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viernes, 30 de noviembre de 2007

Irregularidad prolongada

Se acercan las fiestas de Quito. La semana que viene, tendré más días libres que de trabajo, lo cual es satisfactorio. La jarana se apropiará de las calles, lo cual no me resulta tan halagüeño: demasiado mal borracho suelto por las calles. Y no es que no me guste tomarme unas copas, pero tampoco me gusta excederme. Soy más amigo de la “noche prolongada”: hasta el amanecer, con unos cubatitas por aquí, otros por allí, buena conversación jugando a ser mécanicos de la humanidad y terminar de amanecida con un carajillo; “temprano”, irse a la cama, y despertar por la tarde o al día siguiente sin un ápice de resaca.

Ya no está el cuerpo para esos trances, aunque vienen bien de vez en cuando. Poder hacer lo dicho en fiestas de Quito representa un riesgo y una cantidad de dinero que ni tengo ni quiero asumir. Por lo tanto, de nuevo las pasaré en casita.

No se que tanto afectará ese breve enclausuramiento, semi-voluntario y semi-obligado, en este blogs y sus hermanos, pero ojalá que no mucho. Como dije en otro momento, quiero aprovechar ese tiempo para planear la “estrategia publicitaria” de The Max (lo pongo entre comillas porque me parece que es un nombre que le queda un poco grande a lo que voy a hacer, aunque no deja de corresponderse con la realidad). Y además, poner en orden unas cuantas cosas que lo merecen. Pero de lo que no me cabe duda es de que allá por el 10 de diciembre a más tardar, volveré con fuerzas renovadas.

El culpable

Hace poco me leí “Hay algo que no es como me dicen: El caso de Nevenka Fernández contra la realidad”, de Juan José Millás. No voy a entrar a hacer una reseña del libro, ni siquiera una crítica. Sólo decir que Millás me gusta más en sus cuentos cortos que en sus novelas. De éstas, únicamente dos me convencieron.

Pero tampoco voy a hablar de Millás (aunque debería hacerlo en otro momento), sino de algo que decía en ese libro: la culpabilización de la víctima. Y es que es increíble la manía que tenemos en nuestra sociedad de echar la culpa de lo que sucede a aquellos a los que les sucede.

En el libro mencionado, repetía más de una vez como, en una situación de acoso, lo primero que pregunta la gente a la acosada (una vez que se abusó de ella) es que por qué no hizo nada. Una situación de acoso tiene muchos matices, y las razones de la inacción en ocasiones son muy profundas.

Pero no sólo en el acoso se da esa situación de culpabilización. Se da en muchos otros aspectos de la vida. Si tu jefe te trata de manera despectiva, humillándote constantemente, el culpable de esa situación eres tú, independientemente de que tengas poderosas razones para aguantar esa humillación. Si te han cobrado de más en un comercio, tú eres el culpable, por no fijarte bien o por no hacer valer tus derechos de consumidor. Si te atracan, la culpa es tuya por ir por esas zonas a esas horas, o por no estar alerta.

Esta manía de culpabilizar está más extendida que . Aunque quizás categorizarlo como manía sea excesivo. Es como una especie de tic. Unos guiñan el ojo sin control, otros buscan siempre responsables y unos muchos se dedican a echarte la culpa siempre a ti, sin importar la situación y sus detalles. Es como ese viejo dicho de las madres: “como te caigas, te pego”. O sea, que te abres la cabeza y encima te dan una paliza. Y lo peor es que, a veces, si no hay nadie quien lo haga, lo hacemos nosotros mismos. Ante un hecho fortuito desafortunado, en nuestro intento de darle sentido al mundo tratamos de buscar responsables, y como el que tenemos más cerca somos nosotros mismos, pues nos empeñamos en decir cosas como “¡Si es que tenía que haberme dado cuenta!” o “¡Como se me ocurrió ir por ahí!”.

Si ya es malo que un tercero te culpe, que decir cuando tú mismo lo haces sin que haya necesidad. En este último caso, lo mejor es sobrellevar lo mejor posible lo sucedido, sin darle muchas vueltas por lo menos hasta que haya pasado algún tiempo.

Todo esto viene a que anteayer me robaron una pequeña carterita de mala imitación china de cuero. Dentro iban mi móvil y dos reproductores MP3. De ahí las reflexiones anteriores.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Blog sobre televisión

Si es que yo creo que sólo hace falta la carencia para motivarse. Lo digo porque elamordemivida acaba estrenar un blog: Hablando de tv. Tanto tiempo insistiendo en que crease uno y ahora, sin conexión, no se le ocurre otra cosa que... No, si al final es que ambos tenemos una manía de llevar la contraria o, por lo menos, un pequeño defecto de fábrica que nos lleva a hacer las cosas al reves :) Bueno, pues ahí está su blog, donde hablará de la televisión ecuatoriana, un tema que tiene mucha tela que cortar, sí señor. Mientras comienza a terminar (¡uy!) esta semana tan ajetreada, continuamos con las reseñas del seminario "La radio en la posconvergencia digital". Ahora toca el turno de lo ocurrido el día de ayer, miércoles 28 de noviembre. Ay, espero volver a escribir normalmente en estos días, que ya me pesa y encima tengo unas cuantas cosas que contar...

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Enlazando(me) ando

El nivel de pereza para escribir es directamente proporcional al número de días que lleves sin juntar letras para tu blog. Está escrito (concretamente, un poco más atrás).

Creo que hoy voy a tener un hueco en mi agenda (je, je, ¿a que suena tan profesional como presuntuoso?) y me voy a poner a escribir unas cuantas entraditas para “alimentar a la bestia”, pues no es otra cosa un blog: una bestia que exige alimento constante en forma de texto. Si no come, se muere, y con él una pequeña parte de ti (al menos en mi caso).

Por ahora, sólo dejar unos cuantos enlaces de los que hablé en entradas anteriores:

Dossier Autodidacta #2: Conversación con Richard Stallman.

La rueda de prensa que mencioné en su momento.

Autodidacta podcast #4: Primer día del seminario “La radio en la posconvergencia digital”.

Casi una hora conversando con elamordemivida acerca de este seminario al que está acudiendo.

Autodidacta podcast #5: Segundo día del seminario “La radio en la posconvergencia digital”.

Grabación realizada ayer, demasiado tarde en la noche, porque después hubo que posproducir un poco. Se incluyen comentarios de asistentes a otros talleres del seminario.

Mañana, más. Ya me está entrando el “mono” de escribir...

lunes, 26 de noviembre de 2007

Ewebgelizando (2.0) ando

Un día en el que yo estaba contando alguna que otra noticia curiosa leída en la blogosfera, un compañero me dijo algo así como “Yo quiero hacer como tú, pero no sé por donde empezar”. Al decir “hacer como tú”, obviamente se refería a emplear Internet como recurso de información, com suministrador, por decirlo así.

Esa observación me hizo pensar, y hasta el momento no he parado de darle vueltas al tema. Creo que la blogosfera es un buen camino para comenzar a sacarle jugo a la web. La situación actual de lo que se conoce como web 2.0 le dota de un gran dinamismo a la red, de manera que partiendo desde unos pocos sitios y siguiendo el hilo de enlaces, se pueden llegar a hacer grandes descubrimientos. La mayoría de la gente emplea la web para problemas concretos de información. Muchos no conocen aún las enormes posibilidades de aprendizaje (mediante la recepción de información variada) y entretenimiento que se albergan en la red. Para dárselas a conocer, nada mejor que la blogosfera, con su jungla de enlaces y vídeos empotrados, con su variedad de temas (eso sí, siempre necesitada) y sus diversos enfoques, con sus recomendaciones y sus conversaciones por medio de los comentarios.

Pero ¿por dónde debe comenzar el recién llegado? Sin duda, podríamos recomendarle algún directorio, desde el que parta la exploración. Esto puede resultar de muy efectivo en primera instancia, pero es posible que si el directorio no es claro y completo, termine obteniendo pocos resultados satisfactorios y que se aburra. O, por el contrario, que se abrume ante tanta información, pueble sus “favoritos” de enlaces y luego no encuentre manera de regresar a una entrada concreta que le gustó, o a un dato que le pareció de interés.

Mi sugerencia para evitar estos problemas es recurrir a varios elementos: un lector de RSS, un archivo OPML y unos cuantos consejos, todo ello dentro de un curso megarápido de capacitación. Pongámonos en el caso de un usuario de nivel básico, que apenas tiene una cuenta de correo pero no sabe que es el spam (aunque lo sufra) y que guarda las fotos que le gustan copiando y pegándolas en el Word. Veamos que pasos hay que seguir para iniciarle en todo esto de los blogs.

Empezamos por explicarle qué es un blog, pero sin muchos tecnicismos. Una buena explicación podría ser que se trata de un sitio web que se actualiza frecuentemente, escrito por un particular, una empresa, una organización etc. Creo que no es necesario explicar lo de que los últimos artículos aparecen siempre al principio, o por lo menos nada de emplear términos como “orden cronológico inverso” ni tecnicismos por el estilo que sólo causan una confusión innecesaria. Si uno lo mira fríamente, olvidándose de las primeras definiciones que escuchó de un blog (y que incluían lo del “orden cronológico”), se da cuenta que no hace falta explicar nada al respecto porque la gente asume que lo que aparece al principio es, de un modo u otro, lo más reciente. Además, el usuario ya se dará cuenta solito de que es así.

A continuación, hay que añadir que la ventaja de los blogs (para el lector) es que tienen un método para avisarte de que se han puesto nuevos contenidos y que se llama RSS. Es como cuando te suscribes a una revista: cuando sale, te la envían directamente a casa. Esto es lo mismo: por medio de un programa, en el momento en que alguien escribe algo nuevo en su blog, tú lo puedes leer. Y lo mejor de este método es que puedes suscribirte a tantos blogs como quieras, de manera que puedas leerlos sin necesidad de ir hasta cada uno de ellos: todos desde el mismo sitio.

Una vez que nos hemos asegurado de que lo ha entendido, le cerramos la boca (porque si está verdaderamente interesado, seguro que la tendrá abierta) y pasamos de la teoría a la práctica. Como siempre, esta es la parte más dura.

Podríamos desembarazarnos del problema simplemente diciéndole que entre a Bloglines o a Google Reader, se abra una cuenta, se ponga a buscar blogs en Bitacoras.com y que cuando encuentre uno que le interese, haga clic en el icono naranja que tiene una especie de ondas y ya está. Pero eso sería el equivalente a explicarle que un coche es un medio de transporte que tiene un motor y cuatro ruedas, para hacerlo arrancar mete la llave, pisa ese pedal que es el acelerador y ahí te estrelles. No, todavía tenemos que trabajar un poco más.

A los usuarios a los que me refiero, les sacas del Internet Explorer y de su cuenta de Hotmail y, tras maldecirte a ti y a toda tu estirpe, regresan a ellos a menos que las alternativas sean fáciles de usar y realmente efectivas. Esto nos lleva a que, por el momento, es mejor olvidarse de los lectores RSS online, sobre todo porque mi plan incluye un archivo OPML que habría que importar, lo que le añadiría complejidad al proceso con, por ejemplo, Bloglines. Yo sugiero recurrir a una herramienta de la que ya hablé: el lector GreatNews.

Como dije en su momento, GreatNews es un lector sencillo pero completo para su sencillez, y que cuenta con una versión instalable y otra portátil. Nosotros vamos a recurrir a la portátil. Por ello, deberemos hacer un pequeño trabajo previo.

Primero, lo que hacemos es descomprimirla e importar el archivo OPML de los feeds a los que estamos suscritos. A continuación, depuramos la lista de suscripciones, borrando aquellas que creemos que no le van a interesar a nuestro amigo, o que tocan temas técnicos un tanto complicados. Por último, podemos crear un acceso directo que se llame “Abrir aquí” o algo similar, ya sea dentro de la carpeta del GreatNews o fuera de ella. Esto lo haremos dependiendo del nivel de nuestro amigo. Si es lo suficientemente avanzado, tan sólo le explicaremos que haga doble clic en GreatNews.exe para abrir el programa.

Cuando hemos hecho todo esto, le copiamos el programa a nuestro amigo, diciéndole que todo lo que tiene que hacer es abrirlo mientras está conectado a Internet y que él solito se encargará de actualizar todos los blogs. Cuando quiera leer uno, sólo hace clic en su nombre dentro de la columna de la izquierda. Eso es todo. Pero antes de despedirnos, le damos algunos consejos.

  • Cuando veas un enlace a algo de tu interés, haz clic en él. Te servirá para ampliar la información y conocer nuevos sitios.

  • Si descubres un blog que te parece interesante, suscríbete a él. Para ello, puedes hacer clic en “Add a news feed” en la página de inicio del GreatNews o en el menú Channel > Add > Channel.

  • Presta atención a lo que lees. Muchos blogs dan consejos útiles que te servirán para mejorar tu vida en la red, y hasta fuera de ella.

  • Se crítico con la información. No te tragues todo lo que leas y contrasta la información, pero esto es aplicable para todos los medios de comunicación, no sólo los blogs.

  • Si te gustó un artículo, comenta. Si no te gusto, también. Si quieres añadir algo, también. Para comentar, haz clic en el título de la entrada y el blog original se abrirá en el navegador. Debajo del texto del artículo, encontrarás los comentarios que han puesto otras personas y el formulario para poner el tuyo propio. Lee los comentarios antes de escribir el tuyo propio.

Creo que por medio de este método, el neófito interesado tendrá un buen punto de partida para sacarle mayor partido a la red. A partir de aquí, le dejamos solo, recordándole que la mejor manera de aprender es explorando, aunque alguna que otra vez le echemos una mano (sin llegar a caer en el modo “pringao”).

Como podéis ver, a esta entrada le falta algo fundamental para estar completa y ser más útil: la selección de blogs a incluir en el OPML pensando en dicho neófito. Pero eso lo dejo para otra entrada, que esto ya se alargó considerablemente.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Despistados y no tanto

Cierto que todo blog personal es, en mayor o menor medida, un ejercicio de ego. Pero creo que me estoy pasando: las entradas anteriores no es que hayan sido filtradas por el “yo y mis circunstancias”, sino que han sido totalmente sobre mis circunstancias. Lamento el ataque de egotitis ligeramente llorona (como me quejo del tiempo, por dios ¿será porque ahora me estoy leyendo “Ladrón de tiempo” de Terry Pratchett). Espero sepan disculparme. Por lo anterior y por lo siguiente, aunque espero ahora sacar una reflexión un poco más productiva.

Debo decir que este blog no nada en abundancia de visitas. Suscritos, tampoco es que sean muchos que digamos. Este es un blog modesto y, aunque no me importaría nada que ambas cosas subieran (lo hacen, pero a paso de tortuga), no me quita el sueño y no voy a hacer nada por tratar de incrementar el número de lectores, excepto esforzarme en escribir mejor, pero eso es ya por los habituales por estos lares, que se lo merecen, caramba.

El punto es que me han ocurrido hace poco dos cosas que me llaman la atención más que nada porque similares las he visto reseñadas oportunamente en otros blogs con muchas más visitas que este. Por un lado, los comentarios de lectores que no leen ni la entrada ni los comentarios, o que leen “selectivamente”. Si no, lean dichos comentarios en la entrada sobre Kiva.org aquí mismo ( y he de subir esta entrada “en paquete” junto con las anteriores). Por otro, un par de correos de dos sitios web hablándome de sus servicios (los cuales, por cierto, no me interesaron en principio y, además, no puedo revisarlos tranquilamente para hablar de ellos).

De los primeros, no digo nada. Cierto que no son tantos como aquel caso del iPod “gratis” (lamento la falta de enlace: escribo offline, pero lo podéis encontrar haciendo una búsqueda en No puedo creer que lo hayan inventado), pero no deja de asombrarme al sufrirlo a pequeña escala en mis propias carnes virtuales. De los segundos, simplemente me llama la atención, aunque imagino que no debo ser el único que tenga un blog de pequeña escala y que haya recibido este tipo de publicidad. ¿Debo ofenderme y considerarlo spam? Sería absurdo, sobre todo pensando que yo mismo he hecho algo similar anteriormente (pero con datos más limitados) y estoy sopesando como repetirlo de manera más efectiva (y menos molesta).

Sobre los primeros: ¿se ha de considerar cerrar los comentarios ante casos así (sobre todo cuando exceden un cierto límite de cordura)? Creo que en Blogger no se puede hacer, pero si se pudiese, quizás sería lo mejor, sobre todo para no hacerle perder el tiempo a alguien que si quisiera hacer un comentario inteligente y que terminase por perderse entre la marea de despistados.

Sobre los segundos: ¿qué efectividad tiene mandar información a un bloguero con un mínimo de personalización? ¿Valdría la pena el esfuerzo de escribir un correo “dedicado” a cada blog con el objetivo de promoción, o es mejor menos trabajo y más cantidad de envíos? Por lo que he leído por ahí, surte más efecto poner más dedicación, y resulta lógico. Por cierto, que uno de los correos incluía un comentario que nunca leí a una entrada que escribí. Lo me molestó en este caso fue que junto a ese comentario estaba incluída mi I.P. Ya, sí, sé que soy localizable y que toda mi información disponible por la red y al acceder a ella puede ser recopilable y almacenable. Pero no hace falta que me lo recuerden, gracias. Eso da una sensación de Gran Hermano soplándote en el cogote de agárrate y no te menees

Más sobre podcasts: si eramos pocos...

Como dije, el podcast dedicado a Richard Stallman estará disponible la semana que viene. Pero es que encima, la semana que viene hay más cosas relacionadas con este formato que tanto me gusta.

Elamordemivida acudirá durante toda la semana a un seminario, aquí en Quito, sobre la radio y los entornos digitales: "La radio en la posconvergencia digital". En un principio, le propuse que hiciese una reseña del seminario día por día en este blog que tan amablemente ustedes están leyendo, pero eso se le hacía pesado pues las jornadas duran unas 11 horas cada una. Entonces, ¡tachan, tachan!, se me ocurrió al idea de que, en lugar de hacerlo en formato escrito, lo hagamos en formato podcast: llega del seminario y, entre la cena y la hora de acostarse, conversamos un rato acerca de lo que allí se ha contado, reflexionamos sobre lo que se ha dicho y comentamos las mejores jugadas.

En realidad, se trata de un pequeño experimento que a los dos nos parece muy interesante. No sé como será el resultado, pero ojalá sea, al menos, productivo. Voy a tratar de subir cada podcast al día siguiente de su grabación, por lo que su feed va a aparecer repentinamente poblado (Stallman + 5 comentarios del seminario) y, aunque no me agrada mucho, menos me agrada la idea de guardar el material y distribuirlo en el tiempo.

Y todo esto en una semana en la que tengo visita al cardiólogo, otra conferencia de Stallman, pruebas modulares en el colegio, un encarguito que me ha hecho una amiga y, además, trabajar para poder comer (y otras cosas que no cuento por razones varias). Temo que los más afectados van a ser el webserial y este blog. Si no se me ve el pelo por estos lares (y sin chistecitos acerca de su escasez, por favor), ya están al corriente de las razones.

Acerca del podcast del webserial

Más “making off”.

¿Por qué me da miedo que me estén entrando ganas de pasar a formato podcast el webserial? Veamos, en ese formato lista que algunos aborrecen (pero que para otros resulta tremendamente útil, incluido el perpetrador de estas líneas), porque me atrae y porque no debería hacerlo. Y encima, en una perspectiva muy personal, con lo que dudo que le sea mucha utilidad a alguien.

¿Por qué quiero hacerlo?

  • Ya lo dije en otra ocasión: accesibilidad a la obra. Cuanta más, mejor.

  • Me encantan los podcasts, sobre todo porque ya de antes me gustaba mucho la radio (pero así, en pasado). Por extensión, me gustan las narraciones en audio.

  • Seguro que los seguidores del webserial aumentarían, aún sin campaña de publicidad.

¿Por qué no debo hacerlo?

  • No voy a tener tiempo.

  • En el caso de que consiga distraer el par de horas necesarias para la grabación y postproducción, empezaría a considerarlo como una carga. Sospecho que este “efecto carga” se puede soslayar mediante un par de engañifas psicológicas, pero no termino de dar con ellas.

  • La postproducción es un coñazo. No aspiro a incluir efectos de sonido, pero sí a coordinar la locución con una ambientación musical adecuada. Y eso es un coñazo. Ya sé que “al que algo quiere, algo le cuesta”, pero eso no quita que sea un coñazo.

  • Soy demasiado ambicioso y me decepcionaría el resultado. El webserial tiene diferentes personajes, por lo que lo ideal sería tener diferentes voces. Tiene acción (aunque no mucha por ahora), por lo que debería incluir efectos de sonido, eso sin contar con lo de la música. Ya acabo de decir mi consideración acerca de la postproducción (¿no quedó claro? Es un coñazo). Como no podría hacerlo como en estos momentos aparece en mi mente, mi voz haciendo el tonto con una música que seguro terminaría eligiendo deprisa y corriendo me terminaría echando para atrás.

  • Y no voy a tener tiempo. Eso no lo sé a ciencia cierta, pero lo intuyo. Y he aprendido a fiarme de mis intuiciones.

En número, gana el NO frente al SÍ. En valoración, estaría cerca de un empate. Peligrosamente cerca. Sin embargo, mi parte juiciosa parece que se va a imponer a la impulsiva y alocada. Al escribir estas letras, ambas han llegado por su cuenta y riesgo a un acuerdo y me lo acaban de comunicar. Eso sí, les ruego (a ellas) que la próxima vez me tengan en cuenta en este tipo de decisiones (y me temo que lo han hecho).

Antes de que siga con este rumbo surrealista, declaro que:

  • Por el momento, no habrá podcast del webserial.

  • No pondré el servicio de Sonowebs porque después me dará pereza (total, si ya se puede escuchar...).

  • Dependiendo de como vayan las cosas, podría ser que en Enero (año nuevo, podcast nuevo), me anime a hacerlo.

Y pongo punto y final a esta reflexión pública que tal vez debería haberme ahorrado (por la salud de vuestros feeds).

Riesgos de narrar "en directo"

Yo me había jurado y perjurado que ni muerto iba a dejar de “postear” en el webserial lunes, miércoles y viernes. Como siempre, en mi vida se revuelve ese refrán de “no digas nunca ’de este agua no he de beber’”, porque beberás hasta que tu tripa suene como un globo lleno de liquido.

Primero fue un despiste: teniendo escrita la entrada #7, voy y me la dejo en casa. Generalmente, yo acudo a un cibercafé apenas salgo del trabajo, antes de llegar a casa. Salvo excepciones, luego hace falta un incendio para que vuelva a salir de ella. Pues mira: que la había escrito el lunes (toma ya, encima con antelación) y luego, con tantas cosas, me olvidé de guardarla en la flash, asumiendo que ya lo había hecho. De ahí, que la del miércoles saliera el jueves.

Luego, no publiqué el viernes. Resulta que se me ha acabado el material de referencia que ya tenía escrito (el guión de un hipotético número uno de “The Max”), y ahora tengo que afrontar el trapecio sin red. Bueno, algo de red tengo, pero más bien se parece más a una de esas en las que vienen la naranjas, con lo que no se trata de algo que de mucha seguridad: “bocetos” de escenas, un esquema de adonde voy pero que no indica muy claramente como llegar, etc. Y como ya dije, los últimos acontecimientos me han tenido un poco líado, de manera que no he podido enfrentarme al trapecio con el valor (y predisposición) necesario para ello. ¿Lo peor? Que le veo venir a la próxima semana con un vestidito muy parecido a este, lleno de broches en la espalda especialmente diseñados para ponérnoslo difícil a los hombres. Y en lontananza, veo aproximarse el próximo mes. Eso ya no es vestido, es una armadura. Si antes las semanas venían prácticamente en pelotas, ahora parece que les hizo mella el frío. Uy, jodimos.

Lo que toca es hacer un esfuerzo y seguir adelante. Por ahora, lo que estoy pensando es que para el lunes voy a poner una entrada con todas las aparecidas en el momento pero en formato PDF, para descargárselas (ya hablé de esto). Después, las que sigan irán con su oportuno descargable. Esto me permitirá ganar tiempo para afrontar el hipotético número dos (cosa que aquí ya no sería aplicable) y lidiar con un par de toritos que se me antojan bravos: la escena del interrogatorio al que se hace alusión al final de la entrada #7 y la presentación de los cuatro personajes secundarios que me faltan por incluir. Encima, para los nuevos acontecimientos, los que en cómic iban a ser un número dos, me encuentro con que, cuando los escribí, añadí esta nota: “Este capítulo está, como poco, sosísimo”. Vaaale. Vamos mejorando.

En resumen: que la trayectoría argumental va de capa caída y tengo que meterle un cohete por donde la espalda pierde su casto nombre para ver si se pone las pilas. Haré todo lo posible.

Y cada vez me tira más la posibilidad de poner el webserial en formato podcast (por cierto, que al escribir esto, acabo de oír a lo lejos un par de chillidos que parecían de una criatura lovecraftiana... No viene a cuento, pero de noche da miedo, oye).

Richard Stallman en Quito, Universidad Central

La conferencia de Richard Stallman fue... larga y jugosa. Sin embargo, me quedé con la sensación que muchos de los asistentes nóveles se perdieron un poco. Esto, quiero recalcar que es sólo una sensación, una vaga impresión. Creo que la mayoría de los asistentes ya conocían el tema con una cierta profundidad, de manera que, en parte, la conferencia fue una prédica a conversos. Pero que no vino nada mal para reforzar argumentos y para considerar algunas cosas, especialmente aquellos que aún manejamos débilmente sistemas libres.

Lo que más me ha impresionado de Stallman es lo mismo que me impresionó cuando vi por primera vez una entrevista suya: su dominio del español. El acento no hay quien se lo quite, pero tiene un vocabulario muy amplio, especialmente dentro de su especialidad. Es de apreciar el hecho de que no intercalase en casi ningún momento palabras en inglés, cosa habitual en los angloparlantes cuando no hayan con facilidad una palabra concreta. Claro que incluyó alguna que otra, pero fueron excepciones. A la hora de dar la conferencia, no necesitaba de la ayuda de ningún traductor, aunque en algún momento se atascó y pidió un poco de ayuda. Sin embargo, su dominio de la sintaxis es notable, cosa que incluso alguno de mis alumnos me comentó. Todo esto es de agradecer.

Y es que, como se podrá observar en la grabación que subiré próximamente, Richard Stallman es muy consciente del poder de las palabras. Las elige cuidadosamente, y en algunos momentos parece que se sintiera frustrado por no dominar con suficiente fluidez el idioma. Esa preocupación no es vano, porque su exposición es más, mucho más, filosófica que técnica. Los tecnicismos aparecen cuando es estrictamente necesario, y lo hacen de manera que no produzcan confusión en aquellos que no son programadores o que no tienen una fuerte vinculación con la informática.

Su posición política es fráncamente anti-Bush y anti-imperialista. No en vano defiende la libertad. Aunque su tono al hablar no de esa impresión, pues más bien tiende a parecer calmado, sus posiciones son bastante radicales. Sin embargo, sustenta todas sus opiniones con argumentos, lo que le aleja de aparecer como un “fundamentalista”, al estilo de los de las religiones.

No faltaron los momentos de humor en la conferencia, especialmente en la parte final: Richard se pone una “aureola” y una túnica y se presenta como un santo: San Emacs, creí entenderle (confirmaré esto más adelante, otro día). “Yo bendigo tu computadora”, empezó a decir, y calificó de pecadores a los que usan software privativo. Tal y como yo lo entendí, aquella parodia era acerca de la “divinización” que algunas comunidades llegan a adjudicar a ciertos iconos de los diferentes movimientos de software, Stallman incluido. Y con ello, su mensaje era claro: no hay que “divinizar” a nadie, ni aceptar sin cuestionamiento cualquiera de sus declaraciones ni opiniones. El software libre no trata sobre software: trata sobre libertad. En cuanto empiezas a seguir ciegamente a gurús y caudillos, tu libertad queda automáticamente mermada.

Sin exagerar, creo que si no hubiese existido el software libre, Microsoft dominaría el mundo (aún más de lo que ya lo domina: pero ahora al menos tiene oposición). Y que no me digan sobre Apple, que es más de lo mismo (de su pequeña parcela, nadie se escapa).

En fin, que la impresión que me queda de Richard Stallman es la de una persona muy crítica, tanto consigo mismo como con su entorno y el mundo que le rodea, y muy coherente con su discurso. No comparto muchas de sus posiciones radicales, pero sobre todo las comprendo y no se le puede negar la razón en ellas. Podréis juzgar por vosotros mismos cuando suba la grabación de la pequeña rueda de prensa, en la que se explayó sobre muchos temas.

Stallman, con sus radicalismos, me parece una figura necesaria en el mundo del software. Su sano radicalismo argumentado, frente a las posiciones de sus antagonistas, genera la tensión necesaria para que surja un debate fructífero en el que terminamos ganando todos.

Para terminar, algo que podréis escuchar pero no puedo dejar de repetir: no somos consumidores, somos ciudadanos. Me encantó.

Puf, puf, puf...

Menuda semana.

Entre análisis varios, algunas visitas al doctor, la conferencia de Richard Stallman y asuntos varios del colegio, todo lo que he hecho ha sido comenzar varias entradas que, sin terminar, no han pasado de mi procesador (de textos).

La salud va mejorando, pero me he ido atrasando en algunas cosas. Sin embargo, ha habido sus recompensas, como la conferencia de Stallman. ¿Qué? ¡Ah, la entrevista! Terminé formando parte de una pequeña rueda de prensa que duró algo más de una hora. Sólo pude meter una o dos preguntas de las que me enviasteis, pero ojalá la encontréis tan interesante como la encontré yo. Espero subirla la próxima semana a mi cuenta de “Autodidacta” en blip.tv, pues he pensado en ampliar un poco el material, añadiendo algunos datos sobre Richard Stallman, la Free Software Foundation y el proyecto GNU, creando así un “Dossier Autodidacta” al estilo del que ya hice de Google. Cuando lo tenga listo, pondré aquí el enlace oportuno.

Por cierto, que Stallman va a repetir conferencia en Quito: el 28 de noviembre, a las 10h00 en la Universidad Israel. Por lo visto, en esta ocasión va a profundizar en el tema del “arte”: imagino que se refiere a los contenidos libres, en contraposición a las obras “útiles” como el software. El tema me interesa aún más si cabe que el del software libre, pero sospecho que se me va a dificultar un poco el acudir. Veremos que ocurre. La reseña de la conferencia del viernes 23 la podéis encontrar en la siguiente entrada.

No sólo me he descuadrado aquí, sino también lo he hecho en el webserial. La razones de ello son varias, pero creo que también lo voy a dejar para otra entrada, más que nada para que pueda añadirse a la categoría (o etiqueta) de “making off”, y su contenido no quede diluido en esta entrada tan personal.

La entrada anterior debería haberla subido ayer, pero quedó para hoy porque no tuve tiempo de hacerlo (¡Ay! ¡Intennet, Intennet! ¡Aaaaagh! :-)). Y como además no he escrito mucho esta semana, y eso me hace también un daño a la salud (mental), es posible que hoy os encontréis con varias entradas, así, en plan ametralladora. Pido perdón por las molestias que esto pueda ocasionar.

Mis vicios lingüisticos

Hace unos días, una buena amiga mía me hizo una crítica sobre un texto que escribí. Fue una crítica demoledora, en la que me dijo unas cuantas cosas que yo sospechaba acerca del texto en si mismo, pero que en verdad necesitaba escuchar de otra persona para ser plenamente consciente de ellas. Mientras me hacía todas las observaciones pertinentes, callé y escuché. Después, no añadí nada, porque tenía razón en todo. Lo que más le llamó la atención fue la desordenada estructura gramatical que había empleado, en conjunción con oraciones extremadamente largas. Si mal no recuerdo, añadió algo así como que “Tú no escribes así. Parece que quisieras demostrar cuanto sabes”.

Ya he arremetido en algún momento contra ese vicio de las frases largas y farragosas. Esas con subordinadas de las subordinadas, que terminan pareciendo asesores de los asesores: tanto se asesora que luego no se llega a nada productivo. Y no había duda: había caído en ese error, un error en el que suelo caer cuando trato de abordar un tema acerca del cual quiero decir muchas cosas. Y no solamente entonces, sino también caigo en él cuando se trata de un texto que va a recibir una cierta difusión. Creo que, inconscientemente, me quiero hacer el listo, el “cultureta”, el “intelectualoide”.

La razón por la que hago este blog es precisamente esa: la depuración de ciertos vicios lingüisticos en los que caigo a la hora de escribir. Y, además, hacerlo de manera que el contenido resulte interesante para alguien. Poco a poco, lo voy consiguiendo (o eso me parece a mí). En lo que se refiere a prosa narrativa, el webserial también me está sirviendo de mucho. Dentro de un tiempo, seguro que me daré cuenta de los fallos más patentes que tiene (algunos ya me constan), pero habrá sido gracias a él, y a lo que escribo aquí, que podré hacerlo.

No puedo evitarlo. Cada cierto tiempo, caigo en la evangelización: si te gusta escribir, ¿a que esperas para tener tu blog?

martes, 20 de noviembre de 2007

Libros electrónicos y su iPod

Desde hace tiempo, soy lector habitual de libros electrónicos. Las razones que me motivaron a pasarme de la compra de libros en papel a la descarga de los mismos y lectura en mi Palm (ahora tengo una Z22) fueron la relación calidad-precio de muchas obras literarias y la dificultad para encontrar determinados libros por estas tierras. Esto no ha impedido que, de vez en cuando, comprase libros, especialmente los de mis autores favoritos. Por ejemplo, con Álex Grijelmo me sucede un fenómeno compulsivo: si tengo dinero en el bolsillo, cojo su libro y, sin mirar el interior, lo compro. Salvo con “La punta de la lengua”, no me arrepiento con ninguno.

Supongo que los señores de la industria editorial imaginan que la existencia de libros electrónicos gratuitos es excluyente de la existencia de los mismos en papel, que unos acabarían con los otros. Pues no es así, mira por donde, pero de nuevo nos encontramos ante un caso de miopía galopante que lo único que hace es entorpecer el acceso a la cultura.

La industria editorial está inflada. Su volumen de publicación es desproporcionado en relación tanto con la demanda como con la calidad de sus productos. Para ella, los libros son un producto, y que mejor que incentivar al consumo indiscriminado para vender sus productos. Ese consumismo lleva a vender aire en tapa dura a un precio ajeno a la realidad.

Yo no le pido mucho a un libro. Lo primero es que, como mínimo, esté bien escrito y me divierta. Después, que me haga pensar y me enseñe algo. De toda la oferta que encuentro en las librerías de Quito, poco hay que cumpla con esos requisitos. Y aquellos libros que parecen cumplirlos están a unos precios que me resultan inaccesibles, por lo menos si quiero comer y tener un techo sobre mi cabeza.

Recuerdo que cuando vivía en Madrid, yo y los de mi entorno (imagino que muchos otros también) hacíamos la clasificación de una película en función de si era meritoria del pago de un día normal de exhibición o tan sólo del “día del espectador”, que era cuando se pagaba la mitad. Con los libros ahora se puede hacer lo mismo: un libro puede ser digno de que se pague por él, de que se descargue por Internet o ni siquiera de que ocupe espacio en tu disco duro.

De los libros que me he bajado, por pocos, muy pocos, estaría dispuesto a pagar. Algunos me los he leído completos, pero porque no había otra cosa mejor que hacer. Hay una inmensa mayoría de los cuales no he podido pasar de los primeros capítulos. Por los que estaría dispuesto a pagar, o no los encuentro, o simplemente su precio es demasiado alto para mi nivel adquisitivo.

Ahora aparece el Amazon Kindle, que pretenden vender a $400 para comprar libros a $10 con DRM. Ya dije que comprendo la actitud de Amazon. La industria editorial está más desubicada que la discográfica, que poco a poco empieza a darse cuenta de como van las cosas, y Amazon no puede atreverse a lanzar una propuesta más innovadora, pues se encontrarían con el rechazo de aquellos que les proporcionan los productos que venden. A mi parecer, en Amazon saben muy bien lo que ocurre, y lo que esperan es poder ir abriendo camino para tratar de cambiar las cosas. Eso sí, obteniendo ganancias por muy tímidas que sean, aunque no sería para sorprenderse si el Kindle fuese un estrepitoso fracaso.

De todas las reseñas, la hecha por Enrique Dans es la más benigna. En Error500, no lo ven con buenos ojos. En ALT1040, ácidos como siempre, dan las razones concretas de su disgusto y proponen que les gustaría ver en un producto de este tipo, aunque algunas de estas propuestas no me parece que sean muy viables para iniciar el camino hacia el futuro de la lectura por parte de las editoriales, un camino que, por otra parte, ya ha comenzado sin ellos.

Libros y comics electrónicos

Mientras escribo esto, ya es tarde y me voy a dormir. Pero no quiero dejar pasar la ocasión de mencionar dos entradas en el blog de Enrique Dans: una sobre Marvel, que pone algunos de sus comics en la red (ya vemos a que vino el agresivo movimiento que hace unos meses hizo en contra de los blogs que ponían enlaces a archivos con sus comics escaneados y gratis); otra, acerca de un dispositivo que lanza Amazon para la lectura de libros electrónicos. Lo que menos me gusta de ambas noticias es lo proteccionistas que se muestran los involucrados con los contenidos. En cuanto a Amazon, como que lo entiendo un poco más: al fin y al cabo deben contentar a la industria editorial que es, sin duda, más reaccionaria que la discográfica. Amazon se esfuerza en no mostrarse como una amenaza ante esta industria que, ante lo que está pasando con la música, se ha olvidado de mirar entre sus propios libros y aplicarse el refrán de “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

De Marvel, no digo nada. Simplemente que es Marvel. Si los contenidos se pudiesen descargar, la oferta sería más valiosa y más significativa dentro del mundo del cómic. Por ahora, sólo es más de lo mismo, aunque no deje de tener su valor: algunos gigantes ya van despertando, a pesar de que a lo mejor ya es demasiado tarde.

Si me acuerdo, en otro momento hablaré más extensamente sobre ambos temas. Pero no prometo nada.

Blogs institucionales de colegios: accesibilidad es la clave

Ando leyendo de manera espaciada diversos textos acerca de los blogs de empresas. Las apreciaciones sobre el tema son distintas, aunque las menos radicales (o sí, o no) son prudentes a la hora de definir si una empresa debe o no tener un blog. Lo que yo me vengo preguntando es. ¿debe tener un colegio un blog? Pero aquí, en Ecuador, hasta puedo ser más concreto y decir que en Quito.

No me estoy refiriendo a los blogs como instrumento educativo, sino como medio de comunicación entre la institución y sus clientes. ¿Resultaría útil un blog para un colegio? A mi manera de ver, , y en más de un sentido.

No voy a extenderme aquí desarrollando todas las razones por las que creo que un colegio debe tener un blog, sino que me voy a concentrar en algunas. La primera y principal: transparencia. Cuando los padres buscan una institución para sus hijos, los únicos referentes que tienen son el boca a boca y lo que les dice el propio colegio en forma de publicidad. Bueno, también influye el prestigio de la institución, galardones que haya recibido, etc., pero a esto lo voy a enmarcar dentro del boca a boca, aunque sea estirando un poco el término. Por favor, estoy simplificando para hacerme entendible y entenderme yo también.

Tanto el boca a boca como la publicidad pueden resultar engañosos. La publicidad magnifica las virtudes, pues esa es su función. En cuanto al boca a boca, basta con que nos topemos con una serie de personas que hayan pasado por una mala experiencia con esa institución como para que nos den una visión errónea y sesgada de ella. Aunque el blog no vaya a solucionar la fama que puedan estar propagando algunas personas que sufrieron esas experiencias negativas, si puede servir para aportar un punto de referencia para los padres que vaya más allá de las “pestes” que anden echando unos y las frases glorificadoras de otros.

Un blog “institucional” puede serle de mucha utilidad a un colegio, especialmente si éste es privado. Pero echándole imaginación, ojo, sin pensar en ningún momento que un blog tan sólo es una serie de entradas propagandísticas autoindulgentes. No, hay que aprovechar el medio de manera creativa, involucrando a en ello a todos los sectores de la institución en la medida de lo posible.

El blog institucional de un colegio debería dedicarse a narrar los entresijos de la vida educativa. Debería detallar cual es su enfoque de la educación de una manera clara y, sobre todo, llana, lejos de tecnicismos embellecedores que en muchas ocasiones resultan incomprensibles para los que son ajenos a la educación. Si, por ejemplo, el enfoque es constructivista, explicar que es el constructivismo y como se aplica en la institución.

Podría servir también (pero no únicamente) como medio de comunicación de actividades que se realicen, y como órgano transmisor de comunicaciones (reuniones de padres, obligaciones administrativas, etc.) pero siempre de carácter general y nunca particular.

Un blog puede servirle a un colegio para mostrar transparencia, para abrir sus puertas al mundo y someterse a una evaluación y retroalimentación permanente. Para conseguir eso, el blog que se cree debe ser un blog digno de que se suscriban a él personas ajenas a la institución: contenido interesante y atractivo, formativo en algunas ocasiones, entretenido en otras. Divertido siempre sin olvidar nunca que, como decía Chesterton, “Divertido es lo contrario de aburrido, y nada más”.

¿Qué me gustaría a mí encontrarme en un blog institucional de un colegio? Sin orden de importancia:

  • Anécdotas de los profesores.

  • Descripción de las clases, de como se lleva a cabo la enseñanza.

  • Tácticas y herramientas empleadas por los profesores.

  • Muy poca publicidad institucional disfrazada: el clásico “Oh, miren lo que hemos hecho. Que bonito. Que buenos somos”.

  • Textos sencillos de leer.

  • Consejos para padres desde el punto de vista del profesor.

  • Material propio, no simples copioypego de un artículo de otra web o de una revista, por mucho “vía” que se le añada.

  • Y muchas otras cosas más que a estas horas de la noche ya se me empiezan a escapar, pero como muestra, creo que este botón basta.

Por último, añadiría que los colegios no deberían encargar a alguien de la propia institución el mantenimiento del blog, sino que debería contratar a alguien exprofeso para ello. Alguien que sepa escribir y que trabaje como el blogger oficial de la institución. Alguien que conozca, primero, como funciona un blog, como se debe redactar, como se debe enlazar y la importancia de los enlaces, como tratar de promocionar el blog, etc.; y luego, que se empape de la vida en el colegio, que conozca por medio del trabajo diario el latir de la institución, para que pueda hablar de ella desde dentro.

¿Qué costo puede tener esto? Apenas el sueldo del blogger y el precio de la conexión permanente a Internet. Un precio verdaderamente bajo en comparación con todo el beneficio que se puede obtener.

Creo que todo lo que he dicho hasta ahora se puede aplicar a casi cualquier lugar del mundo. Ahora bien, ¿puede resultarle útil a un colegio privado aquí, en Ecuador, donde el índice de penetración de Internet es muy bajo? En mi opinión , pues ofrece una alternativa más de acceso a la información del colegio, brinda accesibilidad. Y cuantas más opciones de acceder a ti ofrezcas, más gente podrá llegar. Tan simple como eso.



lunes, 19 de noviembre de 2007

Herramientas para escribir

Si en la entrada anterior hablaba de libros sobre escritura, ahora voy a hablar de herramientas para la escritura. Las que yo tengo, vamos. Y esas herramientas, procesador de textos aparte, son otros libros.

Si te gusta escribir, sería bueno que tengas a mano algunas de estas herramientas. No son imprescindibles, pero te sacarán de apuros.

  • Un diccionario general.

  • Un diccionario de sinónimos y antónimos.

  • Un manual de ortografía y gramática.

  • Algún manual sobre estilo.

Lo que yo tengo en mi área de trabajo es lo siguiente (entre otros, pero destacándose):

  • El DRAE (en versión electrónica) y un diccionario Oceano. Si tienes Internet, puedes utilizar perfectamente la web de la Academia de la Lengua (especialmente desde Firefox).

  • Otro diccionario de Oceano, pero de sinónimos y antónimos. Este no le utilizo mucho, porque prefiero usar...

  • el Diccionario de ideas afines de Fernando Corripio. ¿Cómo? ¿Que no has oído hablar de él? Busca en Internet cualquier reseña, como esta del Google humano. Después, parte inmediatamente a la librería más cercana y cómpratelo. ¿Que qué es? Ya que insistes... Se trata de un diccionario en que los términos están agrupados por conceptos, temas, etc. Por ejemplo, si buscas “tren”, te manda a “ferrocarril”, y ahí encontrarás una relación de términos relacionados con él, desde “vagón” a “guardagujas”, tipos de trenes, partes de la locomotora, personal vinculado con el ferrocarril, etc. Vamos, una joya.

  • El Manual de español urgente de la agencia EFE. Un buen resumen de reglas, normas de estilo y términos dudosos. Muy recomendable.

  • El estilo del periodista, de Álex Grijelmo. Una maravilla. Quizás lo que tú quieras escribir no sean textos periodísticos, pero este libro te saca de muchas dudas relacionadas con el lenguaje de una manera sencilla y clara (aunque el volumen del ídem hace que no sea como para llevarlo en el bolsillo).

Seguro que más de uno ha pensado, al leer esta lista, que no estaría de más que me pegase un repasito a alguno de estos libros o que los use con más asiduidad. Y con justa razón, lo reconozco. Pero que le voy a hacer si cuando me pongo a juntar letras me da pereza despegarme del teclado :).

Libros sobre cómo escribir

Cada vez que pienso en el tiempo que he perdido leyendo libros acerca de como escribir en lugar de estar escribiendo, los pantalones se me vuelven morados y la piel empieza a tomar una tonalidad verde. No me cabe duda de que escribir libros sobre como escribir libros debe ser un buen negocio. Todos, cuando empezamos en cualquier disciplina, queremos aprender lo más posible sobre ella, pero en ésta en concreto es muy fácil dejarse llevar por el afán del aprendizaje y quedarse tan solo en la teoría. Y peor ahora, que Internet nos pone al alcance de la mano tantos y tantos documentos con información y consejos acerca de como redactar desde una nota de prensa hasta una novela en trece tomos.

Si me propusiesen escribir un libro de esos, tendría tan sólo tres páginas:

  • Página 1: Lee cuanto más, mejor, y siempre libros de temas que te gusten.

  • Página 2: Deja de leer un libro si no te está gustando (esto ya lo dijo Borges, nada menos).

  • Página 3: Escribe cuanto más, mejor. Y recuerda que “escribir” implica revisar y corregir.

Sin embaaargo... Están sueltos por ahí unos cuantos librejos que dan algunos consejitos más que útiles y que recomiendo vivamente. Sobre todo porque después de haberme leído unos cuantos sobre el tema, son los que más me han llegado a calar.

  • Mientras escribo, de Stephen King. Me he leído varios de sus libros y lo cierto es que no me gusta su prosa (traducida, que no sé como será en inglés). Sin embargo, este libro contiene unas cuantas verdades como puños (aunque me siga sin gustar su estilo). Antes de abordar el tema, cuenta su propia experiencia como autor, de la que se pueden sacar algunos consejos valiosos, aunque no son como para deslumbrarse ni para soñar con que a uno le ocurra lo mismo.

  • El guión, de Robert McKee. Es sobre guión de cine, y quizás pienses que no te puede ser útil si lo que deseas es escribir una novela. Craso error. McKee desglosa muy bien la estructura narrativa sobre la cual están construidas las películas, y te puede resultar de mucha utilidad si tratas de aplicar lo que se explica, salvando las distancias, en la narración escrita.

  • La seducción de las palabras de Álex Grijelmo. Una maravilla de libro, que se lee con rapidez. Ver como se emplean las palabras en los medios de comunicación actuales nos servirá para descubrir mecanismos que luego podremos aplicar en diferentes áreas. Debería venderse siempre acompañado de Apología del idioma español, del mismo autor, que nos ayuda a comprender muchas cosas acerca del idioma que empleamos. Conocerlo mejor, nos permitirá usarlo mejor. Si no fuese porque se encarecería la oferta, añadiría El genio del idioma. Con los tres, se completa una trilogía fantástica de Grijelmo en la que se nos enseña a usar, a conocer y a cuestionar (cuando es necesario) nuestra herramienta.

Como se puede ver, no incluyo aquí libros con títulos del tipo “¡Escriba lo que quiera fácil y rápido!”. Ninguno de esos libros me ha aportado nada realmente. Lo único que he encontrado en ellos ha sido una continua repetición de lo mismo y lo mismo pero dicho con otras palabras. El tiempo me ha llevado a percatarme de que los libros que hablan de pasos y procedimientos a seguir, realmente no funcionan: tú eres el que marca los pasos al escribir, pues se trata de un proceso de descubrimiento por medio del cual construyes tu propio método de trabajo. No hay ningún libro que te diga como escribir un buen texto. Tienes que escribir tu propio texto. Cuanto más escribas, más irás descubriendo. Por el camino, deberás ir examinando tu trabajo de manera honrada, y así iras limando aristas, puliendo detalles, aprendiendo a desechar y a conservar. Eso es lo que hay.

Si quieres leer libros sobre como leer un libro, hazlo. Pero que nunca te inmovilicen, que nunca te quiten tiempo de escritura.

sábado, 17 de noviembre de 2007

¿Qué le quieres preguntar a Richard Stallman?

A partir de la próxima semana, el “padre” del software libre andará por estas tierras por obra de ASLE (Asociación de Software libre de Ecuador). Voy a intentar entrevistarlo para mi podcast, ya estoy en ello. Ojalá pueda conseguirlo. Por ahora, lo seguro es que voy con mis alumnos a la conferencia que dará el día 23 en la Universidad Central, aquí en Quito.

Con el objetivo de esta deseada entrevista (y anticipándome un poco al resultado de las gestiones que estoy haciendo), quisiera pediros vuestra ayuda: dejad en los comentarios preguntas que os gustaría hacerle a Richard Stallman y yo se las haré en vuestro nombre en el caso de que se concrete esa posibilidad.

Animaos y proponed cuestiones que os gustaría plantearle a personaje tan importante como polémico en el mundo del software libre.

Algunas ideas de accesibilidad para el webserial

No he escrito nada más sobre el webserial porque, por ahora, no hay nada más que contar. Sin embargo, quiero añadir un par de cosas que se me han pasado por la cabeza.

La primera de ellas está referida a incorporar audio en ese blog. Sueños de la razón ya añadió esta función por medio de Sonowebs, y parece que le va bien (no la he probado, pero no le he leído quejarse). Mangas verdes también la ha incorporado, y la continuidad de posts en ambos sitios empleando el servicio me hace pensar en hacerlo yo también, principalmente en el webserial.

Pero lo que me hace dudar es que, incluso desde antes de comenzarlo, me seduce mucho la posibilidad de realizar el webserial en formato podcast. Si no lo he hecho antes, ha sido realmente por la pereza que me daba cargar con la obligación de realizar un guión, locutarlo, posproducirlo y subirlo. Sin embargo, habiendo iniciado el webserial como tal, el concepto cambia: el guión, primer bache generador de pereza, ya está hecho; el segundo bache, la posproducción, no hay manera de evitarla. Por lo tanto, estoy sopesando la idea de, cada cierto número de entradas, hacer un podcast recopilándolas todas. Sea como sea, no la pondría en marcha por lo menos hasta el año que viene, momento en que podré decidir se tengo o no tiempo para llevar todo a buen puerto. Tal vez, por el momento, podría recurrir igualmente a Sonowebs.

La segunda cosa que me anda rondando la cabeza es incluir en cada entrada la misma pero en PDF descargable. Así, dado que las entradas son largas, facilitaría las cosas a quien quisiera leérselas con más calma y, sobre todo, desconectado. Lo más práctico sería recurrir para ello a algún widget o a algún servicio externo que me automatizase el proceso, como podría hacer empleando un plugin en Wordpress. Sin embargo, no conozco ninguno, y los procesos automatizados siempre tienen pequeños detalles que no me terminan de satisfacer. Además, como cada entrada la escribo primero en OpenOffice.org, no me costaría mucho trabajo convertirla a PDF al concluirla.

Las dos cosas brindan más opciones para acceder al contenido. En cualquier sitio web, o más concretamente blog, esto es siempre algo de agradeces. Pero en un webserial me parece casi indispensable. Cuando se trata de entradas inevitablemente largas como es el caso, se hace imperativo facilitarle la labor al usuario para que pueda acceder a ellas como y cuando quiera.

Posiblemente, comience pronto con lo de los PDF para tenerlo disponible a la hora de comenzar la promoción. Si todo va bien, pienso comenzar la campaña de publicidad del webserial después de la semana del 3 al 9 de diciembre. La razón es que esa semana está troceada en varios días festivos, sin contar con que las actividades escolares se ralentizan por las celebraciones (fiestas de Quito, principalmente). Como no ando yo muy juerguista en los últimos tiempos (y menos ahora, la verdad), intentaré aprovechar ese tiempo libre para generar el material necesario y organizar las cosas de manera que me consuman el menor tiempo posible pero alcanzando el mejor resultado con los limitados medios que cuento. Y esos resultados, como siempre, los podréis encontrar aquí, oportunamente relatados.

Frase al vuelo

Siempre llevo mi Palm encima en el trasiego diario. Cuando se me ocurre una idea para una entrada, la apunto. El otro día, escribí esto:

Acabo de leerlo en una camiseta: “Si la vida te da la espalda, tócale el culo”. Irreverente, directa, optimista: genial.

El modo "por defecto"

Creo que todos tenemos un modo de ser “por defecto”. Para explicarlo con más claridad, usaré una metáfora basada en la informática.

Imaginemos que nuestra personalidad tuviese una interfaz con una enorme cantidad de menús con sus respectivas opciones. La organización de estos menús sería jerárquica y en cascada: los primeros influyen en los siguientes, determinando su efecto si estos no son modificados (al estilo de las CSS). El primer menú muestra dos opciones que indicarán también a los siguientes que enfoque deben adoptar en el caso de que este no sea definido. Las dos opciones que tiene son “positivo” y “negativo”. Ese menú indica nuestra tendencia a la hora de adoptar un punto de vista sobre cualquier cosa.

Todo esto viene al caso porque actualmente estoy pasando un pequeño problema de salud que espero no sea grave (y que no se agrave). Estos últimos días han tenido como protagonistas una doctora y unos análisis variados. Los resultados de los mismos no los obtendré hasta pasado el fin de semana. La interpretación de ellos (lo verdaderamente importante, al fin y al cabo) la tendré un poco después.

Como he dicho, por lo que parece no se trata de nada grave, pero no puedo negar que estoy asustado. Y ahí entra el modo “por defecto”. Creo que el mío es “negativo”. Si no me esfuerzo en cambiar los menús de las opciones siguientes hacia otro estado, esa es la tendencia que me caracteriza. De puertas para fuera, quizás algunas personas no me consideren un pesimista, tampoco yo pienso que sea así. Pero a la mínima que me descuido, me encuentro temiéndome lo peor, esperando que las cosas salgan mal. No deseándolo, ojo. Sólo temiéndolo.

La circunstancia actual me ha hecho darme cuenta de este pequeño detalle. Creo que todos disponemos de ese menú, prefijado en una opción que es muy difícil de cambiar. Intentar hacerlo es prácticamente imposible. Sin embargo, lo que si podemos hacer es cambiar las opciones que hay por debajo. Me he dado cuenta de que yo lo hago cuando voy al médico. Me pongo a bromear sobre mi condición, sin dejar de dar los datos más exactos que pueda acerca de ella. En esos momentos, me refugio en el humor y trato de no mostrarme abatido y, lo más importante, de no sentirme así.

Si el entorno en el que hemos sido criados ha puesto nuestro menú inicial (que no es el principal) en una tendencia que nos incomoda y que rebaja nuestra calidad de vida, debemos hacer todo lo posible por cambiar los menús subsiguientes a estados que equilibren el resultado final, o que lo decanten hacia un estado mucho más provechoso. Quien sabe, a lo mejor de esto se podría hacer un ejercicio de visualización: imaginamos la interfaz y cambiamos las opciones, eligiendo de los menús creados exprofeso para ello. ¡¡¡Uuuy!!! Eso suena a “autoayuda rancia”, como diría mi estimado Yoriento.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Preguntas sobre la burbuja

Desde hace un tiempo, me ha dado por leer cosas relacionado con el mundo de las empresas, el mercadeo (¿para qué emplear “marketing” si tenemos esta palabra?), y, sobre todo, emprendedores, emprendimientos y similares. El por qué lo hago es simplemente porque me parece interesante y curioso. Quizá, no lo niego, haya algo más detrás, aunque la verdad es que, hasta el momento, casi nada de lo que he leído me ha sido de verdadera utilidad (o he previsto que vaya a serlo).

En algunos de estos blogs, y de otros relacionados con la informática, hablan de la nueva burbuja con la que se está inflando la web. Unos son más catastrofistas que otros. Burbuja o no, caiga quien caiga, quien no lo hará será Internet, desde luego.

Muchas veces me pregunto donde ven la burbuja muchos de estos entendidos (y no tanto). Yo no la veo, aunque también da que pensar la sobreabundancia de servicios que vivimos. Creo que se pueden contar por cientos, si es que no por miles, y a primera vista uno no termina de entender cual pueda ser su modelo de negocio. Da la impresión de que se lanzasen a ofrecer servicios gratuitos sobre cualquier cosa, tratando de hacerlo mejor y mayor que la competencia, pensando en que, una vez que ya tengan público cautivo, podrán buscar la mejor manera de cubrir los gastos y generar ganancias. ¿Es ahí donde está la burbuja? Que yo en estos temas estoy un poco flojo.

Las redes sociales son el servicio de moda y están buscando la manera de sacar dinero a todo lo invertido. Como servicio, puede ser excelente (que no lo sé y la verdad es que no me interesa mucho), pero no terminan de encontrar una manera de ganar pasta con ello. Si es así, ¿qué será con otros servicios, como los de almacenamiento de archivos? ¿Ganan de verdad dinero aquellas empresas que ofrecen 100 MB, 500, 1 GB, con la posibilidad de quitar restricciones a las descargas si pagas? Si esa burbuja de la que hablan, estalla (y según quien lo dice va a estallar, porque si no, no hablarían de burbujas) ¿Quienes serán los primeros servicios en caer? ¿Y como afectará eso a los datos que el usuario les ha confiado? Ni siquiera pensemos en qué harán con ellos (¿los borrarán? ¿los venderán?), sino en lo desastroso que puede resultar para los usuarios, cuyos datos son, de pronto, inaccesibles. Alguien que tenga un blog con unos cientos de visitas, puede perder a todos sus lectores de un plumazo. Un podcaster puede perder todos los números de su proyecto y, con ello, todos sus oyentes.

Si la burbuja explota, en lugar de desinflarse lentamente (pero eso sólo lo hace un globo), ¿volverán las empresas a los modelos restrictivos de pago? Si esa burbuja existe, ¿estamos yendo los usuarios hacia el desastre por culpa de la falta de visión de unos cuantos? ¿Tenemos en nuestras manos algo que hacer para evitarlo aquellos que usamos esos servicios porque no tenemos otro remedio?

Cada vez que leo sobre la burbuja, me entran vértigos y mareos...

Acomodar, no ser acomodados

A mucha gente nadie nos ha enseñado a gestionar nuestro tiempo. Ni siquiera hemos aprendido por nosotros mismos. Y todo porque no sabíamos que podíamos hacerlo.

Se acerca un futuro en el que todo va a ser bajo demanda: veremos los vídeos que queramos cuando lo queramos, oiremos los podcast cuando nos apetezca, mantendremos conversaciones distribuidas y asincronicas según nuestras necesidades... Pero, ¿realmente estamos preparados para manejarnos en un mundo así? ¿Está la mayoría de la gente preparada?

Desde pequeños, somos educados dentro de una serie de horarios más o menos estrictos: hora de levantarse, hora de dormir, horario de escuela, de colegio, de universidad, de trabajo... Condicionamos nuestra vida según la relación que se produce entre nuestras actividades y las actividades de terceros. Manejamos el ocio de acuerdo a los horarios que nos eran impuestos por una u otra razón. Incluso condicionamos el momento para realizar determinadas funciones básicas (desayunar, comer, cenar) a las horas de ciertos programas de televisión o ciertos espectáculos.

Estamos acostumbrados a que el tiempo que dedicamos al trabajo, al ocio e incluso a nuestra alimentación y descanso, venga condicionado desde fuera. Y, más importante que “cuanto”, es “cuando”: desayunos y almuerzo que coinciden con noticieros, actividades de fin de semana organizadas en función del fútbol o de esta o aquella película que dan en la televisión o en el cine...

Estamos acostumbrados a eso. Esa es nuestra realidad, no vemos nada malo en ello. Y, seguramente, nada malo haya. Pero lo cierto es que esta distribución de las actividades en el tiempo supeditada a actividades ajenas parece reñirse un poco con lo que ya se aproxima, si es que no está aquí. ¿Y estamos preparados para ello? ¿Está la gente en general preparada para, en lugar de acomodar su tiempo a los contenidos, acomodar los contenidos a su tiempo?

En un principio, creo que no. Hay muchas similitudes con el trabajador freelance, que regula su horario de acuerdo a sus gustos y necesidades: cuando empieza, puede convertirse todo en un caos, pero por fuerza termina autoregulándose... fracasa. De igual manera, en estos primerizos tiempos del contenido bajo demanda, habrá gente que se pierda una cosa u otra normalmente porque la dejará a un lado para volver más tarde sobre ella. Primero será el frenesí: tanto por ver o escuchar y tan poco tiempo para hacerlo, que al final no veremos y escucharemos casi nada, o prestaremos atención a cosas que no lo merecen. Después, vendrá el proceso de selección y de organización: qué me bajo, cuando y por qué.

En casa, la hora de ver una serie es la de la comida. Ésta no se supedita a ninguna emisión concreta, sino a la queremos “realizar” nosotros, recurriendo al DVD para ello. Si voy en autobus, escucho ese podcast que me bajé ayer, y si hay tiempo alguno más que esté atrasado. Los contenidos están ahí, esperándonos, para que accedamos a ellos cuando queramos, no cuando nos digan. Debemos acostumbrarnos a ello.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Blogs no referenciales

Cada día me gustan más los blogs que no son referenciales; es decir, que no parten de algo leído en otra parte para decir algo. Todos, al escribir, partimos de una u otra idea, hay algo que siempre nos influencia y nos motiva a compartir nuestros pensamientos sobre ese algo. Pero cada vez me gustan más aquellos que no parten de otra cosa que apareció en la blogosfera.

Esos blogs son serios candidatos a ser publicados en papel. No digo que haya alguna editorial interesada en hacerlo (que no lo sé), sino que debería haberla. Conmigo, por lo menos ya tendrían un comprador. Hay que destacar que, en estos blogs, cada entrada forma una unidad por sí misma, sin necesidad de información adyacente con la que complementarse o que sea indispensable para entender aquello de lo que se habla. En el mismo texto se encuentra todo lo que se necesita para comprenderlo.

En estos tiempos conversacionales, en los que todo son enlaces y citas, se agradecen a estos “locos” que, apartados del bullicio general, están en una esquina yendo a lo suyo. Nada de hablar de estadísticas, ni de pedir participación en los comentarios, nada de 2.0 y cosas similares. Su idea, su opinión y sobre todo su ingenio es todo lo que encontramos. Todo muy 1.0, muy clásico y, por ello, igual de enriquecedor que otros muchos, o más. Una verdadera demostración de que en la web, y en la blogosfera en particular, hay sitio para todos.

Dos de estos blogs que sigo a diario y cuyas entradas dejo que se acumulen en su feed para poder disfrutar de golpe de varias de ellas son “Tantos hombres y tan poco tiempo” y “Doctor Jota”. No dejéis de visitarlos, y sobre todo de suscribiros. Valen mucho la pena.

Por qué sigo suscrito a ciertos blogs

Si en la entrada anterior hablaba de las suscripciones que estaba eliminando, creo que es justo hablar de los blogs que mantengo, o mejor dicho, los criterios que sigo para continuar suscrito a un blog concreto.

  • Blogs con valor añadido, que opinan, no solamente repiten lo visto en otros sitios o que les llamó la atención (“Oh, esta mañana a una chica que iba delante mío se le rompió el tacón del zapato. Pobrecita”).

  • Blogs que transmiten experiencias perosnales que resultan de interés o que lo hacen de manera entretenida.

  • Blogs que no se ciñen a la más rigurosa actualidad para escribir que piensan en lo que escriben, no que escriben sin pensar, para llenar espacio.

  • Blogs que hablan de software (sobre todo freeware o libre), lo prueban y cuentan su resultado.

  • Blogs que hablan de la web 2.0 y de la comunicación, tomando una posición o analizando diferentes posturas.

  • Blogs sobre profesiones concretas, o residentes en países ajenos, o anécdotas de su profesión.

  • Blogs de divulgación, sea científica, histórica, etc. Pero, a ser posible, que publiquen seguido. Si no, no los sigo.

  • Blogs que te enseñen algo de manera sencilla, sin complicaciones.

  • Sobre todo, blogs que te hagan pensar.

Estos criterios son, sin duda, más vagos que los anteriores. Quizá sea debido a que es más fácil definir por qué no nos gusta algo que lo contrario (me hice un lío con esta frase y no trataré de escribirla de nuevo :). Hay muchas razones por las que un blog concreto te puede gustar, y que pueden ser hasta contradictorias con las razones por las que otros no te gustan. A veces son tan indefinibles como las razones por las que alguien nos cae bien. De hecho, creo que son las mismas.

Por qué elimino mi suscripción a ciertos blogs

Cuando empecé a leer blogs y descubrí los lectores de RSS o feeds sufrí un ataque de “suscripcionismo”: blog que en el que leía un post medio simpático (no tenía ni porque ser interesante), blog al que me suscribía. Llegué a acumular cerca de 400 suscripciones.

Como con eso no hay ser humano que mantenga al día, hace algún tiempo que he ido, poco a poco, borrando algunas. Ahora, y con más razón al no tener conexión, he continuado con ese proceso de manera más seguida. En SigT ya se habló sobre este tema, dando algunos consejos sobre como evitar lo que allí leí denominado como “infoxicación”. Aunque son útiles, yo voy a exponer los criterios que sigo (muchos de ellos inconscientemente) para borrarme de un blog. Estoy eliminando aquellos blogs que:

  • Llevan más de un mes sin publicar una entrada. De pronto, quizás un día vuelvan y renazcan con fuerzas renovadas y material interesante. Si es así, espero enterarme. Por ahora, chao.

  • Los blogs “por si acaso”: aquellos que me ayudaron a cubrir una necesidad concreta de información pero que, por lo demás, no son de mi interés. Para eso, mejor Google.

  • Los blogs que sólo incluyen una imagen o un vídeo en sus entradas junto con una frase que dice “¿A que está gracioso?”. Aunque no me sirven de nada ahora que estoy sin conexión y leo los blogs “en diferido”, antes tampoco lo hacían. Creo que debía ver un 1% de los vídeos. Hacerlo de vez en cuando, e incluso alternando con contenido escrito, está bien. Como costumbre, no me gusta.

  • Los blogs que no incluyen las entradas completas en sus feeds, sino que aparecen esos horribles puntos suspensivos a mitad de párrafo o al final de párrafo resumen. Sin conexión, no puedo leerlos. Antes, leía tan solo un 1%, y me consta que algunos eran interesante pero me echaba para atrás tener que recurrir al navegador. Por cierto, que como estrategia para que visiten tu blog y sacar dinero de los anuncios, no me gusta. Por otros motivos, para gustos están los colores.

  • Los blogs de noticias breves sin ningún valor añadido como una opinión o una información más amplia.

  • Aquellos que sólo muestran los titulares en el feed. Me han hecho caer en más de una noticia que no me interesaba por equivocación.

  • Blogs “eco”: repiten, repiten, repiten... las noticias de otros. Son también conocidos como blogs “vía”.

  • A los que me suscribí por curiosidad, para ver su evolución, pero cuyo contenido he visto que no me satisface. Están ahí, acumulando polvo sin ser leídos. Al igual que todo aquel que tuvo su entrada adecuada y oportuna en su momento y luego no ha vuelto a lucirse o a esforzarse.

  • Blogs que, por una razón u otra, están ahí y que, aunque no me termino de animar a borrar, tampoco leo. Ya es hora de limpiar la casa.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Otro sobre el éxito

El orden de lectura de los blogs de mi lista de feeds va de aquellos que tienen las entradas más breves a aquellos que las tienen más largas o con más condumio. De esta manera, es frecuente que blogs que me parecen muy interesantes vaya leyendo cuando han acumulado una cierta cantidad de entradas escandalosa.

Uno de estos blogs es el de Eduard Punset, que aunque no se actualiza todos los días, mantiene una regularidad espaciada y da margen para acumular sin que el feed se derrumbe por su peso. En este caso, recomiendo leer su artículo acerca de como se alcanza el éxito, complemento ideal de lo dicho por Rafael Marín en el otro que cite anteriormente.

La mejor reflexión sobre Paul Potts que he leído

Por si alguien no ubica el nombre, es el del ganador del concurso inglés a lo “Operación Triunfo” y que circuló hace unos meses profusamente por toda la blogosfera. Al respecto, no tiene desperdicio el artículo que publicó Rafael Marín el lunes en su columna de “La voz de Cádiz”. Cien por cien de acuerdo con él. Destaco lo siguiente:

<<(...) De la nada a la gloria, nos quieren vender. Una nueva Cenicienta. Existe la posibilidad de vivir del sueño. Sin embargo, uno explora un poquito más la vida de este hombre de voz angelical y portentosa y llega a una conclusión diferente: el sueño lo ha conseguido porque se ha esforzado en perseguirlo durante años. (...)>>

El problema es que muchos sueñan con ser Cenicienta y punto. Y Cenicienta, por si no se han enterado, es un cuento.

GreatNews, un más que correcto lector de feeds portátil

Hasta el momento, no he hablado de lector de feeds que estoy empleando durante esta época de desconexión. Si antes empleaba el Omea Reader y le encontraba muy cuco, ahora estoy utilizando un programa portátil llamado GreatNews.

No es nada del otro mundo: permite importar y exportar archivos opml (el formato de las listas de feeds), tiene algunos estilos de vista y algunas herramientas más que aún no he utilizado. Pero sirve para lo que quería: conectarme en un cibercafé, actualizar los feeds mientras reviso el correo, subo los posts o bajo algún podcast, e irme pa’ casa. Ya en la tranquilidad del hogar, a leer mis blogs favoritos. Claro, que no tienen imágenes, pero como lo que a mí me importa más es el texto, pues no sufro tanto. Una vez leídas las entradas, éstas desaparecen, mas no se eliminan. Siguen ahí y puedes acceder fácilmente a ellas.

Es un programa pequeño que tiene disponibles tanto una versión instalable como una portátil en zip. El programa en sí no llega a los 2 MB, pero una vez que empiezas a actualizar, el tamaño del archivo donde acumula las entradas puede crecer considerablemente de acuerdo al número de suscripciones que tengas. Yo ya voy por los 14 MB, pero es que soy un exagerado y tengo que depurar mi lista de blogs que apenas leo.

En conclusión: que si tienes problemas de conexión como yo, o simplemente viajas mucho y quieres mantenerte al tanto de tus blogs favoritos de manera fácil y rápida, este programa es el idóneo para ello. De hecho, creo que cuando vuelva a estar conectado, le voy a convertir en mi lector “oficial”. Omea es muy bonito y funcional, pero consume una cantidad de memoria que me enlentece la máquina innecesariamente.

martes, 13 de noviembre de 2007

Que cada uno aporte lo que sepa

La gente está acostumbrada a ser público, a ser audiencia, a ser pasiva frente a los contenidos, en definitiva. Todos los medios de comunicación nos han acostumbrado a eso... hasta ahora. La aparición de los blogs, con sus sistemas de comentarios, empezaron a cambiarlo todo. Ahora, acceder a un contenido no significa que no puedas opinar sobre él verdaderamente en público, con la posibilidad de que cualquier persona pueda "oírte". Tu opinión puede ir ahora más allá de tu entorno físico, y ayudar a que otros se formen la suya propia. Sea acerca de filosofía o de la última moda que se ha puesto de ídem, tu opinión es importante, aunque sólo sea porque es la tuya y porque ahora puedes dejarla volar para que caiga en cualquier parte.

Sin embargo, todavía estamos acostumbrados a ejercer de meros espectadores. No nos atrevemos a ser participantes. A veces, nos exigimos mucho para opinar. No, los blogs están para opinar, aunque sea tímidamente y sin más argumentos que los pocos que tengamos en el bolsillo. Obviamente, hay que respetar unas mínimas reglas de educación y convivencia, y cuanto más podamos aportar a la discusión, mejor. Pero en ocasiones es suficiente con hacer saber que estamos allí, detrás de las estadísticas que pueden darle al blogger cualquiera de los muchos servicios que hay. Como decían los Héroes del Silencio: "Que cada uno aporte lo que sepa".

Si leemos o vemos algo que nos gusta o que nos molesta, ya no tenemos porque dejarlo encerrado entre las cuatro paredes de nuestra habitación. Podemos y debemos hacerlo salir al mundo. Los comentarios de un blog son un sitio para el debate. En muchas ocasiones, parece que simplemente no sabemos debatir, y se montan unos follones tremendos. Pero hasta eso, de una manera u otra, aporta.

Reconozco que no comento tanto como debería. Que en tanto blog que visito no dejo aunque sea un lacónico "me gustó esto" o "felicidades, muy bien". Si alguien se ha tomado el esfuerzo de escribir algo que nos ha gustado, por lo menos deberíamos tomarnos la molestia de dejar un par de palabras que reflejen el estado que nos ha causado. El problema no es que seamos desagradecidos, sino que no estamos todavía acostumbrados. Pero tenemos que afanarnos por cambiar estas costumbres, por dejar de ser un mero "público" al otro lado de la pantalla.

lunes, 12 de noviembre de 2007

“Hacer cosas para todo” frente a “tener todas las cosas hechas”

Lo que el famoso método GTD (Get the Things Done) propone básicamente es la anotación y jerarquización de las tareas pendientes de manera que nos resulte más fácil realizarlas sin tener que posponerlas. En mi lucha contra la procrastinación (de la que estoy muy bien, gracias por preguntar), probé diferentes programas (todos gratuitos) que ayudasen a plasmar en acciones lo que hasta el momento sólo eran intenciones. Nada. Lo único que me ha servido ha sido la clásica lista desordenada dentro del cuaderno que utilizo para los asuntos del colegio. A pesar de disponer de una Palm Z22, apuntar ciertas cosas en un soporte físico me sigue siendo más útil. Cosa de costumbre que nunca termino de cambiar.

Esto de las listas puede ser tan útil como agobiante. Si un día te pones a apuntar todo lo que tienes que hacer junto con todo lo que te gustaría hacer, es posible que termines con una lista tan larga que hagas todo lo posible por deshacerte de ella por medio de la táctica del olvido selectivo, y a veces incluso inconsciente. Pero veámosle el lado amable y productivo. Las listas son útiles porque con ellas tendrás más posibilidades de hacerlo todo sin que se te olvide nada.

Actualmente, tengo varios proyectos personales en la red a los que me gustaría mantener con vida. Sin embargo, veo que algunos están languideciendo mientras que otros prosperan (viéndolo todo desde el punto de vista personal de creación de material, que no de visitas). Otras ideas andan por detrás del telón, pero trato que se queden ahí hasta otros tiempos menos desordenados y más oportunos. El caso es que, de un tiempo a esta parte, estoy con la intención de encontrar algún método para revitalizar algunos de esos proyectos y que me resulte útil a mí, encontrándome también cómodo en él. Y se me ha ocurrido uno que espero funcione. No le voy a bautizar porque seguro que ya está inventado, aunque no lo conozca.

Se trata de hacer una lista de verificación (una “checklist”) con todos mis proyectos. En uno de sus lados, el nombre del proyecto y, en la parte superior, la fecha de cada día de la semana. Y el objetivo es que todos los días, todos los proyectos tengan una marca. Es decir, que todos los días haga algo relacionado con ellos.

Hay proyectos y proyectos, y cosas y cosas. El podcast, por ejemplo, no requiere que grabe algo todos los días, pero una de las actividades podría ser seleccionar alguna música para futuros episodios, o escribir el guión de una de las secciones (si estoy de humor). Autodidacta va a descansar un poquito, por lo menos hasta que recopile las nuevas páginas con algunos añadidos y lo suba, pero puedo ir haciendo pequeñas cosas referentes a esta recopilación. The Max aparece lunes, miércoles y viernes, pero si tengo adelantadas algunas entradas, puedo preparar otra promo de audio, algún dibujo para subirlo o simplemente detalles de mantenimiento (que ocupan su tiempo, la verdad, y a veces son muy engorrosos). Y así con todos mis proyectos y labores, que no tengo que descuidar algunas ideas que preparo para el colegio y de las que hablaré en su momento.

Habrá días en los que tendré urgencias y otros más tranquilos en los que no haré mucho, pero tal vez con este método consiga que todo avance de manera más o menos similar. Y, al mismo tiempo, a lo mejor me encuentro cómodo, sin tener la sensación de que hay muchas cosas por hacer o de que estoy descuidando otras, que al fin y al cabo es lo más importante.

Las descripciones de los personajes

Si hay algo que odio al leer una narración escrita (del tipo que sea) son las descripciones descolocadas. Me explico: digamos que en la página uno aparece un personaje. La historia comienza a desarrollarse en torno a él. Nosotros, como lectores, nos lo imaginamos con este u otro aspecto. Le colocamos una cara, por muy indefinida que sea, y le ponemos una ropa. No llegamos a detalles como el color de los ojos, pero por lo menos en mi caso sí al color del pelo. Según como vea el mundo cada uno, imagino que tenderá hacia un estereotipo propio u otro. Pero ahí no está el problema. Está en cuando al autor le da por describirnos al personaje en la página 6 o en la 10. Lo siento, pero odio eso. Lo ODIO (sí, sí, lo digo gritando).

Hace poco me pasó con el ya citado “Hijos de Anasi”, de Neil Gaiman. A pesar de lo que dice el título, no se me ocurrió relacionarlo con uno de los personajes de “American Gods” que tiene ese nombre. Simplemente, no me acordé. La historia comienza con el tal Anansi, pero no se habla de su raza. Lo mismo ocurre con su hijo, en la página dos. De ambos se habla profusamente. Debido al etnocentrismo que todos profesamos (lógico, por otra parte), a los dos me los imaginé blancos (caucásicos, dirían en los USA). Pues no. No lo eran. Eran negros. Y lo peor, esa negritud es importante porque su origen es importante en la historia. No son negros por un ánimo políticamente correcto del autor, sino por otra razón (no lo digo para no espoilear). El caso es que durante toda la historia no hubo manera de teñirlos: blancos me los imaginé al principio, blancos se quedaron.

Creo que un autor debe describir mínimamente a sus personajes al principio de la historia. Al menos en lo referente a esos aspectos que entran rápidamente por los ojos. Por decirlo así, que se ven de lejos. Y más si luego va a usar esos detalles en algún momento o si van a tener importancia en la historia.

De acuerdo. Ya tuve mi pataleta. Ahora voy con lo mío.

Este aspecto al que le doy tanta importancia no lo he cubierto muy bien que digamos. Para empezar, metí la para con Max. De todas formas, es un problema que he solucionado creo que ingeniosamente. Ya veréis a que me refiero en la entrada del miércoles (la #4). Un problema menor creo que ha habido con Jorge Ochoa. Tampoco es que el personaje necesite de muchos detalles, pero a lo mejor no ha quedado claro que es un hombre maduro (rondando los cincuenta). En cuanto a Patricia, que volverá a salir aunque sea sólo por mención, no me preocupa a menos que ponga en práctica una idea que se me ocurrió hace tiempo. Por el momento, ahí queda.

En cuanto a los personajes que aparecen en la entrada #3, creo que lo que se dice es suficiente. La descripción de DK es muy corta y creo que conseguí integrarla en la narración. Natalia (que en un principio tenía el Claremontniano nombre de “Necra”, ya se verá por qué) está correcta y minimalistamente descrita. Y sobre el Gitano, con un sobrenombre como tal, creo que no hacía falta ninguna descripción. A lo sumo, no hubiera estado mal añadir una sobre la ropa que usa para evitar el estereotipo “lolailo” que puede sugerirle a algunos “payos”, pero creo que no hacía falta.

El problema con el que me encontraba aquí es que se trataba de una escena de acción. Pararme a describir significaba enlentecerla, y quise hacerlo lo menos posible. Esto nos lleva a una pequeña lección: introduce a tus personajes en situaciones en las que puedas introducir las descripciones que necesitan sin entorpecer la narración. A ver si se me mete en la cabeza.

Los “disclaimers”

Disclaimer”, según el diccionario de inglés que tengo más a mano, significa “Negación, rechazo (en forma de declaración)”. Obviamente, viene de “disclaim”: “rechazar, repudiar, desaprobar (responsabilidades, planes, informaciones, etc.).

Estaba intentando escribir el “disclaimer” del webserial y traté de encontrar alguno para tomarlo como referencia (ya, sí: copiarlo prácticamente íntegro). Fui a mi biblioteca y saqué libros al azar. Que sorpresa cuando me encontré con que en todos los que sacaba no venía nada ni remotamente parecido. Lo más parecido que he encontrado ha sido la “Advertencia a los viajeros” incluida al principio de “American Gods”, de Neil Gaiman: una advertencia informal pero que, sin duda, ha de tener validez legal. Porque el “disclaimer” está ahí por motivos legales, sin duda. “Los hijos de Anansi”, del mismo autor, no tiene nada parecido.

Esto me lleva a deducir que los “disclaimer” o advertencia son patrimonio de los Estados Unidos. No me extraña, la verdad, con esa costumbre que tienen ellos de ir a los tribunales por cualquier cosa. En alguna parte leía (perdón por no acordarme) que la razón de que los manuales norteamericanos sean tan extremadamente detallados es porque, en caso de error a la hora de manipular un artefacto, le pueden acusar a la empresa fabricante de que no explicó bien como se debía llevar a cabo dicha manipulación. De ahí que en obras de ficción nos encontremos con el susodicho “disclaimer”, sobre todo en películas: no importa que temática sea, hay que advertir al espectador (o lector) de que lo que ve o lee no es real. Como digo, esto es una deducción propia. No tengo la certeza de que sea así (¡toma “disclaimer”!).

Por suerte, creo que los que compartimos como idioma materno el español no tenemos esa costumbre tan aberrante (la cual da para mucho de que hablar, por cierto). Supongo que el derecho continental (modelo bajo el que estamos Europa y Latinoamérica) debe de basarse en unos principios diferentes a los del anglosajon, entre ellos el de no considerar estúpida a la gente.

Por lo tanto, y dado que Tabu Studio lleva como subtítulo la palabra “webserials” y ya tengo por fín la definición de webserials que voy a incluir en la columna derecha, asumiré que si a alguien le ha dado por considerar real lo que cuento, habrá sido por no fijarse bien en lo que aparece por ahí, bien clarito. Por lo tanto, no voy a incluir lo de “Los hechos y personajes que aparecen en esta obra son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Porque así es.

La entrada #3, la brevedad y los resúmenes

Cada vez me preocupa menos la extensión y más lo que diga en ella. Y creo que es apreciable tanto en este blog como en el webserial, pero ahora me estoy refiriendo a este último. La entrada de este lunes tiene 1829 palabras.

Como dije en la entrada acerca del webserial que puse el viernes, cada vez me es más patente que la extensión no ha de condicionar la narración, sino ser una consecuencia de esta. La cultura de la brevedad que se ha extendido entre los blogs no es aplicable a un webserial. Punto y final.

Y es que los textos publicados en un blog no tienen que ser breves por fuerza. Debes ser breve sólo si no tienes más que decir que lo que ya dices. Condicionar tu discurso a una extensión simplemente por el peso de la “economía de la atención” me está pareciendo un poco absurdo. Como en todo, hay que encontrar un equilibrio. Tal vez una de las mejores formas de hacerlo sea, cuando queremos publicar un artículo un tanto extenso, fragmentarlo en unidades lo más autónomas posibles. Pero nunca hacerlo en base al número de palabras, sino que esas unidades deben cubrir un aspecto concreto en el que queremos profundizar, incluyendo un párrafo en el que se resuma lo que se ha tratado anteriomente (y con sus respectivos enlaces, claro). Y, a ser posible, añadir otra entrada resumen al final. De esta manera, cubrimos a los usuarios que llegan al principio, a la mitad y justo al final.

Al escribir esto, me he dado cuenta de que los párrafos resumen deberían ser también parte de cada entrega del webserial. Algo así como “En el episodio anterior de ’Heroes’...”, sólo que con algo más que la entrada anterior, por lo menos por ahora. Cuando haya una considerable cantidad de entradas, tendrá que tratarse únicamente de los acontecimientos más relevantes para la entrada actual.

A pesar de que si tuviese conexión, la entrada #3 ya estaría “en el aire”, voy a incluir en este momento un resumen, para ir cogiéndole el truco. Tengo alguna cosa más que decir sobre esta entrada, pero para ser coherente con lo que dije más arriba, lo dejo para un poquito más adelante. Sólo añadir que esta vez ya hay acción y se presentan tres nuevos personajes, uno de ellos principal.

ACTUALIZACIÓN (siempre quise decirlo): Queda añadido el resumen. 73 palabras. Lejos de los 140 caracteres “twitterianos”: 420. Sin embargo, me satisface. Creo que no podría usar Twitter como medio de promoción.

Diseñar sin ser diseñador

Siempre he tenido problemas con el diseño. No me considero preparado para el mismo, pero en ocasiones me ha tocado lidiar con él, sea para proyectos personales, sea porque el hecho de que te desenvuelvas adecuadamente con un programa como Photoshop o GIMP hace que los no iniciados piensen que eres capaz de diseñar. En este último caso, cuando les pides a esas personas que te den un boceto hecho a mano de lo que quieren y qué tipo de imágenes quieren que utilices, te miran con cara rara.

Revisando feeds que no había leído hace tiempo a pesar de continuar suscrito, llego a estos cinco principios del buen diseño, que me han dado un poco en que pensar. Al hacerlo, me he dado cuenta de que una de mis incapacidades para afrontar cualquier diseño que sea requerido en algún momento es debido a que enfrentaba el asunto desde el ángulo equivocado.

En muchas ocasiones, pensamos que el diseño significa que “se vea bonito”, que sea visualmente atractivo, y el diseño no es solamente eso. Hay más elementos que tomar en consideración que el de la estética, y este no es, además, el más importante. Sin embargo, los extraños a esta disciplina muchas veces pensamos que es así. Y anda que no metemos la pata.

Como podemos ver en el artículo (traducción de uno en inglés), el diseño trata sobre usabilidad y utilidad, y por último de la estética. Pero casi siempre empezamos por el final porque las cosas entran por los ojos. Ahora que estoy trabajando con mis alumnos en Wordpress (con los tres cursos del bachillerato), me doy cuenta de que es así. Intentando elegir la plantilla de su blog, siempre eligen aquellas con la imagen más grande, o aquella con más elementos, o la más aparatosa... . Están aprendiendo y resulta lógico. Ahí está mi trabajo: indicarles que la plantilla es inadecuada y, sobre todo, por qué lo es.

Creo que el buen diseñador es el que hace que algo usable y útil sea también atractivo, no el que consigue que algo atractivo sea también usable y útil. El orden de los elementos sí altera el producto, como bien demuestra el juego de palabras del negro, el encaje y el metro. Si algunos de los que se llaman diseñadores (y que sólo siguieron un curso de Flash y de Photoshop) tuviesen eso en cuenta, nos ahorraríamos unas cuantas “experiencias” visuales realmente prescindibles.

Por mi parte, prefiero seguir utilizando plantillas a tratar de llenar de despropósitos archivos HTML. Hay que conocer las propias limitaciones.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La globalización de los datos

En cuanto alguien enarbola un dato de otro país para justificar una afirmación o una preocupación, inmediatamente la veo injustificada y no le paro bola. Hoy en día, los datos de estudios y encuestas varias son empleados de manera indiscriminada para sustentar cualquier opinión, así vengan de un lugar diferente al nuestro.

En el blog en el que aparece la columna de Rafael Reig en Público, leo la carta de una señora que utiliza datos de los jóvenes canadienses para alertar sobre los peligros de la tecnología entre los menores de edad. El temita ya se las trae (por manido y perdido entre las inopias varias), pero es que usar datos canadienses para argumentar cualquier cosa fuera de Canadá, no tiene sentido. Es como coger datos de un país del tercer mundo (o como se diga ahora) que muestren que la mayoría de la población no ha seguido estudios superiores y usarlos para alertar en España del abandono estudiantil.

No es la primera vez que leo algo similar. Y me preocupa más que lo haga alguien de la calle que un periodista o un político, pues al fin y al cabo a estos se les puede parar los pies a base de comentarios en blogs, artículos, cartas, etc. De hecho, no creo que ninguno de los dos se atreviera a hacer ese tipo de afirmaciones basándose en datos extranjeros. Pero hay mucha gente de a pie que sí lo hace, y eso sí es de temer. Que se repitan memes en los media tiene su importancia, pero quizá no tanta como aquellos que viajan de boca en boca. A los primeros se les puede desmentir e incluso argumentar que están “mediatizados” (valga la redundancia) por intereses propios. Pero los segundos tienen el poder de la credibilidad que le damos a los nodos más cercanos de nuestra red. Y si estos memes, como el del “peligro de la tecnología”, se apoyan en datos que no corresponden a nuestra realidad pero se utilizan para legitimarlos, estamos ante grave problema.

Menos samba y más trabalhar

Tener conexión a Internet en casa ha hecho que mis hábitos en la red cambien de un tiempo a esta parte. Lo he notado especialmente ahora, que no la tengo, aunque venía sospechándolo de antes. El regreso a los cibercafés me ha mostrado que para mí hay un antes y un después en mi relación con la red.

Antes, navegaba en busca de una información concreta pero me dejaba llevar por enlaces y más enlaces. Pasaba una media de 3 horas cada vez que me pasaba por un cibercafé, y lo hacía de 2 a 3 veces por semana. Almacenaba webs para leer en casa, algunos blogs que me pareciesen interesantes, y sobre todo programas gratuitos de los cuales me han sido verdaderamente útiles un 1%.

Ahora, voy todos los días. Lo primero, subir las entradas que he escrito en casa a cada blog, al tiempo que uso mi lector de feeds portátil, GreatNews, para actualizar todas mis suscripciones. Mientras, también tengo una pestaña abierta para revisar mi correo y responder lo que sea pertinente. Una vez actualizadas las suscripciones, reviso primero a ver si hay algún podcast nuevo para descargarlo. De ahí, a casita.

Salvando mi afición a leer blogs (una lista de feeds extremadamente larga que aún no me termino de animar a filtrar), la mayor diferencia que noto es que ahora dedico más tiempo a subir material que ha bajarlo, y que esto me importa mucho más que antes. Siempre, lo que consumamos será mayor que lo que produzcamos (por lo menos en la red), pero creo que en mi caso la relación entre ambas cosas ha cambiado a favor de la producción. Y la importancia que le doy también (como he explicado en otras entradas).

Ahora tú: ¿ha cambiado tu relación con la web de un tiempo a esta parte? ¿Y cómo lo ha hecho?

Así me gustaría comprar online a mí

  • Entro en la librería online XYZ. Me gusta el libro ZYX. Cuesta $12 + gastos de envío. Decido comprarlo.

  • Me registro en XYZ. Incluyo mi dirección física. Me dan un número de usuario.

  • Compro una tarjeta prepago de $20. El móvil está a mi nombre. En la web, viene un número al que hay que enviar el mensaje. Envío un mensaje con mi número de usuario seguido del código del libro. Me mandan un mensaje de verificación, que verifico oportunamente.

  • 15 días después, recibo en mi casa el libro ZYX.

No sé si en otros países existirá ya un sistema así, pero aquí, en Ecuador, no. ¿Es tan difícil? Asumiré que no existe en ninguna parte. ¿Por qué? Hay la tecnología, ¿o no? Quien dice libros, dice cualquier otra cosa. Si se puede te envían, por SMS y previo SMS, la contraseña para descargarte un programa, ¿por que no implementar la posibilidad de comprar de la misma manera?

No se trata de preguntas retóricas. Si alguien tiene las respuestas, favor dejarlas en los comentarios.

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