación, que espera algo a cambio de nada, trabajar duro para mantener los altos estándares de vida que hemos creado?

 

No es lo mismo un libro electrónico gratuito que un móvil. Negocios diferentes, entornos diferentes, modelos diferentes. Pero, ¿y si esa generación a la que se refiere tiene ambas cosas gratuitas? Recuerdo el caso de un muchacho en el colegio en que trabajaba hasta hace poco. Perdió un móvil de última generación, ultra delgado (no recuerdo el modelo, soy muy malo para eso). Al día siguiente, ya tenía uno nuevo. Y el problema no está tanto en la rapidez de la sustitución (yo no puedo vivir sin reproductor MP3, cada uno tiene sus cosas), no era eso lo que me llamó la atención. Lo que me llamó la atención fue la ligereza con la que se tomó la pérdida, como si fuera algo que no importase, que no tenía valor para él. Obviamente, el precio no le importaba mucho (familia adinerada), pero es que tampoco valoraba el aparato, de manera que tampoco valoraba el dinero que costaba, que debió, de una manera u otra, costarle trabajo a sus padres. Y de esos casos, he visto más de uno.

 

Con tanto jaleo acerca de los contenidos bajo copyright, a mí me parece más preocupante que un chico aparezca un día con un iPod Touch y al siguiente con una PSP, mostrando hacia tales gadgets la misma indiferencia que le despiertan sus pésimas notas. Total, que importa. Detrás están papá y mamá, que comprarán el gadget de turno si se le pierde el anterior a los dos días de tenerlo o que le cambiarán de colegio a uno más permisivo para que se gradúe.

 

Otro día hablaremos del copyright, el copyleft y la gratuidad de los contenidos. Sólo quería señalar que Internet no es la razón por la que las nuevas generaciones no valoran adecuadamente las cosas, y muchas cosas, no precisamente el último disco de Kiss.

La industria editorial quiere contr… renovarse, digo

A buen entendedor, pocas palabras bastan. Las citas son de este artículo de El País.

 

Franch denuncia que, hoy por hoy, quienes controlan las ediciones electrónicas de los libros no son ni los escritores ni los editores, sino grandes empresas tecnológicas como Amazon, Apple o Google. Los que intervienen en la creación se quedan fuera.

 

Esas grandes empresas tecnológicas son canales de distribución, simplemente. ¿Controlan las ediciones electrónicas? ¿En serio? ¿No serían más bien comparables a las distribuidoras? Ah, lo que pasa es que no pueden o no saben controlarlas. O no se quieren esforzar en aprender como funcionan los nuevos mecanismos de distribución y difusión.

 

 

Franch añade una premisa que tampoco se dio en las industrias musical y cinematográfica: "Debe quedar muy claro para el público que descargarse un libro es un robo, que no deben hacer en Internet lo que no harían en El Corte Inglés"

 

No, no lo es. Si yo cojo un libro en El Corte Inglés y no lo pago, eso es robo porque me quedo con un ejemplar del que un número finito de copias. Las copias digitales son prácticamente infinitas. Será cualquier otra cosa, pero desde luego no es robo.

 

Los formatos electrónicos son "una gran contribución", según Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación del Gremio de Editores de Prensa, pero debe ser "adecuadamente remunerado". El 25% de las empresas, según Ávila, emplean ya nuevos soportes y hay más de 156 compañías que usan soporte "no papel" de forma habitual. Pero frente a los 12 euros de media del libro de toda la vida, el digital cuesta 7, añade.

 

Eso de los 12 euros de media… Y eso de los 7 del digital… Madre mía, que fácil es coger y usar cifras “de media”. Pero hay que fijarse bien en que quien lo dice pertenece al “Gremio de editores”, que no de escritores.

 

Vamos, no seáis perezosos. Leed el artículo original si es que ya no lo habéis hecho. No tiene desperdicio. Se trata de una muestra más de la desubicación frente a las nuevas tecnologías por parte de los sectores “tradicionales”, que entienden que “adaptación” y “control” son sinónimos. Lo que yo me pregunto es: ¿a quién temen? ¿A Amazon o a Lulu y a Bubok?

Conservadores y generadores

Warren Ellis calificó los años del 2000 al 2007 en una entrada reciente como “The patchwork years” (leche, que no sé como traducirlo). En resumen, los años en los que los nuevos medios han servido para recopilar y ordenar la información. Pone a BoingBoing como paradigma de los conservadores de enlaces. Según Ellis, ahora que ya estamos llenos de conservadores, es la época de los “generadores” (o así lo interpreto): material original, completamente original, al alcance de todo el mundo en la web.

 

Sus palabras me han hecho pensar. ¿Es cierto eso más allá de lo anecdótico de cerrar o abrir un periodo? En realidad, ¿cuánto material original hay en la red? ¿Y que se puede considerar material original? ¿No estamos más bien la época del reciclaje y la remezcla, sin tono peyorativo, por favor?

 

Tu haces, yo interpreto y aporto; yo creo, tu añades y creas otra cosa nueva. Algo viejo, muy viejo, hecho a lo largo de los siglos, impulsado por los millones de personas conectadas a la web, con acceso a información que antes, de otra manera, se hubiese perdido, como mucha que se perdió antes.

 

Sí, de conservadores, generadores y recicladores, todos tenemos un poco. De ti depende que faceta es la que quieres desarrollar más que las otras. Y ojo, que todas son igual de dignas.

martes, 1 de julio de 2008

Descarga gratis todos los “Todos menos tú”

Como sabéis, colaboraba regularmente en Blog en Serio realizando las tiras “Todos menos tú”. Sí, uso el pasado pues esta colaboración terminó hace una semana (aunque ninguno de los dos dijésemos nada). Como corresponde a estas fechas, fin de la primera temporada.

 

“Todos menos tú” vio la luz por estos lares, pero se mudó al blog de Víctor a petición suya. Por aquí fueron apareciendo algunas tiras que salían previamente en BenS, pero mi natural dejadez para según que cosas hizo que al final dejase de re-publicarlas por aquí.

 

Con motivo del cese de actividades “tiresco”, hemos decidido hacer una recopilación de todas las tiras publicadas y ponerlas a disposición del respetable en un solo PDF descargable, como siempre, de manera gratuita.

 

portada_tmt

 

El volumen tiene como atractivo nombre “Ctrl+C Ctrl+V” y como tiene licencia Creative Commons 3.0, podéis hacer lo que queráis con él menos venderlo (porque, además, no creo que nadie lo comprase :)). Si por alguna razón no funciona el enlace, está disponible desde la página de “Descargas” de Proyecto Autodidacta.

 

¿Habrá una segunda temporada? Pues realmente, no lo sé. Parece que Víctor estaría dispuesto a albergar de nuevo mis despropósitos, pero veamos que ocurre durante este verano (si es que por estos terrenos se le puede llamar así: ¡qué frío hace por la noche!).

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